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Marcha por la Ciencia defiende a Daesh como “personas marginadas”

Apenas nació la idea de una marcha por la ciencia, me pareció emocionante pues, salvo el movimiento escéptico, no sé de ninguna otra iniciativa ciudadana que busque defender la ciencia, esa única y maravillosa herramienta que nos permite conocer la realidad objetiva y mejorar nuestra experiencia en el mundo conforme ese conocimiento.

A medida que pasaban los días, fue claro que la “Marcha por la Ciencia” realmente era un nido de posmodernismo y anticiencia cuya única relación con la ciencia es que admite la existencia del cambio climático y su componente antropogénico — lo que siempre resulta curioso, viniendo de gente que insiste que la realidad objetiva no existe o que hay diferentes tipos de realidades.

Para mi sorpresa, la dizque Marcha por la Ciencia, ha tenido buena acogida en el mundo hispanohablante, y como la marcha se realizará este sábado, parece apropiado señalar los últimos disparates con los que han salido sus organizadores.

El más preocupante, para mí, fue su defensa del grupo terrorista Daesh. Hace una semana, Donald Trump lanzó la GBU-43 Massive Ordnance Air Blast —la “Madre de Todas las Bombas”— en Afganistán, dando de baja a más de 90 terroristas islámicos.

Un tuitero criticó el lanzamiento de la bomba, señalando que cuesta $300 millones de dólares, mientras que arreglar el sistema de acueducto de Flint (Michigan) sólo costaría 200. Entonces, la cuenta oficial de la Marcha por la Ciencia respondió, sumándose a la crítica:

La GBU-43 Massive Ordnance Air Blast es 1 ejemplo de cómo la ciencia es convertida en un arma contra personas marginadas. #MOAB

https://en.wikipedia.org/wiki/GBU-43/B_…

El tweet fue borrado minutos después.

Si esos son los defensores de la ciencia, ¿para qué enemigos? Creo que rompieron algún récord en número de razonamientos defectuosos por tweet, o algo. Primero, salgamos de lo político: decir que cualquier cosa que haga EEUU es horrible y minimizar o directamente tratar como personas inocentes, buenas buenitas a cualquiera que se cruce con EEUU es izquierda regresiva de parvulario. Y el hecho no es tanto que estén equivocados —que lo están— sino que la Marcha debería ser por la ciencia; independientemente de posturas políticas no directamente relacionadas con la misma.

Lo segundo, que es aún más atroz, es acusar a la ciencia de ser responsable del ataque. Eso es tan absurdo como culpar a la arquitectura por los edificios desde los cuales los terroristas islámicos lanzan homosexuales (o sospechosos de ser homosexuales), o a la metalurgia por las armas utilizadas por los nazis en la II Guerra Mundial.

Por esos mismos días, la comunicadora científica y columnista de Forbes Kavin Senapathy señalaba que la Marcha evidentemente tenía defectos, pero que aún así valía la pena apoyarla — ella señala el caso del portavoz de una organización que promueve el miedo y la ignorancia sobre los transgénicos, a quien se le retiró la invitación después de que se le avisara a los organizadores la agenda anticientífica de la organización que esa persona representaba. Según Senapathy, eso indica que la Marcha todavía vale la pena aún a pesar de sus defectos.

Supongo que va en las prioridades de cada quién. Senapathy es una de las defensoras de primera línea que tiene la ciencia en cuanto a modificación genética, así que es comprensible su postura.

Yo es que trazo la línea en la adopción irredenta del posmodernismo: los promotores de la tabla rasa y el feminismo de tercera ola han hecho imposible hablar honestamente —y mucho menos investigar— de temas sobre la naturaleza humana que son apremiantes. Han pretendido imponer una igualdad pegada con babas a punta de censura y matoneo, como bien pueden confirmar Tim Hunt y Matt Taylor.

Una Marcha que abraza esos antivalores (y la Marcha por la ‘Ciencia’ los abraza), ciertamente no está interesada en defender toda la ciencia, y ni siquiera la ciencia entendida como la herramienta para conocer la realidad objetiva. Les interesa defender sus creencias preconcebidas —que incluyen la idea de que existe el calentamiento global y que tiene un componente antropogénico— pero carecen de lo que, para mí, es más importante de toda la empresa científica: basarse única y exclusivamente en la evidencia y estar dispuestos a cambiar de opinión si la evidencia así lo sugiere.

A mí no me interesa prestar mi apoyo a quien prefiere la censura y el autoritarismo a los hechos incómodos. Como dije, está en las prioridades de cada uno. Habrá quienes consideren que la Marcha vale la pena aún con todos sus defectos; y eso está bien. Sólo espero que si la apoyan lo hagan con conocimiento de causa, sabiendo las posturas absurdas y patentemente anticientíficas que defienden sus organizadores. Por ejemplo, Lee Jussim, doctor en Psicología y blogger en Psychology Today marchará a sabiendas de la contaminación posmoderna de la marcha (y a pesar de ella).

Yo no creo que esta sea la mejor manera de defender la ciencia, y lo bonito de no imponer posturas, precisamente, es que cada quién puede decidir por sí mismo. Lo que a mí me interesa es que lo hagan de manera informada.

(vía Why Evolution Is True | imagen: Alex Proimos)

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Publicado en De Avanzada por David Osorio

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