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Pie Grande no existe, aunque ya tiene nombre científico válido

Muchos lo llaman Pie Grande, Bigfoot o Sasquatch. A partir de ahora, muy probablemente, quienes creen en su existencie empiecen a usar su nombre científico: Kryptopithecus gimlinpattersonorum, que acaba de ser registrado. Y no me extrañaría si empiezan a usar el nombre para intentar darle legitimidad a la creencia de que Pie Grande existe.

¿Cómo llegamos a esto? Primero, un poco de contexto necesario para entender lo que acaba de ocurrir.

Loophole taxonómico

La Comisión Internacional de Nomenclatura Zoológica (ICZN, sigla en inglés) tiene un Código con las reglas que hay que seguir para nombrar nuevas especies animales — rápido y mal, las reglas son que el nuevo nombre debe publicarse en un formato permanente que esté a disposición de los demás, en el contexto del sistema binomial, y establecerse con un espécimen de referencia. Entre las reglas, también se encuentra el Principio de Prioridad: una nueva especie recibe el primer nombre que le hayan puesto; los nombres completos de las especies incluyen además a su autor y la fecha (por ejemplo, Homo sapiens Lineo, 1758).

Este atroz ejemplo de un incentivo negativo no es lo único que está mal con el Código — la ICZN maneja unos estándares tan laxos que muchos de los conceptos fundamentales normalmente asociados con la publicación científica brillan por su ausencia; no hay revisión por pares y ni siquiera algún nivel de experticia académica requerido. Previsiblemente, esto ha llevado a un vandalismo taxonómico con el que personajes inescrupulosos explotan las reglas de la ICZN para nombrar ‘nuevas’ especies en su propio honor (o el de sus mascotas) a cascoporro, y alcanzar la inmortalidad taxonómica. Y, como sucede a menudo, cuando no hay nuevas especies legítimas que nombrar, no tienen problema en recurrir a prácticas de cuestionable calidad ética como dividir arbitraria y subjetivamente entidades que ya eran monofiléticas, o explotar casos individuales dudosos que habrían requerido análisis estadísticos de cientos de especímenes o estudios filogenéticos moleculares, y otras confusiones que pueden deberse a toda una serie de factores que van desde la variación intrapoblacional y el dimorfismo sexual hasta la morfogénesis.

Al principio, suena tremendamente cómico que alguien cometa la travesura de nombrar una no-tan-nueva especie en honor a su gato, pero realmente es trágico y peligroso; esta práctica no sólo socava la más elemental integridad científica, sino que, además, compromete los esfuerzos de conservación y dificulta el trabajo de los profesionales de la salud cuando necesitan contrarrestar veneno y carecen de una nomenclatura precisa. Los herpetólogos australianos llevan años luchando contra los charlatanes de esa calaña; el más conocido es Raymond Hoser, quien, usando estas prácticas académicamente deshonestas de manera sistemática, nombró el 76% de todos los (no-tan) nuevos géneros y subgéneros de todo el mundo entre 2000 y septiembre de 2012. La Sociedad Brasileña de Herpetólogos adoptó el arreglo taxonómico de serpientes cascabel de Hoser, con repercusiones en toda la literatura brasileña.

El punto es que un desocupado con demasiado tiempo libre y más ego que Donald Trump puede dedicarse a nombrar ‘especies’ que no existen o cuya existencia depende de una lectura conveniente de la nomenclatura, o de casos no resueltos. Y la ICZN no está interesada en poner la casa en orden y adoptar estándares científicos: según ellos, esto es responsabilidad de los grupos de investigadores (?).

Así que sólo era cuestión de tiempo para que otros charlatanes empezaran a explotar el loophole en las reglas de la ICZN. Y ahora ya hay una entrada válida para Pie Grande.

El nombre de Pie Grande

Entra en escena un tal Erich Hunter (antes Erich Tilgner), quien, a pesar de tener un doctorado en Entomología (el estudio de los insectos), dedica sus días a a la ‘sanación’ con péndulo y a enseñar esta práctica mediante libros y cursos en línea.

