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Precisión sobre antioxidantes

Cuando publiqué sobre el peligro de los antioxidantes como lo explica Ben Goldacre, es posible que el autor se haya dejado por fuera algunas precisiones importantes.

Afortunadamente, la comentarista Vanessa Urrea me ha señalado esos errores de una manera tan elegante, educada y contundente, que se lo agradezco y republico la totalidad de su comentario:

En los últimos años, el mercado nutraceútico (suplementos vitamínicos, antioxidantes, entre otros) ha ido incrementando dado a los beneficios reportados en estudios tanto descriptivos como experimentales (preclínicos y clínicos).

No obstante, existirán compuestos químicos que aunque reportados con propiedades antioxidantes, no serán propicios para todas las enfermedades. Este es el caso del β-caroteno pues aunque es un compuesto químico que actúa como antioxidante aumentando la eficiencia del sistema inmunitario, en las enfermedades cancerígenas, específicamente, puede aumentar la actividad pre cancerígena de algunos hidrocarburos aromáticos policíclicos (HAP) e incrementa la susceptibilidad a los efectos co-cancerígenos en individuos con polimorfismo del exón 7 de CYP1A1. De ahí, que sea fundamental involucrar en las investigaciones factores adyacentes como lo son: proteómica (interacciones moleculares, influencia de los polimorfismos genéticos), las relaciones epigenéticas y otras áreas que sean significativas en el estudio.

Cabe resaltar que aunque lo anterior fue revelado mediante los estudios (ensayos) CARET y ATBC, existen inconvenientes en el diseño experimental (tiempo), dado que existe la posibilidad de subestimar en 4-6 años los efectos máximos alcanzables del tratamiento.

Un ejemplo del efecto antioxidante (benéfico) del β-caroteno es en el caso de las enfermedades neurodegenerativas (Enfermedad de Alzheimer, Parkinson, Huntington, etc), que junto con la vitamina C y E son capaces de neutralizar las especies reactivas de oxigeno (ROS) antes de la peroxidación lipídica.

Aparte del β-caroteno, existen otros antioxidantes carotenoides como: licopeno, zeaxantina, astaxantina; fenilpropanoides como: flavonoides y taninos, de este último el ácido gálico empleado como control positivo para muchos experimentos.

Por último, es importante tener en cuenta que el título capta la atención del lector, y por ende no debe suministrar sesgos, pues al proponer como enunciado: “El peligro de los antioxidantes” en sentido tácito involucrará todos los antioxidantes extraídos de diferentes materiales biológicos (algas, plantas y animales) que aún no han pasado por evaluaciones in vitro e in vivo. Por ello, se podría especificar como “El peligro del β-caroteno en pacientes con cáncer”, o algo del estilo, para no crear falsas conjeturas.


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