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Lo bueno, lo malo y lo feo del #ForoAborto

Hace unos meses, la fundación Buen Gobierno que dirige Martín Santos —el hijo de my President— hizo un foro sobre igualdad (LGBTI) que, quién saber por qué, tuvo una buena cantidad de homofobia — la conclusión entonces fue que invitar religiosos a un foro de igualdad es como invitar esclavistas a un foro sobre libertad. Curiosamente, Buen Gobierno no aprendió la lección.

Ayer, fue el foro Aborto Legal en Colombia: Presente y Futuro, que empezó algo atropellado pues la ubicación debió cambiarse a último minuto gracias a que la Universidad Javeriana retiró su auditorio tras ser presionados por la organización fundamentalista de recolección de firmas del Opus Dei CitizenGo. Hombre, es muy sencillo: la religión es el mayor obstáculo para el progreso — contar con ellos es pegarse un tiro en el pie. En fin, volviendo al Foro…

Esta vez, hubo cuatro páneles — en el primero participaron el fiscal general Eduardo Montealegre, el ministro de Salud y Protección Social, Alejandro Gaviria; la directora ejecutiva de Profamilia, Marta Royo y el director de teología de la Javeriana, el padre Carlos Novoa.

La intervención del Fiscal fue sorpresiva porque anunció un proyecto de ley para legalizar el aborto en las primeras 12 semanas de gestación y, aunque la noticia fue de buen recibo, Angélica Lozano advirtió que Montealegre estaba usando los derechos de las mujeres como una cortina de humo para desviar la atención del Springergate.

Gaviria estuvo genial, identificando las barreras que existen actualmente para que las mujeres accedan a los servicios de interrupción voluntaria del embarazo, como desconocimiento de las tres causales y abuso de la objeción de conciencia. Su retórica estuvo perfectamente afilada para responderle a Novoa (ya llegaré a eso) y para destruir el ‘argumento’ provida de que el número de abortos clandestinos en Colombia no es de 398.000 — el punto es que cualquiera que sea el número siguen siendo cientos de miles de abortos clandestinos que ponen en peligro la vida y salud de las mujeres, lo que, efectivamente, lo convierte en un problema de salud pública. Además, Gaviria tuvo los pantalones de decir lo que muchos saben pero callan: que la Procuraduría General de la Nación dirigida por Alejandro Ordóñez tiene una estrategia de desinformación, con la que obstaculiza que las mujeres ejerzan sus derechos.

Novoa, por su parte, se limitó a decir que la solución era más prevención — ojalá alguien hubiera aprovechado la sección de preguntas y respuestas para recordarle que ¡la Iglesia a la que sirve también condena el uso de anticonceptivos! Gaviria, además, le respondió a Novoa que su propuesta era una falacia, pues a veces los anticonceptivos fallan y que, aunque la prevención es importante, no es suficiente, mutuamente excluyente ni reemplaza el aborto. Kudos para el Ministro (a quien, además, conocí personalmente durante el foro).

El segundo panel contó con Florence Thomas, Catalina Ruíz-Navarro, el doctor Fidel Morales y Laura Torres —que creo que es de Católicas por el Derecho a Decidir—.

Aunque tenía bajas expectativas con la intervención de Thomas, debo decir que me sorprendió muy gratamente — prácticamente durante toda su charla resaltó la importancia del laicismo.

Por supuesto, no estoy de acuerdo con todo lo que dijo Thomas. Como ferviente defensora del lenguaje ‘incluyente’, ella insiste que el lenguaje es prescriptivo y por tal motivo instó a usar la expresión “Interrupción Voluntaria del Embarazo” en vez de “aborto”, aunque yo las seguiré usando indistintamente, pues el lenguaje es un reflejo de la sociedad, un síntoma si se quiere, y cambiar el lenguaje sin que haya cambios en la sociedad es vender el sofá y, además, es una pendiente resbaladiza hacia la censura. Dejando de lado esa diferencia ideológica, su intervención fue bastante buena.

A su vez, Morales (a quien también conocí ayer), explicó que el tipo de mujer que busca un aborto es cualquier mujer en edad fértil. También destruyó el ‘argumento’ provida de que la legalización traería un incremento de los abortos con una frase épica, que recordaré de ahora en adelante: “Ninguna mujer dice ‘Yo no me puedo morir sin haber abortado’. Ese no es el plan de vida de nadie“. (A todas estas, este punto ‘provida’ es irrelevante, ya que las mujeres pueden hacer con sus cuerpos lo que les venga en gana.)

Morales contó que la mujer más aterrorizada que atendió por un embarazo no deseado fue una furibunda activista provida que solicitó un aborto y que, después, volvió a su activismo como si nada. Ahh, sí, la experiencia Santorum.

