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Dinamarca deroga delito de blasfemia

Para contrastar un poco las malas noticias de esta semana, la buena noticia es que Dinamarca derogó el delito de blasfemia — 200 años tarde, aunque más vale tarde que nunca:

La decisión fue adoptada por todos los partidos del Parlamento monocameral, a excepción de los socialdemócratas.

“La religión no debe dictar lo que está permitido y lo que está prohibido decir públicamente“, declaró Bruno Jerup, el diputado opositor que propuso la abolición del delito de blasfemia, al diario Jyllands-Posten.

El artículo 140 del código penal danés castigaba la blasfemia con condenas de hasta cuatro meses de prisión, pero los tribunales no solían recurrir a esa norma.

En cerca de 80 años, la justicia del país escandinavo sólo impuso cuatro condenas por blasfemia, la última vez en febrero.

Un danés que había quemado el Corán en un vídeo publicado en Facebook iba a ser juzgado próximamente, pero su juicio no tendrá lugar debido a la supresión de ese delito, anunció la fiscalía.

Hay un par de cosas que vale la pena comentar. Lo primero, es que la excusa del partido socialdemócrata danés para oponerse a la abolición de esta forma de censura da pena ajena. Según la portavoz del partido, una tal Karen Klint, el artículo proporcionaba “una protección para el tono en los debates sobre la religión“. Es como para echarse a llorar: no sólo por la creencia absurda de que el Estado debe regular el tono (?), sino porque históricamente estas leyes han sido usadas y abusadas sistemáticamente para silenciar ideas incómodas, independientemente del tono — y eso queda a discreción de un juez, que no necesariamente va a considerar el criterio del tono, porque su trabajo es interpretar la ley, y el artículo no decía absolutamente nada sobre el tono.

Vamos, que el argumento es un chorrado de babas.

Por último, pero no menos importante, es reiterar que la religión sólo es una opinión, y es tremendamente absurdo proteger las opiniones de las personas, porque una sociedad progresa, entre otras, cuando las opiniones de las personas son desafiadas. Y si no existe el delito de ofender la opinión de que las hadas amarillas existen, ¿por qué iba a existir el delito de ofender la opinión de que hace 2.000 años hubo un zombie judío, o la de que un genocida pederasta se montó en un trineo halado por caballos voladores hace 700 años?

Castigar la “blasfemia” es darle una protección estatal a las ideas religiosas que no se le concede a ningún otro tipo de idea; esencialmente, privilegio religioso. Y la cuestión es esa: las ideas —sean religiosas o no— carecen de derechos. Los derechos son para las personas.

¡Kudos para Dinamarca!

(imagen: Wikipedia)

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Publicado en De Avanzada por David Osorio

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