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Mandalas contra la educación

‘Volver a la Escuela’, el programa de educación pública de Bogotá para reintegrar estudiantes en extra edad al sistema educativo, ha desarrollado Mandalas y armonía, un perverso proyecto en el que adoctrinan a los alumnos en supersticiones orientales:

Valeria nunca había escuchado la palabra mandala. Su significado lo descubrió el día en que estos particulares dibujos, empleados como terapia alternativa para encontrar la paz interior en las antiguas civilizaciones, se volvieron comunes en los salones de clase del colegio Carlos Arango Vélez, de la localidad de Kennedy.

Con curiosidad, se acercó a estas imágenes plasmadas en el papel y descubrió un poco de su historia, según la cual, son círculos sagrados cuya simbología y mística se asocia a la armonía, la sanación y la purificación de las personas y los espacios.

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Luego, además, investigó en internet el significado de los colores y su relación con la personalidad de cada persona. “Es como si el mandala supiera qué estás sintiendo y cómo transformar los sentimientos negativos a positivos. Toma su tiempo, pero si lo haces con corazón y amor, te ayuda a encontrar tu propósito”, resalta Valeria.

Desde entonces, está convencida de los efectos que esta práctica tiene en ella y en cada uno de sus compañeros. “Esto nos ha servido para liberar las emociones, transformando la convivencia entre los estudiantes, que estamos ‘encarretados’ aprendiendo y con cada taller nos volvemos más unidos”, cuenta la joven.

Nada de esto es alternativo — es la misma manifestación de emociones mediante la expresión artística de toda la vida, sólo que disfrazada con frases de cajón Nueva Era y clichés buenrollistas.

El problema es que se abusa de los muchachos y, en vez de ofrecerles herramientas intelectuales y cognitivas para poder desempeñarse en el mundo, se aprovechan de su vulnerabilidad para promover creencias místicas e irracionales, promulgando el pensamiento mágico en mentes aún en formación — básicamente todo lo contrario a la educación.

Como guinda del pastel, este asalto a la buena fe de niños que realmente necesitan ayuda es pagado por los contribuyentes. Porque ¿para qué invertir en psicólogos y profesores de artes, si se puede adiestrar a los niños en pensamiento mágico, razonamiento motivado y sesgo de confirmación?

(vía Andrés Sánchez)

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Publicado en De Avanzada por David Osorio

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