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Llega el tercer ‘estudio’ de Séralini

Primer ‘estudio’ de Gilles-Eric Séralini — sobre maíz transgénico y ratones, usó ratas propensas a desarrollar tumores y cometió tantos defectos metodológicos que el artículo fue retirado. (Luego, el ‘estudio’ fue republicado en un journal de muy bajo Factor de Impacto, y sin ser revisado por pares)

Segundo ‘estudio’ de Séralini — otro artículo igual de metodológicamente defectuoso, que concluyó (y buscaba concluir) que los pesticidas eran más tóxicos de lo que dice la ciencia, y que el criterio de las agencias regulatorias estaba mal — la pseudociencia da para respaldar cualquier gilada.

Ahora llega su tercer ‘estudio’, que miró la comida que se le da a las ratas de laboratorio en los ensayos con alimentos transgénicos. Sus ‘hallazgos’:

Todas las dietas estaban contaminadas con pesticidas (1-6 de 262 que se midieron), metales pesados (2-3 de 4, principalmente plomo y cadmio), PCDD/F (1-13 de 17) y PCBs (5-15 de 18). De 22 transgénicos para los que se hicieron pruebas, los transgénicos tolerantes al Roundup fueron los más frecuentemente detectados, lo que constituye hasta el 48% de la dieta.

La explicación corta y fácil de este nuevo engaño de Séralini nos la ofrece Steven Novella:

La implicación es que toda la investigación previa sobre transgénicos y toxicidad de pesticidas está ahora en tela de juicio debido a que los roedores de control también habrían sido alimentados con una dieta que contiene algunos transgénicos, pesticidas, y también contaminantes de metales pesados. El concepto aquí es válido — los grupos de control deben ser controles adecuados. Si estás ensayando los efectos de un pesticida en ratas, y las ratas de control también están recibiendo el pesticidas en su comida, entonces la comparación se ve comprometida. Esto diluiría los efectos de la sustancia de ensayo mediante el aumento de la tasa de antecedentes de tumores y otros resultados negativos, el “ruido” en el estudio. Esto significaría, además, que los estudios tendrían que ser más potentes (contener más sujetos en cada grupo) con el fin de detectar la señal diluida.

Aunque la lógica del artículo es el sólida, el diablo siempre está en los detalles. ¿Cuánto pesticida y otros contaminantes encontraron? Encontraron 1-6 pesticidas de 262 que ensayaron en cada toma estudiada. Esto no suena impresionante. Además, no demostraron que las pequeñas cantidades detectadas fueran biológicamente relevantes. La dosis hace la toxina, y los vestigios de contaminantes son casi omnipresentes, pero están muy por debajo de los niveles biológicamente activos.

Lo que no demostraron es que haya alguna diferencia entre los roedores de laboratorio alimentados con los alimentos que ensayaron frente a un control sin ningún tipo de pesticidas, metales pesados o contaminantes transgénicos. Esa, por supuesto, es la última pregunta, y sin esos datos ellos sólo están especulando.

Consideremos también que hasta hace 20 años no había alimentos transgénicos. Por lo tanto tenemos controles históricos anteriores a la utilización de transgénicos y, necesariamente, cualquier prueba de seguridad transgénica original no habría tenido ningún transgénico en la alimentación de control. Tampoco parece haber habido ningún cambio significativo en la tasa de referencia de tumores y otros efectos entre antes de la introducción de variedades transgénicas y después.

Mejor dicho, otro prejuicio de Séralini (y sus amos mentales de la industria orgánico-homeopática) para el cual diseñaron un estudio metodológicamente defectuoso que concluyera lo que habían establecido desde el principio. Pseudociencia, como de costumbre con este fraude impresentable.

Para aquellos interesados en las cuestiones más técnicas de este nuevo fraude de Séralini, están de suerte, pues The Genetic Literacy Project ha recopilado la respuesta del mundo científico.

Richard E. Goodman, profesor de Investigación en el Programa de Investigación y Recursos de Alergia a los Alimentos, de la Universidad de Nebraska:

Los autores están usando un método controvertido de estimación de riesgos acumulativos (Cocientes de Riesgo) de contaminantes menores en alimentos para animales, que no han sido validados para demostrar los riesgos realistas, con prueba biológica de daño en los niveles de contaminación que los autores encontraron en este estudio de PLoS ONE. Por lo que sé, no ha habido publicaciones que demuestren que el método de evaluación de los riesgos acumulativos, a pesar de ser referido por un artículo de la EPA de EEUU y uno en el EFSA Journal (11: 3313), sugieran que este enfoque podría ser útil para entender o predecir con exactitud los riesgos de mezclas de sustancias tóxicas químicas incluyendo pesticidas, dioxinas y metales pesados.

