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Doblamos el tiempo para que nuestro mundo tenga sentido

por Matthew Hutson


Supongamos que una mujer que sufre un dolor de cabeza lo atribuye a un accidente de coche que tuvo. Su historia es plausible al principio pero, tras un examen más minucioso, tiene defectos. Ella dice que el accidente automovilístico ocurrió hace cuatro semanas, en lugar de las seis semanas cuando realmente ocurrió. Además, ella recuerda que el dolor de cabeza empezó en más pronto de lo que realmente lo hizo. Steven Novella, profesor de neurología de la Universidad de Yale, dice que es un error honesto. Los pacientes de Novella frecuentemente manipulan el tiempo, dice, algo que queda claro al comparar sus relatos con su historial médico. “Las personas son historiadores horribles”, dice Novella. “La memoria humana es una historia subjetiva maleable que nos decimos a nosotros mismos”.

Tendemos a pensar que el café nos pone alerta y las píldoras alivian nuestros dolores más rápido de lo que realmente lo hacen, por la misma razón que un paciente puede mover su accidente más cerca en el tiempo a su dolor de cabeza. En nuestras narrativas internas, transcurre menos tiempo entre causas y efectos percibidos que entre eventos no relacionados. Tales errores, llamados vínculo temporal, caen en las conjeturas que hacemos al conectar las escenas de nuestra vida. Al igual que las fotos en un álbum, los vínculos causales entre ellos deben ser inferidos. Y hacemos eso, en parte, al considerar su secuencia y los minutos, días o años que pasan entre ellos. Las percepciones del tiempo y de la causalidad se apoyan cada una en la otra, transformando la realidad en un remolino poco fiable.

Un ejemplo de este razonamiento circular podría ser de la siguiente manera: Si ves una bola de billar roja chocar con una azul, y la azul inmediatamente sale disparada hacia adelante, tu experiencia anterior te llevaría a suponer que el golpe de la bola roja contra el azul causó que se mueva. Si la bola azul rueda antes de que la bola roja le pegue, o si se se mueve un minuto más tarde, descartas la supuesta conexión entre las dos. Sin embargo, el siguiente giro en este proceso de decisión es que también puede funcionar a la inversa: los juicios de causalidad pueden influir en la percepción del tiempo.

En 1999, Patrick Haggard, un neurocientífico cognitivo de la University College de Londres, demostró esta deformación subjetiva del tiempo con un experimento en el que los sujetos observaban un reloj en una pantalla de computador, y se les pidió anotar cuando pulsaban un botón, o cuando sonaba un tono. Cuando la presión del botón era seguida por un tono 250 milisegundos más tarde, los participantes dijeron que su pulsada del botón ocurría 15 milisegundos más tarde que cuando no sonaba ningún tono. Del mismo modo, estimaban que el tono ocurría 46 milisegundos antes cuando habían presionado el botón, que cuando no lo habían hecho. En esencia, “causar” el tono con el botón reducía el tiempo percibido entre los los dos eventos.

Haggard llamó “vínculo intencional” al efecto, porque el acto consciente de pulsar el botón parecía provocar el fenómeno. Desde que él y sus colegas publicaron estos resultados en el 2002, varios otros experimentos lo han corroborado. “El vínculo intencional es el primer efecto que he estudiado en el que cada experimento que hice funcionó”, dice Andre Cravo en la Universidad Federal de ABC en Santo Andre, Brasil.

Estudios más recientes han demostrado que el vínculo temporal puede ocurrir incluso cuando el sujeto no está directamente involucrado en la acción, retirando el rol de intencionalidad. En cambio, todo lo que se necesita es la percepción de que una cosa causó la otra. Por ejemplo, a las personas a las que se les muestran dos eventos históricos relacionados causalmente —como que Rusia pusiera en órbita el Sputnik y el alunizaje de Estados Unidos— subestimaban el tiempo entre los eventos en un tercio. A la vez, sobreestimaron el tiempo entre eventos no relacionados, como el Sputnik y Woodstock, por la mitad.

Haggard y James Moore, un neurocientífico de la Universidad Goldsmiths de Londres también han encontrado que el vínculo temporal puede ser el resultado de la anticipación de eventos que todavía no han ocurrido. En sus experimentos, los sujetos retrasaron su percepción de la pulsación de una tecla cuando esperaban para escuchar un tono — incluso si nunca sonaba. En otro estudio, David Faro, un profesor de marketing en la London Business School, encontró que los participantes que creían más fuertemente que la goma de mascar mejoraría su estado de alerta experimentaron su efecto placebo antes. El vínculo temporal nos hace más propensos a retrasar una acción hasta justo antes de que necesitamos sus efectos. Eso no es bueno cuando significa que tu café no hace efecto sino a mitad de tu somnoliento regreso a casa, o subestimas cuánto va a demorar una tarea y pierdes una fecha de entrega.

