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De la teocracia que se avecina en Colombia

Hace dos semanas advertí que, de no acoger el más estricto y absoluto laicismo, el cristianismo evangélico ganará la guerra contra los LGBTI y seguirá desmantelando las escasas y pequeñas conquistas sociales de derechos que se han hecho en el país, pretendiendo que todos nos sometamos a los designios de su amigo imaginario.

Ahora, en Las2Orillas, mi amigo Ferney Rodríguez explora un poco más el tema, y repite lo que decía yo entonces, que en Colombia se está gestando una teocracia (que, a decir verdad, siempre ha sido la vocación final de todas las religiones):

En el siglo XX cuando los evangélicos eran minoría reclamaban por ser discriminados por el Estado con la Constitución de 1886 que hacía de la Iglesia Católica la religión oficial. Ahora, que ya hay libertad de cultos y laicidad y que han crecido en número desean utilizar la misma democracia para acallar al anciano que quiera eutanasia, a la pareja de lesbianas que quieran adoptar, a la pareja gay que se quiere casar, a la chica trans que desea cambiar su género y nombre en la cédula, a la mujer violada que desea interrumpir su embarazo, a los colegios que deben garantizar el no matoneo por orientación sexual, las clases de evolución, las de educación sexual y favorecer con partidas presupuestales sus conciertos evangelísticos góspel.

El cristianismo empezó siendo minoritario hasta cuando en el emperador Teodosio lo hizo religión oficial del Imperio Romano en el año 380. Una vez alcanzaron la mayoría, empezaron a someter a los paganos y otras ramas cristianas no católicas por la fuerza para que adoptasen sus credos. Posteriormente, tras surgir la reforma protestante, se dieron sangrientas guerras de religión que llevaron ya, en el Siglo de las Luces, a gestar el concepto de separación Estado – Iglesias, conocido hoy como laicidad.

Los deseos de expansión, junto con la creencia de cada denominación de ser asumida como la poseedora de “la verdadera”, son característicos de cada religión. Y es justamente en este punto donde la neutralidad estatal entra a jugar un papel importante. Los credos de fe pasan a ser asuntos individuales y no del Estado. El Estado permite la profesión de todos los cultos pero no entra [a decir] si hay uno verdadero, no debe favorecer a alguno o a un grupo emparentado de ellos, económica o simbólicamente, ni mucho menos en convertirse en amplificador de sus doctrinas.

Por lo anterior, es que en un Estado social de derecho, pluralista en materia filosófica, social, étnica y política, no es posible que las iglesias repriman los derechos de una minoría, como lo está haciendo ahora mismo con la comunidad LGBTI.

En La puta de Babilonia, Fernando Vallejo decía que la Iglesia Católica es “la que reprime a las demás religiones donde manda y exige libertad de culto donde no manda“. Creo que esta característica se hace extensible a todas las religiones por igual, y el cristianismo evangélico no es la excepción.

El artículo de Ferney es muy bueno, porque además de explicar por n-ésima vez que Colombia sí es un Estado laico, ofrece ejemplos de otras partes del mundo, como Uganda y Rusia, donde el laicismo ha brillado por su ausencia, y los atroces resultados que esto ha traído.

Sin laicismo no hay paz, ni civilización, ni sociedad. Y en Colombia, somos pocos los interesados en defenderlo.

Contrario a la creencia popular, el laicismo no es un lujo de sociedades civilizadas, sino un artículo de primera necesidad.

(imagen: Las2Orillas)

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Publicado en De Avanzada por David Osorio

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