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Un tropiezo de Sagan

Amo a Carl Sagan. Me parece que fue un divulgador científico brillante, con una mente escéptica admirable.

Hasta ahora, mi mayor problema con Sagan era su negativa a declararse ateo con un argumento muy pobre. Ahora, Ed Clint me ha abierto los ojos:

En su ensayo El universo amniótico, Sagan describe lo que él considera como aspectos más destacados del nacimiento desde la perspectiva del bebé, citando al psiquiatra charlatán Stanislav Grof:

  • transición de una existencia pacífica, serena al estado de “pánico” causado por aplastantes contracciones uterinas
  • una sensación de castigo sin razón aparente
  • la experiencia de un umbral que es como cruzar un túnel a un mundo nuevo
  • Él sugirió que la experiencia traumática del nacimiento explica muchas cosas, desde los fundamentos de la religión a las experiencias cercanas a la muerte que son recuerdos desencadenados de la traumática experiencia del nacimiento.

    No sé hasta qué punto se parecen las experiencias perinatales personales y los modelos cosmológicos particulares. […] Pero las analogías son muchas y la posible conexión entre la psiquiatría y la cosmología parece ser muy real.

    Sagan usa un lenguaje más bien furtivo, por lo menos. Sin embargo, debemos notar que este ensayo es un notable fracaso en aplicar el pensamiento crítico. Citar a Stanislav Grof es un error grave. Este lunático ha estado estudiando “la ciencia del chamanismo” durante décadas, y por lo menos desde los años 60, ha estudiado una tontería pseudocientífica conocida como “psicología transpersonal“. Es difícil entender cómo un escéptico podría tomar en serio lo que Grof tiene que decir. Es como citar a Deepak Chopra en lugar de a un Dan Dennett o un Neil deGrasse Tyson.

    Además, toda la psicología está mal, y se sabía que estaba mal, incluso cuando Sagan escribió el ensayo. La experiencia de exprimirse a través de un estrecho tubo carnoso no es nada como flotar serenamente por un túnel. No habría ninguna luz al final, tampoco, porque los ojos de un bebé estarían bien a ras con la pared vaginal. Además, los seres humanos no crean memorias episódicas a largo plazo antes de más o menos los dos años. La razón es obvia, el cerebro del bebé está todavía en formación, sus sentidos no están desarrollados. La información “aprendida” durante este período no es fiable, incluso si los pedazos cognitivas que se encargan del aprendizaje funcionan siquiera. No existe una “memoria reprimida” que sea convocada en momentos de estrés. Por último, incluso si un recién nacido de alguna manera pudiera formar recuerdos del nacimiento, eso sin duda no conlleva conceptos de castigo o de culpabilidad moral. Estas son ideas complejas que requerirán años para dominar.

    Un recordatorio de que ni siquiera el más grande escéptico acierta siempre en todo.

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