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Señor, hay rastros de glifosato en su bebida cancerígena

A finales de febrero, U.S. PIRG —una organización que dice hacer activismo por los consumidores— publicó un informe en el que afirmaba haber encontrado rastros de glifosato en vinos y cervezas. Los brazos de propaganda anti-glifosato, en ocasiones disfrazados de periodismo científico o de salud, se apresuraron a reproducir las partes más explosivas del informe, que confirmaban su postura ideológica, y aprovecharon para volver a condenar su odiado glifosato, sin detenerse a analizar siquiera por dos segundos. De lo contrario, no habría habido necesidad de escribir este post, pero pues aquí estamos.

Todo el asunto es absurdamente irónico: el principal argumento de estas piezas que saturaron Internet y estaban a la orden del día para compartir en redes sociales giraba entorno a la supuesta relación entre cáncer y glifosato, pero resulta que la mejor evidencia disponible apunta a que el glifosato no causa cáncer. Que el propio informe del U.S. PIRG dijera, además, que la cantidad de glifosato que se había rastreado era ínfima no dio ni para una nota al pie de página. Aunque si de ignorar hechos incómodos se trata, el premio se lo tienen que repartir a partes iguales entre todos los que se apresuraron a publicar sobre estos resultados, y que se dejaron por fuera que el licor es cancerígeno por sí mismo — incluso consumir una sola gota aumenta el riesgo de desarrollar cáncer.

Recapitulando: de la mezcla de licor con una cantidad irrisoria de partículas de glifosato, la prensa traficó miedo por la sustancia no-cancerígena de toda la ecuación, e ignoraron el verdadero agente cancerígeno. ¿Pero a quién le importan la verdad o el contexto teniendo una cruzada ideológica que ganar?

Para más inri, hay otro detallito con el informe del U.S. PIRG: la organización no divulgó sus métodos o datos en bruto. Básicamente dijeron que habían encontrado unas cantidades despreciables de glifosato en dos grupos de bebidas cancerígenas, no hay manera de reproducir sus resultados o confirmarlos de manera independiente; y tampoco sabemos si en el desarrollo de su informe el U.S. PIRG puso medidas de control para evitar sesgos. Vamos, que este informe tiene de “estudio científico” lo que Donald Trump tiene de simpatía por los mexicanos.

Es triste que todavía haya gente que cree que la conclusión de todo esto es que hay que tenerle miedo al glifosato.

Sin embargo, lo que más me llama la atención a mí es el sentido de la oportunidad y el afán selectivo del sector salud por traficar con el miedo a desarrollar cáncer. No pocos ‘periodistas’ de salud escriben con alguna frecuencia publirreportajes sobre los supuestos beneficios para la salud de tomarse una copa al día y notas similares — una traición al oficio y un imperdonable engaño al público en toda regla. Y muchos de los eventos sociales de las entidades estatales de salud (Ministerios, Secretarías, oficina, etc) y de las empresas prestadoras de salud se llevan a cabo entre discursos separados por brindis y celebraciones con licor.

Y aunque a algunos ‘periodistas’ no les quepa en la cabeza, lo cierto es que hay una apabullante cantidad padres que deliberadamente le dan a probar a sus hijos menores de edad productos decididamente cancerígenos como licor y cigarrillos. Para no ir muy lejos, en esa de por sí aberrante tradición de llevar a los niños a los rituales religiosos, en las comunidades católicas es común que personas que todavía están en formación física y psicológica reciban la eucaristía, que incluye, cómo no, el consumo de vino. Que la prensa no arme alboroto sobre esto no cambia los hechos.

¿Pero estos individuos hinchan el pecho y se rasgan las vestiduras porque los ciudadanos entran en contacto con una cantidad minúscula de una sustancia que ni siquiera es cancerígena cada vez que levantan sus copas? ¡Es que flipo en colores! Si el riesgo a desarrollar cáncer estuviera entre su lista de verdaderas preocupaciones no usarían el prestigio de sus entidades para aprobar como conducta inocua el consumo de alcohol, y veríamos una letanía de artículos advirtiendo a los lectores sobre los daños que produce el consumo de licor. Que estos artículos no existan, pero sí los haya sobre los supuestos (y con frecuencia falsos) riesgos del glifosato, revela dónde están sus prioridades… y no es precisamente del lado de los consumidores.

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Publicado en De Avanzada por David Osorio

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