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Ateos y creyentes tienen brújulas morales diferentes

Un estudio publicado recientemente en PLOS One encontró que, en promedio, los ateos tienen una brújula moral calibrada de manera ligeramente diferente a la de los creyentes:

Existe un estereotipo transcultural muy extendido que sugiere que los ateos no son de fiar y carecen de brújula moral. ¿Hay algo de cierto en esta idea? Partiendo de la teoría sobre los antecedentes culturales, (des)motivacionales y cognitivos de la incredulidad, el presente estudio investigó si existen similitudes y diferencias fiables entre creyentes y no creyentes en cuanto a los valores y principios morales que respaldan. Cuatro estudios examinaron cómo la incredulidad religiosa (frente a la creencia) se relaciona con la aprobación de varios valores y principios morales en un país predominantemente religioso (frente a uno irreligioso) (Estados Unidos frente a Suecia). Dos estudios M-Turk de EEUU (Estudios 1A y 1B, N = 429) y dos grandes estudios transnacionales (Estudios 2-3, N = 4.193), muestran sistemáticamente que los incrédulos (frente a los creyentes) están menos inclinados a respaldar los valores morales que sirven a la cohesión del grupo (los fundamentos morales vinculantes). Por el contrario, sólo se encontraron diferencias menores entre creyentes y no creyentes en la aprobación de otros valores morales (fundamentos morales individualizadores, racionalidad epistémica). También se demuestra que los presuntos antecedentes culturales y desmotivadores de la incredulidad (exposición limitada a manifestaciones que aumentan la credibilidad, baja amenaza existencial) están asociados a la incredulidad. Además, estos factores se asocian con una menor aprobación de los fundamentos morales vinculantes en ambos países (Estudio 2). La mayoría de estos resultados se repitieron en el Estudio 3, y los resultados también muestran que los incrédulos (frente a los creyentes) tienen una visión más consecuencialista de la moral en ambos países. Una visión consecuencialista de la moral también se asoció con otro presunto antecedente de la incredulidad: el estilo cognitivo analítico.

En resumen, tanto ateos como creyentes valoraron muy positivamente la equidad y la protección de personas vulnerables. Según el autor principal del estudio, Tomas Ståhl, las diferencias entre la brújula moral de los ateos y los creyentes radican en tres valores principalmente: el respeto a a las figuras de autoridad, como la policía, los padres y los profesores; la lealtad al grupo —como por ejemplo a un país—; y la santidad (no hacer nada que se perciba como degradante, normalmente en un sentido sexual, como ser promiscuo). Estos hallazgos son consistentes con la hipótesis de la religiosidad como estrategia reproductiva.

El estudio dirigido por Ståhl también encontró que los ateos tendemos a tener una postura moral más consecuencialista, o sea que la moralidad de una acción tiende a ser juzgada más fuertemente por sus resultados. Por ejemplo, en el problema del tren, los ateos tenderían a preferir cambiar el curso del tren para que sólo muera una persona en vez de cinco.

Aunque es de perogrullo, Ståhl tuvo que agregar que “el mensaje más general que se desprende de estos estudios es que las personas que no creen en Dios sí tienen una brújula moral“.

Vaya, vaya, es casi como si tener amigos imaginarios no hiciera a nadie mejor persona, o algo.

(vía r/science | imagen: Unsplash)

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Publicado en De Avanzada por David Osorio | Apóyanos en Patreon

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