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Pseudociencia nutricionista

Los magufos abundan. No hay ámbito de la vida del que no se hayan apropiado. Desde el ecologismo hasta la gramática, en todos los ámbitos de la vida humana uno terminará encontrándose con personas que promueven las ideas más descabelladas, ambientadas con esoterismo hippie y buenrollismo de “vive y deja vivir”.

Por eso no es de extrañar que también los haya en la dieta y la nutrición. Les presento la ortorexia:

Es la obsesión enfermiza con estrictas dietas consideradas correctas. Típicamente la persona que sufre esa condición compra libros sobre alimentación sana, piensa todo el día en lo que puede comer o no, hace lista detallada de nutrientes permitidos y se llena de remordimientos si ingiere algún alimento prohibido. Frecuentemente critican o desprecian a quienes no siguen su dieta ortoréxica. Además, añadiría yo, intentan convencer repetidamente a otras personas de lo insalubre de sus hábitos nutricionales. Parece ser algo inofensivo y hasta beneficioso pues todos debemos ser más conscientes de lo que comemos. Pero algunos expertos llaman la atención sobre dos peligros.

Primero, la obsesión con ciertos alimentos puede ser el primer síntoma de una anorexia nervosa que es una enfermedad grave. Hay que poner atención a esta conducta sobre todo en mujeres adolescentes.

Segundo, las dietas ortoréxicas pueden llevar a malnutrición con deficiencia de oligoelementos (por ejemplo hierro) y vitaminas (por ejemplos las del grupo B). Una colega me contó hace algún tiempo que era vegetariana estricta desde hace varios años por razones espirituales, absolutamente respetables, pero estaba preocupada por dolores y sensaciones vagas en las piernas y ciertas lesiones en la piel. Me mostró las lesiones cutáneas y a mí me parecieron, sin ser dermatólogo, propias de una pelagra. La pelagra, “piel áspera”, es una enfermedad infrecuente en la actualidad causada por deficiencia de niacina (vitamina B3) o por una dieta dependiente de maíz. Es interesante que los antiguos pobladores de Mesoamérica quienes domesticaron el maíz en tiempos precolombinos usaban cal o ceniza en su preparación, como los pueblos centroamericanos hoy, y esto libera niacina del grano e impide su deficiencia en la dieta. En todo caso dietas vegetarianas estrictas como la mayoría de las seguidas en regímenes ortoréxicos podrían causar deficiencia de ciertos nutrientes y vitaminas.

¡Por supuesto que toda charlatanería conlleva peligros! Y la ortorexia no es la excepción. Sus bases no son científicas, no tiene evidencias detrás de sus afirmaciones y estas son más bien delirios de personas que no tienen nada mejor que hacer:

La ortorexia se fundamenta en la creencia que existe una dieta humana correcta, saludable, prescrita por Dios o la naturaleza (“Deus sive natura” diría Spinoza como lo he citado en una anterior columna). Y esto es discutible. Si aceptamos el contexto biológico de la evolución nuestros “parientes” más cercanos, chimpancés y monos superiores, no son estrictamente vegetarianos ni habitualmente carnívoros. Más bien son omnívoros y comen lo que tienen a mano, sobre todo en caso de necesidad.

Me patea un poco la sugerencia de “si aceptamos el contexto biológico de la evolución”. Pero dejando eso de lado, la precisión es correcta. De hecho, no me extraña encontrar que se cree que estas rutinas dietéticas anticientíficas se llevan a cabo con la esperanza de conseguir alguna recompensa saludable o curativa:

La fuerza de estas creencias dietéticas radica en el deseo utópico de prevenir muchas o todas las enfermedades. A pesar que la medicina moderna ha insistido en la prevención no podemos esperar evitar todas las enfermedades a punta de dieta.

De nuevo, las creencias irracionales ponen en peligro la salud humana.

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