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Aclaraciones sobre estudio de ‘altruismo’ y niños ateos

Hace unos días reporté sobre el estudio que había encontrado que los niños ateos son mas altruistas y algunos lectores me hicieron llegar artículos críticos con el estudio, particularmente uno de Matthew Facciani.

Facciani hace tres críticas puntuales al estudio: que no se usaron suficientes variables, que el Juego del Dictador no es una buena forma de medir el altruismo y que el tamaño del efecto no era tan grande.

A pesar de que parecen contundentes, no todas estas críticas no son fuertes. Veamos.

En cuanto al número de variables, hay que hacer dos comentarios: Primero, que sobreestima el poder estadístico de corregir desbalances. Segundo, que lo ideal es poder encontrar resultados controlando la mínima cantidad de variables necesarias. Lo contrario —que es lo que pide Facciani— se puede llevar hasta el paroxismo: nunca se controlarán todas las variables y los críticos siempre dirán que faltaron controlar tales variables y que, de haberse hecho, los resultados habrían sido diferentes.

El comentarista Jeff Ciesla en el sitio del propio Facciani pone esto de manifiesto:

De hecho, después de [cualquier] estudio, siempre podemos concebir nuevas variables que deben ser controladas. Sin embargo, la falta de control de todas las variables que se le puedan ocurrir a alguien no es motivo para desestimar los resultados de un estudio. Reto a cualquiera a que me proporcione un estudio del comportamiento humano en el que yo no pueda inventar otra variable para controlar. Créanme, no se puede.

En cuanto al Juego del Dictador, hay dos problemas. Uno, que el estudio citado por Facciani para criticar el Juego del Dictador se refiere a las instrucciones de compartir y la obediencia de los participantes al ser supervisados… sin embargo, el estudio original no tenía nada de eso, por lo que la crítica de Facciani es no a lugar.

El segundo problema es polisémico. Los autores del estudio original utilizaron el término “altruismo” como sinónimo de ser generosos o de compartir sin esperar nada a cambio, pero eso no es lo mismo que el altruismo biológico (o sea el autosacrificio reproductivo por parte personas que benefician a otras con quien no están emparentadas y que no dan nada a cambio).

Hablar de altruismo tan a la ligera es problemático porque tiene implicaciones evolutivas que no están soportadas por la evidencia. Tal vez habría sido más acertado usar los términos “compartir” o “ser generosos” y así no se induce a error al público. En este sentido, yo también cometí este error cuando reporté sobre el estudio, así que aprovecho para aclarar y presentar disculpas por los posibles malentendidos.

Por último, y esto también lo menciona Ciesla, el análisis estadístico del estudio es confuso y el estimado total de la varianza explicada por la religión sería de alrededor del 4% (Facciani conluyó, erróneamente, que era 19% — en esta acertó, pero se descachó en la cifra).

En conclusión, tenemos un estudio que señala que los niños de familias no-creyentes podrían ser alrededor del 4% más generosos que los criados en entornos religiosos. Ojalá vengan más estudios de este tipo, que superen las limitaciones de este y ofrezcan más evidencia sobre este tema.

Para terminar, en ambos artículos he usado el término “niños ateos”, lo cual puede ser confuso para algunos lectores ya que siempre he criticado el reclutamiento infantil religioso, pero la confusión sólo es aparente: “ateo” no es una etiqueta religiosa, de la misma forma que “desnudo” no implica ninguna prenda de vestir — es más, ya que todos nacemos ateos y las etiquetas religiosas sólo deberían aplicarse para mayores de edad, la expresión “niño ateo” resulta más bien redundante.

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