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Tríptico de columnas valiosas

Este mes ha estado bastante movido, por lo que no he podido comentar algunos temas como quisiera ¡y ahora se están acumulando!

En particular, hay tres columnas en El Espectador que vale la pena comentar.

• En Pícaros degradan la libertad religiosa, Cristina de la Torre comenta lo irónico que resulta que los cultos evangélicos hayan podido despegar en Colombia gracias al laicismo consagrado en la Constitución de 1991 y que, con el poder que confieren la ignorancia y el miedo ajenos, estas sectas desdibujen el logro de hace 25 años de tener un Estado laico, que no es poca cosa. La ironía nunca ha pasado desapercibida para nosotros, pues todas las marrullas que hacen los pastores-políticos como Marco Fidel Ramírez, Clara Sandoval y el clan Piraquive las consiguieron haciendo de sus feligreses sus votantes, y todas sus propuestas van encaminadas a desmantelar la democracia para imponerle sus respectivas supersticiones al resto de la ciudadanía.

• En El costo de ir al cielo, Ramiro Bejarano aprovecha el anuncio de la Iglesia Católica de reducir el costo de las anulaciones de matrimonios para exigir un verdadero Estado laico —o más bien lamentarse que en Colombia es letra muerta— y explica que las anulaciones católicas siguen siendo excesivamente onerosas para el colombiano de a pie, y que no se explica el tratamiento privilegiado con el matrimonio católico, cuando en cualquier país medianamente presentable el único matrimonio que genera efectos jurídicos es el civil. Dos columnistas quejándose de las violaciones al laicismo en una misma semana es un evento casi milagroso.

• Por último, está la columna invitada del doctor en Física Héctor Rago, De científicos y charlatanes, en la que denuncia el peligro de las pseudociencias y reivindica el pensamiento científico. Es refrescante leer algo así en El Espectador, luego de que por tantos años le han dado espacio a las mentiras de charlatanes y promotores del pensamiento mágico como Ignacio Zuleta alias Dharmadeva, quienes, excusándose en la “libertad de expresión” y de opinión han usado sus tribunas para difundir afirmaciones demostrablemente falsas.

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Publicado en De Avanzada por David Osorio

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