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La guerra de los medios (1938)

En 1938, una adaptación de La guerra de los mundos de HG Wells fue narrada por Orson Welles en la radio nacional de EEUU. El momento suele ser recordado por el pánico generalizado que dicen que causó.

Dicho pánico nunca pasó. ¿Y cómo nació la historia?

Culpen a los diarios de Estados Unidos. La radio había desviado los ingresos por publicidad de impresión durante la Depresión, dañando gravemente la industria periodística. Así que los periódicos aprovecharon la oportunidad presentada por el programa de Welles para desacreditar a la radio como fuente de noticias. La industria de la prensa sensacionalizó el pánico para demostrarle a los anunciantes, y a los reguladores, que la gestión de la radio era irresponsable y no era confiable. En un editorial titulado “Terror en la radio”, el New York Times reprochó a los “funcionarios de la radio” por aprobar el cruce de “ficción espeluznante” con avances informativos “ofrecidos exactamente de la forma como se daban las noticias reales”. Editor and Publisher, la revista comercial de la industria de la prensa, advertía “La nación en su conjunto sigue enfrentando el peligro de noticias incompletas, incomprendidas, por un medio que aún tiene que probarque es competente para llevar a cabo el trabajo de informar“.

Así que para probar que la radio no era confiable, veraz o responsable en el manejo de la información, los periódicos publicaron una mentira de su propia cosecha.

W Joseph Campbell abordó el tema en su libro Getting It Wrong, sobre malos reportajes. Según Campbell, a pesar de que unos cuantos se asustaron, la prensa recurrió a un efecto exagerado al respecto:

Los periódicos presentaron afirmaciones generalizadas acerca de miles o incluso millones de estadounidenses presas del pánico, pero ofrecieron poca documentación que la sustentara.

La mayoría de los los diarios imprimieron despachos enviados por agencias de noticias como Associated Press, que extrapoló el temor generalizado a partir un pequeño número de relatos anecdóticos dispersos.

El editor de radio del New York Daily News, Ben Gross, cuenta en su libro de memorias que las calles de Manhattan estaban desiertas cuando la transmisión de Welles estaba terminando. En ese momento, Gross iba en taxi hacia la sede de la CBS y no vio un alma.

Algo que resulta aún más curioso es que el pánico generalizado siempre es buen motivo para disturbios, saqueos y comportamientos trogloditas en la calle… pero nada de eso sucedió con la transmisión de Welles. Si bien se pueden rastrear los relatos de la prensa del momento, prácticamente es imposible encontrar algún reportaje sobre disturbios consecuencia del supuesto pánico incontrolable de los oyentes. En 1949, Radio Quito hizo una transmisión similar a la de Welles y la agitación popular que causó terminó con la destrucción de la emisora y 20 muertes. Nada ni remotamente similar ocurrió en los Estados Unidos durante la transmisión de Welles.

Resulta irónico que algunos todavía hablen de este mito y mencionen el “poder de la radio“, cuando fue el poder de la prensa el que mantuvo viva por tanto tiempo una historia completamente fabricada.

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