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Ángel Moyano cuenta su paso por prisión

En septiembre conocimos el caso de Ángel Moyano, un ateo peruano que fue enviado a la cárcel por el ‘delito’ de discutir con un sacerdote.

Después de tres meses en la cárcel, Ángel recobró su libertad en un proceso de apelación y ahora ha empezado un blog en el que cuenta con lujo de detalles cómo fueron los tres peores meses de su vida, pesadilla a la que se vio condenado por cuenta de un sacerdote crápula y una juez que no sabe ni dónde está parada.

Hasta el momento, ha escrito cinco entradas — son cortas y Ángel tiene un estilo directo y sencillo que logra transmitir las emociones del momento. Empieza así:

Veintitrés de junio de 2015. Once de la mañana. Después de la lectura de sentencia, planeaba almorzar un buen bife, acompañado con vino, e irme al aeropuerto. Durante casi tres años había estado defendiéndome de una acusación absurda, demostrando con pruebas concretas, con testigos, con argumentos jurídicos, lo descabellado de la demanda que me habían entablado. Estaba seguro de escuchar el dictamen de mi inocencia, así que me presenté con calma al juzgado, y para ahorrar tiempo, accedí a la sugerencia de la jueza para que se leyera solo la parte resolutiva de la sentencia.

—Se condena al acusado a ocho meses de prisión efectiva y al pago de cien mil soles de reparación civil.

No entendí —o no quise entender— lo que había escuchado. Le pregunté a mi abogada qué significaba eso exactamente.

—Te quedas —me dijo, pálida.

Y me quedé. Imperturbable (odio mostrar mis emociones), envuelto en una vorágine de ideas y de preguntas que me hacía y que me duraron los siguientes tres meses. Algunos pensamientos se decantaron en ese lapso y algunas preguntas no las he podido responder con certeza hasta ahora, aunque los indicios de lo podrida que está la justicia en el Perú se agitaran ante mis ojos. Luego llegué a la conclusión de que es muy fácil encarcelar a alguien en este país: basta con inventar una acusación, encontrar testigos que la corroboren y convencer de sentar jurisprudencia a un juez inocente y crédulo, con un sueldo bajo y muchas necesidades.

Esta es la historia de los meses que permanecí en prisión. La escribo para no olvidar las muchas cosas que me sucedieron o que vi. Lo hago como catarsis, pero también para que quienes me lean sepan un poco más de ese mundo y vean absueltas muchas de las preguntas que quisieran hacerme.

Y hay más de donde vino eso.

(vía Anddy Landacay | imagen: Panorama)

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