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No, el glifosato no causa abortos

Desde hace unos meses, en Colombia ronda un ‘estudio’ de Daniel Mejía Londoño y Adriana Camacho que probaría que la aspersión de cultivos de coca con glifosato causa abortos y daños a la salud humana.

Sin embargo, el ‘estudio’ de Mejía y Camacho [PDF] enfrenta varios hechos incómodos que hacen que esté, cuando menos, equivocado.

Este es un artículo que no fue revisado por pares, ni publicado en ninguna revista indexada de amplia trayectoria. No obstante, el artículo pretende probar una relación de causalidad entre la aspersión del glifosato y los daños a la salud y el aumento de abortos, así que para tal efecto decidieron recurrir a un estudio econométrico, porque diseñar un estudio a la vieja usanza que midiera la relación causal directa entre aspersión e incremento de abortos, de alguna forma no era reto suficiente (y tal vez no daría los resultados que se querían).

La econometría usa “modelos matemáticos y estadísticos […] y la teoría de juegos para analizar, interpretar y hacer predicciones sobre sistemas económicos”. No cometeré el error de decir que un estudio econométrico no sirve para establecer relaciones de causalidad, pero ciertamente hay que ser cautelosos cuando se pretende algo así, y la cautela brilla por su ausencia en el artículo.

La revisión de fuentes cita ‘estudios’ publicados en un tal Journal of Pesticide Reform, publicación del Northwest Center for Alternatives to Pesticides, que busca desacreditar los pesticidas a como dé lugar. También citan publicaciones de Organic Gardener, revista que promueve la peligrosa y lucrativa industria de la agricultura orgánica, y que no está en el negocio de publicar artículos científicos.

Curiosamente, la mejor evidencia disponible sobre glifosato consiguió evadir las avizoras mentes de Mejía y Camacho y no fue mencionada ni por error. Ya sea que lo hicieran de buena fe, o mala fe, sigue siendo cherry picking y termina de descalificar los pretendidos hallazgos de los investigadores.

Mejía y Camacho simplemente hicieron una superposición de datos (algo chapucera) y no sólo la llamaron correlación, sino que además concluyeron alegremente que había una relación de causalidad que no se molestaron en probar.

A pesar de estos serios y graves errores en el diseño metodológico del artículo (no lo dignificaré llamándolo ‘estudio’) y su defectuosa y sesgada conclusión, todavía tenemos columnistas de opinión como Marta Ruiz, Tatiana Acevedo, Laura Gil y Rodrigo Uprimny usándolo como munición en sus intervenciones.

Yo puedo coincidir con ellos en muchas cosas (la guerra contra las drogas es estúpida y el peor asalto concebible a las libertades individuales; lo que Colombia rocíe en su territorio no debería caer en países vecinos), pero rechazo vehementemente el uso de artículos ideológicamente motivados y de dudosa honestidad para defender mis puntos de vista. Verán, me gusta argumentar con la verdad.

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