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Las mascotas de los budistas van al Cielo

¿Alguna vez han pensado que el perro del Dalái Lama podría ir al Cielo?

Al parecer, en esa superstición feudal tibetana, los hombres somos asquerosos y sólo detendremos el ciclo kármico hasta que lo hagamos perfecto, o sea hasta que nos desprendamos de todo lo que nos hace humanos.

Sin embargo, en Tailandia, los monjes budistas tienen tiquetes express con destino al Cielo, para las mascotas:

En el templo That Thong de Bangkok, una docena de familiares y amigos asisten con rostro compungido a las exequias de Bisho, un perro Golden Retriever que durante los últimos 15 años fue uno más de la familia.
Un monje budista recita mantras en pali, que repiten los asistentes al tiempo que se cogen de la mano o la posan en su vecino para aunar todo el mérito posible en favor de su querida mascota, cuyo cadáver será incinerado y sus cenizas echadas a las aguas del río.

Por supuesto, la entrada al cielo cuesta:

Las exequias de las mascotas, incluida la incineración, el féretro y el viaje para depositar las cenizas en el río, cuestan entre 3.000 baht (unos 96 dólares o 73 euros) y 10.000 baht (unos 323 dólares o 244 euros), dependiendo del tamaño del animal.

Y bueno, sabiendo cómo es el infierno budista, nadie querría que su mascota termine allá.

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