Sin embargo, explicar la influencia de la predicción en el vínculo temporal es difícil porque no entendemos completamente la percepción del tiempo. El modelo más popular de la percepción del tiempo describe un reloj interno que comprende un marcapasos que emite “tics” —explosiones colectivas en la descarga neural— y un acumulador que los recoge. El número de tics recogidos en un lapso determinado se compara entonces con alguna referencia en la memoria. Predecir un resultado podría distraernos de algunos tics, y un menor número de tics recolectados significa menos tiempo percibido. Por la misma razón, las tareas que requieren atención hacen que parezca que el tiempo se acelera. Recordemos el refrán: El tiempo vuela cuando uno se divierte.

Aunque el modelo de marcapasos es útil, nadie ha identificado las estructuras correspondientes en el cerebro. Si existen, los psicólogos dicen que pueden estar distribuidas a través de diferentes áreas, incluyendo el cerebelo y una capa externa del cerebro, cerca de la línea media llamada el área motora suplementaria previa. Del mismo modo, una ubicación para el vínculo temporal sigue siendo una cuestión de conjeturas. “En términos de los mecanismos neuronales, sigue siendo prácticamente un misterio”, dice Moore.

Independientemente de cómo se produce, algunos científicos sospechan que el vínculo temporal es algo más que un capricho mental, que es una adaptación evolutiva beneficiosa que aumenta nuestra sensación de control sobre nuestro entorno y nosotros mismos. Por ejemplo, si piensas conscientemente en levantar el brazo y luego lo levantas, el vínculo temporal hará que la brecha de intercesión parezca más corta de lo que es. Este apretado evento de acoplamiento podría entonces amplificar el sentimiento de responsabilidad que experimentas al levantar el brazo, dejando en claro que no fue otra persona, fuerza externa, o hechizo psíquico lo que lo levantó por ti. La percepción causal informa la percepción temporal; la percepción temporal informa la percepción causal. A través de este ciclo de retroalimentación positiva, el vínculo intensifica tu sentimiento de responsabilidad.

Este es tu sentido de agencia y de libre albedrío. “Este sentido de agencia”, dice Moore, “es cognitiva y socialmente importante”. El vínculo temporal puede fomentar comportamientos inteligentes e intencionales al prestarnos la confianza para sentir que podemos impulsar el cambio. “Todas las sociedades humanas requieren que sus miembros sean responsables de sus acciones”, dice Moore. “Un sentido de agencia, por tanto, desempeña una función social muy útil”. De hecho, el vínculo sirve como una buena medida de la agencia percibida. En las pruebas donde los sujetos no estaban seguros si ellos o alguien más desencadenaba un sonido, al decirles que otra persona era responsable se debilitaba el efecto del vínculo, incluso si el sujeto era efectivamente responsable. En otro estudio, los participantes que jugaron un juego de tragamonedas virtual y estimaban el tiempo entre cuando presionaban un botón, y cuando ganaban o perdían. En los turnos en los que perdían, pensaban que pasaba más tiempo, lo que refleja un deseo de evitar la responsabilidad por la pérdida. Por razones similares, el vínculo entre la la pulsación de una tecla y un grito de miedo o disgusto es más débil que la que existe entre la pulsación de una tecla y un sonido positivo o neutro.

Moore está utilizando el vínculo temporal para evaluar interfaces hombre-máquina. Si al hacer clic en un tipo de botón en lugar de otro aumenta el vínculo temporal entre el clic y el efecto, eso es una indicación de que aumentó la percepción de la agencia. “Esto es muy importante”, dice Moore, “porque cuando las personas están diseñando interfaces de usuario, una de las reglas de oro es fomentar un sentido de agencia, una sensación de que el usuario tiene el control”.

La gente cuenta cuentos sobre la enfermedad, la curación, volverse adultos, envejecer, seguir nuestros sueños. Incluso la conciencia misma es una historia, con nosotros como el protagonista, empuñando el libre albedrío. La investigación sobre el vínculo temporal implica que estas historias son más importantes para nosotros que un reloj interno preciso. Tal vez nuestra errada percepción del tiempo no es un fallo en absoluto, sino más bien una herramienta. Sin ella podríamos perder algo de la cohesión que une los momentos de nuestra vida. Nuestro papel protagonista podría atenuarse.

(Imagen: Jiuck via photopin cc)

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