El hecho es que no hay estudios que yo conozca, diferentes al anterior estudio retractado de estos autores en Food and Chemical Toxicology en 2012 sobre maíz NK603 y glifosato, que haya mostrado altos niveles de tumores, cáncer u otros efectos nocivos en animales de control alimentados con dietas de roedores comerciales normales. Los autores no han citado estudios publicados que hayan probado altos niveles de efectos adversos en los animales alimentados con dietas de control de roedores comerciales.

Parece que los autores están tratando de demostrar que sus ensayos reportados anteriormente con alta incidencia de tumores en el estudio de 2012 se debió a la “contaminación accidental de las dietas de control” en lugar de la cepa genética de ratas utilizadas en su estudio de dos años. O que quieren invalidar los ensayos de seguridad de muchos cultivos transgénicos. Sin embargo, los mismos ensayos y comida de laboratorio se han usado de manera segura para demostrar el riesgo o la seguridad convincente de una serie de productos farmacéuticos, pesticidas y otros compuestos.

Frédéric Y. Bois, profesor en la Sorbona UTC, y Director de Investigación en L’Institut National de l’Environnement et Industriel des Risques:

No muy sorprendentemente, la dieta de las ratas, como la mayoría la nuestra, por cierto, está contaminada con esos químicos. En realidad, sería interesante comparar estos resultados con los registros de los productores.

Sin embargo, no está claro si las ratas expuestas son propensos a sufrir graves daños por dichas exposiciones. Los índices de riesgo calculados por los autores utilizan la ingesta diaria admisible (IDA) calculada para los seres humanos. Esos realmente no se aplican a las ratas, porque los factores de seguridad se usan en sus derivaciones para proteger específicamente a los humanos (que se supone que son más susceptibles que los animales), y a los niños, etc. Además se sumaron los índices de riesgo de varios productos químicos para obtener una estimación del efecto de las exposiciones múltiples.

El uso de índices de peligro y sumarlos tal vez sea un procedimiento conservador razonable para proteger la salud pública humana. Sin embargo, al evaluar el impacto real de los contaminantes de los alimentos en la salud de los animales de laboratorio (que es una cuestión de rigor científico, no de protección de la salud de las ratas) es probable que exageren los riesgos.

Además, la cuestión de la cantidad de productos químicos cuya evaluación de seguridad ha sido sesgada por la presencia de contaminantes de alimentos en las dietas de los animales de laboratorio debe abordarse con precaución, sin saltar demasiado rápido a conclusiones. Al menos, los autores deben ser felicitados por abordar una cuestión interesante, que, por cierto, también se extiende al análisis de cohortes epidemiológicas.

Carl Winter, Toxicólogo de Alimentos de Extensión Cooperativa de la Universidad de California-Davis:

Los autores sostienen que, dado que la ingesta máxima diaria  del pesticida pirimifos-metilo en siete de las dietas supera la Ingesta Diaria Admisible, los animales alimentados con estas dietas están siendo alimentados con niveles tóxicos de pirimifos-metilo. Esta conclusión no es soportada por dos razones

1) La ingesta dietética máxima representa una exageración de la verdadera ingesta dietética.

2) (Más importante) Comparar la ingesta máxima dietética con la Ingesta Diaria Admisible no es apropiado para demostrar el riesgo. Una comparación más apropiada sería el Nivel de Ningún Efecto Observado (NOEL, sigla en inglés) de los estudios de toxicología animal a largo plazo, el cual representa la cantidad máxima dada a los animales de laboratorio diariamente que NO causa ningún tipo de toxicidad notable.

Para todos los otros siete pesticidas detectados, la exposición al exagerado nivel máximo de ingesta dietética todavía estaba por debajo de los niveles de ADI (comúnmente 100 veces menor que los niveles de NOEL para estudios en animales), por lo que es difícil hacer un caso válido en cuanto a cómo causarían efectos tales exposiciones en los animales que consumen alimentos con residuos de pesticidas.