El tercer panel —moderado por Mónica Roa— contó con la directora del ICBF, Cristina Plazas Michelsen; la periodista Jineth Bedoya Lima y Martha Lucía Rubio, del Fondo de Población de Naciones Unidas. De este panel merece la pena resaltar que Plazas se quejó de que que la Iglesia empeora el problema de salud pública y pidió que esta deje de decirle a los jóvenes que no accedan a los anticonceptivos.

Lo interesante de esto es que Cristina Plazas se queja hoy de la intervención de la Iglesia pero, recién posesionada, hizo una misa con recursos públicossu hipocresía se me asemeja bastante a la de Ruíz-Navarro, quien ha protestado y dicho preocuparse por el laicismo pero sólo cuando este le sirve de argumento para alguna otra causa, nunca como un fin en sí mismo. (Y, por cierto, es bastante diciente que siempre que hace eso deje por fuera a los activistas de laicismo.)

El último panel resultó ser el más interesante de todos. Moderado por María Jimena Duzán, contó con las intervenciones de Angélica Lozano, Armando Benedetti, el director del hospital público San Ignacio, José Darío Salazar y Andrés Balcazar en representación de la Santa Inquisición.

La intervención de Lozano me gustó porque reivindicó su postura democrática desde el principio, explicando que “en este país debemos caber todos”. Luego procedió a explicar el proyecto de ley estatutaria sobre salud sexual en el que está trabajando, que traerá una serie de disposiciones importantes y, entre ellas, contemplará la legalización del aborto. Además, Lozano aclaró que los referendos contra la adopción homoparental y demás demagogia fundamentalista no puede prosperar, pues los derechos fundamentales no son susceptibles de ser votados por la ciudadanía. Esos llamados a referendo son pataletas de ahogado, pues.

Al igual que Thomas, Benedetti me sorprendió gratamente, como lo había hecho antes al defender el laicismo y la eutanasia. Sin embargo, esta vez pude escucharlo en persona y diera toda la impresión que Benedetti sabe lo que está diciendoen esta ocasión defendió el laicismo, aún más difícil de creer, también defendió las libertades individuales y, aún más increíble, atacó a la Iglesia y la Procuraduría.

Como la cosa iba bien, tenía que llegar el congresista conservador José Darío Salazar a arruinar el momento. De lo que recuerdo, regurgitó el ‘argumento’ homofóbico contra la adopción homoparental recién aprobada por la Corte según el cual es ‘antidemocrático’ que un puñado de magistrados decidan sobre las leyes de todo el país. Lozano le recordó que los Magistrados son elegidos por el Congreso de una terna que envía la Presidencia y que en sus 12 años como senador, Salazar ha podido votar a un buen número de candidatos. También puso la hipocresía del conservador a la vista de todos cuando le recordó que un puñado de magistrados tomó decisiones trascendentales que a él le gustaban, por ejemplo, aprobar la reelección en 2006, y que Salazar no dijo ni mú al respecto.

El director del hospital San Ignacio pasó sin pena ni gloria y sólo aclaró que él no ‘abusaba’ de la objeción de conciencia, alegando que no la ha argumentado a nivel institucional sino que, en el hospital que dirige, funcionan con “valores” (y, claro, hace referencia a los antivalores católicos, lo que es tremendamente absurdo: ¿acaso no despedirían a alguien que manejara un hospital público con los ‘valores’ de los testigos de Jehová, que prohíben las transfusiones de sangre?). Me recuerda ese episodio de House cuando el tipo de la CIA dice que ellos no “matan” a nadie y el famoso galeno responde “Lo siento, ¿a quién iban a marginalizar?”

Si Salazar y el director del San Ignacio fueron malo y perverso, Balcazar, el tipo de la Procuraduría, fue peor (ya lo habíamos visto en acción, y sigue siendo un intolerante peligroso). Empezó diciendo que hablaba a título personal, a pesar de que la invitación era para la Procuraduría y no para el ciudadano Balcazar. Luego acusó a Profamilia de hacer negocio con el aborto (?), y dijo que llegaría a vender partes de fetos (una mentira que los provida gringos se inventaron sobre Planned Parenthood) como hacía su casa matriz IPPF (??) — Marta Royo y Juan Gonzalo López de Profamilia llegaron a la tarima para desmentir a Balcazar. Sin embargo, Lozano fue quien tomó la postura más vehemente y lo regañó por la acusación infundada.

Como era parte de la guerra contra las mujeres, supongo que a Balcazar no le importó ignorar aquello de “No mentirás” (es que los cristianos tienen una facilidad pasmosa para hallarle vacíos legales a los Mandamientos). Después de esto, Balcazar trató de balbucear otros tópicos católicos fundamentalistas, pero no era más que el típico discurso machista.

Tras su intervención y las despedidas de rigor, el Foro concluyó — después de esto, los provida asistentes decidieron hacer el ridículo poniéndose de pie y abriendo y cerrando sus manos como si fueran corazones que laten, que es un resumen bastante acertado de su postura: apelar a las emociones para proteger a toda costa un puñado de células, incluso si eso representa la muerte de su madre o venir al mundo a morirse de hambre.

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