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Montt en la Guajira: “dios no existe”

Los que no conocen las Dosis Diarias de Montt no saben lo que se están perdiendo.

Montt es ateo y no lo ocultó en su reciente visita a La Guajira:

Al terminar la charla con los niños, unas profesoras invitan a Montt a conocer el río Ranchería. Una de ellas es Luceny Iguarán Martínez, Chena.

Chena le enseña el río y le dice que esos son los regalos de Dios. Montt la reprende y le recuerda que Dios no existe. La profesora cantante se escandaliza, pero el ilustrador no arma debate sobre el tema y sigue su camino.

Montt se crió en un crisol religioso. Sus 16 tíos maternos practicaban cada uno una creencia diferente: había cristianos, hinduistas, evangélicos y medio ateos.

Además, el padre de uno de sus mejores amigos de su infancia era un gringo evangélico que le dio clases de religión.

Le pregunto si alguna vez cedió al fervor religioso.

-Jamás.

-¿Ni siquiera de niño?

-No. Sentía el fervor de la literatura.

Los superhéroes son un tema recurrente en el mundo de Albert Montt. Pero los usa para burlarse de ellos. […] quizá el superhéroe que más le molesta es Jesús Cristo. Cuando era niño veía a los Looney Tunes y le llamaba la atención una pequeña rana que le cantaba y bailaba tap. Pero cuando el hombre le pedía que hiciera lo mismo en público la rana se limitaba a croar como una más. Según Antonio Montt a Jesús le pasaba algo igual. Podía multiplicar panes, resucitar muertos, pero era incapaz de escaparse de un juicio con los romanos y derretir los clavos que lo mataron.

Desde que una amiga en la Universidad me mostró las viñetas de Montt, le he seguido la pista y admiro su trabajo — todas viñetas manejan un humor muy fino y suelen invitar a la reflexión. Sus viñetas religiosas (por ejemplo), aunque sencillas, siempre son profundas. Creo que cualquiera de ellas le gana cualquier día a cualquier libro de teología sofisticada escrito por cualquier autor.

Por cierto, si hoy están en plan masoquista, revisen los comentarios del artículo: unos son para echarse a reír, pero como suele suceder en las secciones de comentarios de medios que no sean el New York Times o el Guardian, muchos dan vergüenza ajena. ¡Hay gente que comenta, orgullosa de no saber quien es Montt! Lo dicho: no saben lo que se pierden.

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