Maurice Moloney, director general del Instituto Global para la Seguridad Alimentaria en Canadá (de la Universidad de Saskatchewan):

La hipótesis subyacente de este trabajo es la afirmación de que el desarrollo de crecimientos tumorales y carcinomas en las ampliamente utilizadas ratas Sprague-Dawley es el resultado de los efectos toxicológicos de contaminantes que quedan en gránulos de pienso de los animales de laboratorio de cultivos agrícolas. Se hace especial hincapié en el carácter transgénico de algunos de los materiales básicos y a un herbicida particular, el glifosato, o cuando se formula ‘Roundup‘. Los autores creen que si esta hipótesis se confirmara, esto significaría que la mayoría de los estudios toxicológicos que usan esta cepa de ratas no son válidos, debido a la intrínseca naturaleza perniciosa de la propia comida en lugar de la sustancia química (u otro tratamiento) que se esté ensayando.

El estudio anterior de este grupo fue retirado del Journal of Food and Chemical Toxicology, por graves fallos que fueron identificados tras la publicación y que deberían haber sido corregidos en la revisión por pares, pero que hicieron que el artículo no fuera concluyente. El presente artículo no es más concluyente que el anterior, pero aún así ofrece algunos datos nuevos no publicados hasta ahora.

En resumen, si este artículo es un intento de apoyar el estudio anterior (ahora retirado) de este grupo, está muy lejos de hacerlo. El nuevo estudio sugiere que deberíamos dudar de todo un sistema de ensayos pero no proporciona la evidencia para respaldar esa duda.

Por analogía, esto es como si un equipo de fútbol al que le anulan goles sistemáticamente por estar siempre en fuera de juego, pusiera en duda todas las leyes del fútbol. Hacen esto en vez de simplemente imponer disciplina a sus delanteros de que no se muevan hasta que el balón esté en juego. Este artículo carece de disciplina en su discusión de los datos, a pesar de que en el caso de los organofosforados y los metales pesados, podría haber descubierto algo que merece una mayor investigación. Los alimentos con un mínimo de residuos de toxinas conocidas ayudarían a asegurar que los animales de prueba son tratados éticamente. Para las ratas Sprague-Dawley, un requisito ético es sólo usarlas para ensayos de 90 días. Más allá de eso, como hemos visto en el documento revocado en el Journal of Food and Chemical Toxicology, los animales de prueba están sujetos a angustia significativa, muy probablemente debido a una conocida predisposición genética para formar tumores.

Cathie Martin, líder de grupo del John Innes Centre:

Seralini et al concluyen que no se puede confiar en los datos de control históricos, pero la incidencia de tumores de las ratas Sprague Dawley fue publicada hace varias décadas (CANCER RESEARCH 33, 2768 a 2773, noviembre de 1973), cuando los valores de contaminación de comida para roedores probablemente eran muy diferentes. Los informes de alta incidencia de cáncer en ratas Sprague-Dawley se hicieron mucho antes de la llegada de los cultivos transgénicos, por lo que no se puede concluir que los transgénicos sean la causa de la alta incidencia de tumores. Es más probable que la alta incidencia de tumores en ratas Sprague-Dawley, que sustenta la recomendación de que no deben ser utilizadas para estudios de más de 18 meses, sea por su alto nivel de endogamia.

Es extraño que la conclusión de Seralini et al sea que no se puede confiar en ningún experimento realizado con ratas “control” a causa de los contaminantes alimentarios. Una conclusión más razonable sería que nadie puede confiar en los datos que pretenden mostrar que el glifosato y el maíz resistente al glifosato causan los tumores en ratas Sprague-Dawley, cuando estas tienen una alta incidencia de tumores inherente en animales mayores de los 18 meses recomendados (independientemente de la causa).

Tamara Galloway, profesora de Ecotoxicología de la Universidad de Exeter:

El análisis químico ha sido realizado por laboratorios acreditados y parece robusto y de buena calidad. Los autores encontraron que un número de las dietas de prueba contenían residuos de plaguicidas, metales y productos químicos industriales, y esto quizás no es sorprendente dado su uso generalizado, pero es reconfortante ver que las concentraciones de estos compuestos están por debajo de los límites reglamentarios.

