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Gobierno cerró parque Tayrona por superstición indígena

El Gobierno Nacional anunció el cierre del Parque Tayrona en la Sierra Nevada de Santa Marta durante noviembre, excusándose en la superstición indígena — un tal Rogelio Mejía, líder arhuaco, explicó sus creencias:

Semana: Pero el turismo le genera ingresos al país.

R. M. : Entendemos eso plenamente, pero el problema no es la plata. Nuestra divisa es mantener en orden la naturaleza para que nos siga proveyendo y así poder extender la vida humana. Además, muchos turistas no son conscientes del cuidado del ecosistema y generan daños físicos y energéticos.

Semana: ¿Daños energéticos?

R. M. : Son los que se dan cuando una pareja tiene relaciones sexuales en la playa. Esto contamina la energía del mar, sostén de la Sierra Nevada.

Semana: El mundo tiene hoy más de 7.000 millones de habitantes, tendencia ascendente. ¿También la Tierra está contaminada?

R. M. : Sí, y es producto de la actitud del hombre hacia el planeta. Los excesos de muchos ocasionan catástrofes. Los poderosos deben entender que la plata no va a producir agua, aire o árboles.

Semana: ¿Cómo van a descontaminar el parque?

R. M. : A través de la música, la concentración, el ayuno, la soledad y la tranquilidad. Los mamos van a purificar todas las especies de flora y fauna.

Semana: ¿Para los arahuacos también el ser humano se contamina?

R. M. : La maldad humana es el peor tipo de contaminación. Derramar sangre es manchar el espíritu de la naturaleza, y tener relaciones homosexuales es transformarla. En la cosmovisión indígena, el sexo entre mujeres produce lluvias dañinas, y entre hombres, fuertes sequías.

Wow, cuánta misantropía e ignorancia en tan poco espacio.

Todos los años en Bogotá, unos hippies se reúnen a cantarle al río Bogotá y este sigue igual de contaminado, porque el ascetismo y Kumbayá sólo sirven para calmar conciencias, pero son pésimas soluciones.

Lo de la “contaminación energética” —lo que quiera que eso signifique— es bastante atroz, pero lo peor de todo es la homofobia arhuaca, que produce frases a la altura intelectual de Bill O’Reilly, quien cree que los huracanes son un castigo de dios (?).

El cierre puede servir para mantenimiento ambiental del parque, aunque esta debería ser una actividad constante. Al abordar el tema, Pascual Gaviria sugirió, además, que se revisen las actividades indígenas porque, contrario a lo que el señor Mejía quiso venderle a Semana, ellos también contaminan:

[V]ale la pena una mirada más realista sobre las actividades de quienes se autodenominan “hermanos mayores”. Las quemas de los indígenas en la Sierra están documentadas desde 1886 y la superstición las sigue alentando: que el fuego llama las lluvias piensan algunos. Otros siguen usando dinamita para pescar. Su población ha crecido y sus tierras de uso agrícola han tenido que crecer montaña arriba. En ocasiones indígenas y colonos se confunden en sus prácticas dudosas, el humo y la leña de unos y otros salen de la misma materia vegetal y afectan la misma tierra.

Tanto indígenas como turistas contaminan — la diferencia está en que Occidente puede ofrecer una explicación causal plausible para la contaminación y adelantar acciones de descontaminación efectivas. Los indígenas, con su pensamiento mágico, no están en capacidad de ofrecer nada ni remotamente similar.

Como Colombia es un Estado laico, expedir un decreto justificando cualquier acción del Gobierno en creencias religiosas es una violación a la Constitución — que, para completar, se hayan ignorado olímpicamente razones válidas para evaluar el uso del parque, sólo confirma que falta mucho para que Colombia deje de ser una republiqueta bananera.

(imagen: Alex Proimos)

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