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A veces, la gente se muere

A veces, la gente muere. Esta sencilla e inescapable realidad de la existencia parece ser demasiado simple para algunos magufos, que ven conspiraciones en todas partes.

De hecho, habiendo millones de charlatanes en el mundo, cabe esperar que en un año cualquiera mueran varios cientos o miles de traficantes de miedo y vendedores de falsa esperanza, y 2015 no ha sido la excepción.

Entre junio y julio, alrededor del mundo —que tiene 7 mil millones de personas— murieron los charlatanes Jeff Bradstreet, Baron Holt, Bruce Hedendal, Teresa Sievers, Lisa Riley, Ronald Schwartz y Nicholas González. Entonces nació la teoría de la conspiración de que alguien los está matando por ser ‘alternativos’.

La cosa iba a quedar ahí, pero entonces los homeópatas alemanes decidieron drogarse, Brian Scott Short mató a su familia y luego se suicidó, y el estafador Mitchell Gaynor apareció muerto.

Y resulta que todos esos eventos se ‘explican’ con “los están matando“, a pesar de que Bradstreet se suicidó, los 30 homeópatas alemanes siguen vivos y Short pinta en el mundo de la ‘medicina’ alternativa tanto como un payaso en una funeraria.

A este ritmo, todas las muertes del año tendrán el mismo culpable. O puede ser que a veces la gente se muere, sin necesidad de una agenda y conspiración a nivel mundial. Lo cierto es que alguien necesita con urgencia una explicación de la navaja de Occam.

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