[…] los autores han calculado un cociente de riesgo, que luego comparan con la ingesta diaria admisible (IDA) calculada para el consumo humano. Ya que la IDA se calcula con un factor de seguridad de 100, una comparación directa de las dos estimaciones podría dar la impresión equivocada, ya que no se tiene en cuenta el factor de seguridad.

Los autores no miden los efectos biológicos o de salud de los alimentos y por lo tanto no es posible decir nada del artículo con respecto a la probabilidad de que la contaminación de alimentos podría jugar un papel en la alta incidencia de problemas de salud en roedores de laboratorio, como especulan los autores. La discusión especula más allá de la evidencia presentada en el artículo.

Alan Boobis, catedrático de Farmacología Bioquímica en el Imperial College de Londres:

El artículo de Mesnage et al ofrece una encuesta útil de los niveles de un número de contaminantes presentes en la alimentación en roedores de laboratorio. Sin embargo, creo que el título es potencialmente engañoso en el uso del término “niveles tóxicos”. En primer lugar, en general, los niveles de contaminantes individuales son extremadamente bajos. Nótese que un cociente de peligro (HQ) de 1 representaría la exposición al 1% del nivel crítico sin efecto adverso observado (NOAL). En segundo lugar, se supone que todos estos niveles bajos mostrarían dosis de aditividad (los HQs fueron sumados), independientemente del modo de acción o sitio potencial del efecto. Esto es contrario al enfoque que la EFSA, y otros, recomiendan para la evaluación del riesgo de las exposiciones combinadas. Sin embargo, incluso en esta situación, los HQs sumados son en todos los casos de menos de 100, lo que indica que la exposición total está por debajo del NOAEL.

Tony Dayan, toxicólogo emérito:

Parece haber sido asumido que las muestras de dietas eran muestras representativas que no habían sido contaminadas antes del análisis. Podría ser más importante que la calidad de la alimentación animal de los animales en ensayos reglamentarios tiene que cumplir con las normas de Buenas Prácticas de Laboratorio (BPL), que incluyen análisis periódicos para demostrar, entre otras cosas que la contaminación con metales pesados, pesticidas y otras sustancias legalmente vinculantes se mantiene por debajo de los límites estrictos. No se proporciona información para demostrar que los lotes reportados en el nuevo artículo eran de una calidad compatible con las BPL y así podrían haber sido utilizados en carcinogenicidad u otros ensayos formales.

El profesor Mesnage y sus colegas hacen muchas comparaciones entre sus resultados y los valores de IDA (Ingesta Diaria Admisible) y el HQ (Cociente de Riesgo), lo que sugiere que los resultados pueden indicar riesgos para los roedores. Esos conceptos y los valores calculados son factores empíricos derivados y usados con éxito durante muchos años específicamente para evaluar los posibles riesgos para los seres humanos. No hay justificación experimental o experiencia para aplicarlas a los roedores como se hizo aquí.

Graham Tobin, Director Técnico de Harlan Laboratories, Europa/ROW:

El argumento es defectuoso en la siguiente forma:

1. No se presentó ningún soporte de datos o literatura convincente para demostrar que los niveles de contaminantes hallados en las dietas contribuirán a estas patologías específicas en las ratas.

2. La evaluación de seguridad fue basada en los niveles de ADI humanos que no se escalan adecuadamente para evaluar los riesgos de seguridad en roedores.

3. El argumento es demasiado simplista, haciendo caso omiso de otros factores como la predisposición genética, y la experiencia práctica. Pasa por alto el efecto bien establecido de la restricción dietética para mejorar la supervivencia y reducir la patología; este efecto beneficioso ocurre en ausencia de una reducción en la ingesta de contaminantes por unidad de peso corporal.

Este artículo aborda un tema importante, pero hace un flaco favor a la ciencia de animales de laboratorio al inflar el riesgo potencial de los niveles de contaminantes dietéticos típicos usando una métrica inapropiada. Basándose en la evidencia presentada ciertamente parece desaconsejable e injustificado aplicar el adjetivo ‘tóxicos’ a los niveles de contaminantes reportados aquí.

Sabemos que a los que hacen ‘estudios’ antitransgénicos prefabricados les trae sin cuidado el bienestar de los animales de laboratorio, tal como lo demostró el ‘estudio’ de Carman que no fue otra cosa que una cruel e inútil matanza de cerdos, hecha con el exclusivo propósito de avanzar la propaganda de los enemigos del progreso.

(imagen: Wikipedia)

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