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Más defensas de lo indefendible

Hace unos días Reinaldo Spitaletta defendió el asesinato en nombre del cuento de hadas contenido en el Corán como método legítimo para protestar contra su quema.

Es lo que hace la tendencia a culpar a EEUU por todo lo malo que pasa: las vidas se vuelven irrelevantes… siempre que sean estadounidenses. Una vez más, es la posición que adopta otro columnista de El Espectador, un tal Víctor de Currea-Lugo:

Ya se habían reportado ofensas al Corán tanto en Afganistán como en la cárcel de Guantánamo, sitio donde llevan años recluidos algunos afganos sin que haya solución a su drama, a pesar de las promesas de Obama de cerrar esta prisión durante su primer año de gobierno.

Reducir el Corán a unas “hojas impresas” es tan irrespetuoso como reducir el Muro de las Lamentaciones a unas piedras, o la Santa Cruz a un leño más. Puede que no compartamos su simbología, pero de ahí al insulto hay una gran diferencia. El Corán es razón para las protestas, pero la situación también es una oportunidad para protestar por otras cosas, como la actitud de Estados Unidos y las consecuencias de la guerra.

Ohh, qué dramático ver cómo arde el papel. ¡Súper dramático!

Cada vez más, los defensores de las aberraciones musulmanas llegan a un nuevo nivel de estupidez. El Corán es simplemente tinta sobre un papel que algunos toman como verdadero para cometer atrocidades. El Muro de las Lamentaciones sí son unas piedras y la ‘Santa’ Cruz es, simplemente, un pedazo de madera ficticio.

Legitimar el asesinato por la ira que a algunos les produce la quema de lo que bien podría ser una edición de Pinocho, realmente no deja de sorprenderme. Es increíble que haya tantos idiotas útiles dispuestos a rendirle respeto a algo simplemente porque otra persona lo considera sagrado.

Y usan su libertad de expresión para defender la censura. ¡Qué asco!

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