Ni corto ni perezoso, Hunter acaba de publicar “Kryptopithecus gimlinpattersoni, A New Species of Bipedal Primate (Primates: Hominidae) From Humboldt County, California USA” (editado a “gimlinpattersonorum”), con lo que cumple el requisito de la ICZN del formato permanente a disposición de los demás en el contexto del sistema binomial.

Para el “espécimen de referencia”, Hunter aprovechó que la ICZN permite nombrar nuevas especies a partir de fotografías, y usó el cuadro 352 del video de 1967 de Patterson y Gimlin (aunque el video está sujeto a derechos de autor, el cuadro 352 es de dominio público). Este es el video de Patterson-Gimlin:

Aunque no era necesario, Hunter registró el nombre en ZooBank. Vale aclarar que Hunter no es la primera persona en intentar darle un nombre científico legítimo a Pie Grande. Algunas de las sugerencias previas utilizaban una nomenclatura más científica o, por lo menos, intentaban clasificarlo dentro de géneros ya existentes; Melba Ketchum incluso se jugó su credibilidad tratando de armar el caso de la existencia de Pie Grande a partir análisis de ADN — valga decir, su compromiso con una conclusión predeterminada antes de mirar la evidencia resultó en un estrepitoso fracaso.

Lo que es sorprendente, sin embargo, es que estos intentos previos fueron rechazados por motivos como no seguir los criterios de descripción y tipo de espécimen, cosas que definitivamente no son ciencia de cohetes: las descripciones que Hunter proporcionó no superan las 700 palabras, dice cosas obvias que se pueden observar en el video de Patterson-Gimlin (y que en su mayoría bien podrían corresponder a un gorila), y citó textualmente varias frases del artículo de Munns y Meldrum — decir que ese artículo es motivado ideológicamente sería quedarme corto: además de co-escribir el artículo, Meldrum es el creador del ‘journal‘ en el cual se publicó, y ese journal‘ está dedicado exclusivamente a Pie Grande (!); de hecho, en su celo de que Pie Grande existe, Meldrum propuso un curso en la Universidad de Idaho con el mismo nombre de su ‘journal‘ —The Relict Hominoid Inquiry— para insertar a Pie Grande en el gran cuadro de la evolución (!!). Vamos, que se graduó con honores del curso creacionista de invasión de la academia. ¡Y esa es la máxima referencia de Hunter para legitimar el nombre científico de Pie Grande! Como dato anecdótico, Meldrum también había intentado legitimar a Pie Grande (con el nombre Anthropoidipes ameriborealis), sólo que lo hizo con una huella… y las huellas son considerados restos fósiles (y, además, no reciben el mismo nombre del animal), por lo que a la luz del Código de la ICZN es inválido.

Por ahora, parece que el nombre dado por Eric Hunter, Kryptopithecus gimlinpattersonorum, cumple formalmente con todos los requisitos, y será legítimo (o sea, si existiera, Pie Grande sería “Kryptopithecus gimlinpattersonorum Hunter, 2017″). Lo dicho: para ser gente que quiere colgarse de tecnicismos y valerse de la letra menuda para romper el espíritu científico de la nomenclatura y taxonomía zoológica, resulta increíble que sólo hasta ahora hayan conseguido colar un nombre legítimo para su criatura imaginaria favorita. ¿Alguien quiere apostar a que otros magufos —o los mismos— ya están corriendo a bautizar el chupacabras? (En 1975, el popular monstruo del lago Ness, cariñosamente conocido como Nessie, pasó por un apresurado proceso de bautizo, por la urgencia de que gozara de los beneficios de la ley de protección de la fauna silvestre — su nombre, que fue publicado en Nature, es Nessiteras rhombopteryx; así que por ese no habrá mucho afán ahora.)

A pesar de que cuenta con un nutrido número de testimonios y relatos, la evidencia para la existencia de Pie Grande no supera el nivel de anecdótica, y como bien señala Ben Radford, concluir que Pie Grande existe a partir de esta evidencia sería como concluir que siempre que vemos humo hay fuego. Y no: lo que se puede afirmar sin evidencia, se puede descartar sin evidencia… incluso si tiene un nombre científico reconocido por la ICZN.

(vía Doubtful News)

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Publicado en De Avanzada por David Osorio

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