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El mensaje ateo de ‘Fiesta de salchichas’

Al escuchar el nombre, cualquier persona podría suponer que la película Fiesta de salchichas consiste de dos horas de chistes sobre penes — al parecer, la trama es un poco más profunda que eso.

Tracey Moody escribió una reseña donde sugiere que la película podría ser más interesante de lo que aparenta —al menos para el público ateo—:

La película comienza con un canto de alabanza a los dioses, al que se unen todos los elementos del supermercado. Todos los alimentos, en donde cada uno representa diversas partes del mundo, cantan juntos en armonía, adaptando las letras para que se adapten a sus respectivas deidades regionales. Está muy claro que tienen desacuerdos. La comida del sur de Estados Unidos, corea “Todo el mundo es jodidamente estúpido, excepto los que piensan como yo…”

La historia se centra en dos amantes, una salchicha llamada Frank (Seth Rogen), y su pareja, un pan de perro caliente llamada Brenda (Kristen Wiig). Frank y Brenda están dispuestos a consumar su relación, pero, por temor a la ira de Dios, deben abstenerse hasta que hayan sido seleccionados y llevados al Gran Más Allá — es decir, la tierra de la felicidad eterna que se encuentra fuera de las paredes de la tienda de comestibles.

Las referencias religiosas se encuentran dispersas en toda la película. Los alimentos que ya han pasado sus fechas de vencimiento son arrancados de los estantes y eliminados en un cubo de basura oscuro y profundo, y nunca llegan a ver el Gran Más Allá — mientras que los alimentos frescos son testigos de todo con simpatía, asegurándose a sí mismos que Dios obra de maneras misteriosas y que no se debe cuestionar su sabiduría.

En otra situación, un cliente devuelve la mostaza que compró porque no era el tipo correcto. Habiendo sido testigo de los horrores y la carnicería que existen en el Gran Más Allá, el tarro de mostaza se agita, advirtiendo agresivamente a sus colegas alimentos lo que les espera. Al igual que en la alegoría de Platón, asumen que está loco y lo ignoran sumariamente.

Cuando un choque desastroso lleva a algunos de los alimentos a escapar de sus envolturas, su propio viaje al Gran Más Allá se frustra y deben encontrar una manera de vivir y trabajar juntos. Reacios a “coexistir” en un primer momento, algunos de ellos que tienen desacuerdos religiosos optan por reunirse con sus compañeros de estantería — incluyendo una tajada de pan plano con barba oscura que tiene la ambición de llegar al Gran Más Allá para recoger sus 77 botellas de aceite de oliva extravirgen. (El estereotipo era pesado, pero al menos se extendió a través del tablero, y su burló de todas las nacionalidades.)

Las dudas del propio Frank comienzan a crecer después de su encuentro con el tarro de mostaza. Cada vez que trata de volver a la estantería de salchichas, en un intento de llegar al Gran Más Allá, él se descarrila, arrastrando al equipo a situaciones peligrosas. Todo esto ejerce presión sobre su relación con Brenda, una creyente ciega en la fe, que cuestiona si ella y Frank tocándose “solo las puntitas” es el pecado que tiene la culpa de sus problemas recientes.

La búsqueda de Frank finalmente lo lleva a los productos no perecederos —el Aguardiente, un Twinkie, y una caja de granos—  que confiesan que el Gran Más Allá fue inventado por ellos como el opio de las masas. Antes de que lo crearan, la vida en el estante era oscura y caótica para los que se preparaban para morir una muerte brutal por los dientes de los humanos. Dios fue introducido para resolver los disturbios. ¡Y funcionó!… aunque diferentes pasillos comenzaron a aceptar versiones diferentes de la historia, provocando una nueva forma de lucha.

No es hasta que uno de los viejos paquetes de salchichas compañero de Frank, Barry, vuelve a la tienda que la verdad finalmente se revela: que todos van a ser comidos. Frank, el Nuevo Ateo disfrazado, advierte a los alimentos por medio del intercomunicador que todos estaban equivocados sobre el Gran Más Allá.

¿La respuesta? “Sólo es una teoría”, dicen algunos. Otros alimentos, incluso critican su enfoque: “Acabas de decirles que son un montón de idiotas”. (¿Dónde hemos escuchado eso antes?)

Puesto así, la película parece mucho más llamativa de lo que transmiten el trailer o su título.

Esta no es la primera película con un mensaje implícito sobre el abandono de creencias irracionales — en más de una ocasión he visto una película y pensado: “¡¡Esto!! ¡¡Esto es!!“, y luego me he preguntado si algún creyente habrá hecho la conexión entre lo que aparece en la pantalla y el estado de su propia fe.

Supongo que no soy el único al que le ocurre esto. Por ejemplo, mi amigo Staks Rosch hizo una reseña sobre Bolt señalando, precisamente, que la película es una historia de abandonar las creencias irracionales y abrazar la realidad.

Trataré de poner más atención, a ver si consigo recordar o identificar más películas en las que se pueda identificar el mensaje racional. La sección de comentarios está abierta para quien quiera colaborar.

Otra reflexión interesante es el hecho de que las personas no abandonen masivamente su religión en masa al salir de los teatros de cine — confirma que los medios de comunicación no manipulan a las personas.

(imagen: Trailer Sausage Party)

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Publicado en De Avanzada por David Osorio

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