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Las aberraciones de Reinaldo Spitaletta

Ahhhh, creo que me van a sangrar los ojos. He tenido la malsana oportunidad y masoquista experiencia de leer un artículo de Reinaldo Spitaletta en el que sabe hacer ver a los gringos quemadores de libros como malvados monstruos imperialistas, mientras que los afganos asesinos serían unas mansas palomas. ¿Habrá derecho?

Pero quizá, lo peor de todo sea la forma en que Spitaletta tuerce la verdad y tergiversa la historia para incrementar su arsenal retórico, al mejor estilo Chomsky. Veamos:

Golpear símbolos de la identidad cultural de los pueblos es parte de las tácticas de los agresores. Incendiar bibliotecas, acabar con construcciones históricas, destruir documentos antiguos, ha sido una constante desde tiempos remotos, y de la cual los gringos no han sido la excepción. Bastaría con recordar, por ejemplo, la devastación que produjeron en ciudades iraquíes en las que también terminaron con elementos del patrimonio cultural no sólo de Irak sino de la humanidad.

No me alcanzan los números para contar la cantidad de inexactitudes y errores que caben en ese párrafo. ¡Eso es abusar del lenguaje!

Sí, el ejército de EEUU acabó con ciudades iraquíes, pero con los “elementos del patrimonio cultural no sólo de Irak sino de la humanidad” acabaron los mismos iraquíes. Ellos, cansados de un régimen opresor (¿les suena el nombre de Saddam Hussein? Pues él no era ninguna perita en dulce), aprovecharon la ausencia del dictador y sus esbirros para acabar con todo lo que se los recordara.

Como bien explica Spitaletta, los agresores golpean los símbolos de la identidad cultural de los pueblos. Así, por ejemplo, Saddam Hussein había empezado procesos de sincretismo entre su figura y los mitos persas, alimentando de esta forma su mesianismo. Y como cabe esperar, cuando el gato no está, los ratones hacen fiesta. Y en medio de la euforia iraquí, se destruyeron los ya de por sí profanados museos, y las bibliotecas.

No estoy acá defendiendo la invasión norteamericana, claro que no, pero no por estar en contra voy a culparlos de algo que no hicieron.

Sigue Spitaletta:

Y digo que ha habido acciones peores de los norteamericanos que quemar libros sagrados. Ni hablar, por ejemplo, de las bombas atómicas que arrojaron contra Nagasaki e Hiroshima, que no eran objetivos militares, cuando ya el Japón estaba vencido.

Esto ya pierde el tono ignorante y raya en la estupidez. Japón no estaba vencido:

En 1945, los EE.UU. tenían tres posibilidades frente a Japón. La primera era sencillamente retirarse del conflicto armado, una vez que las tropas imperiales japonesas fueran expulsadas de los territorios que previamente habían invadido en el Pacífico. Esto habría permitido la continuidad del fascismo japonés, y si bien el imperio japonés habría estado debilitado por su derrota en los teatros de operaciones del Pacífico, seguramente habría tenido la suficiente fortaleza como para rearmarse y lanzar una nueva guerra.

Ni ahora, ni en aquel entonces, esto ha sido visto como una opción sensata. Hay un abrumador consenso de que era necesario que Japón se rindiese y los aliados llegasen hasta Tokio, pues sólo de ese modo, podría asegurarse que el fascismo japonés fuese satisfactoriamente desmantelado.

Como por acción del azar, hay algo en lo que Spitaletta no se equivoca, al decir que las que las piras de libros son de lo más barbárico e inquisitorial que existe. Aunque deja de lado completamente el hecho de que por muy incivilizado que esto sea, no es ilegal ni un delito.

Aunque creo que esto es mucho pedirle a Spitaletta, quien da la impresión de no tener la menor idea de lo que es un delito:

“Rambo quema el Corán y Afganistán arde” tituló una publicación al dar cuenta no sólo del acto incivilizado sino de las tumultuarias protestas de los afganos contra las tropas estadounidenses y de la Otan. Las demostraciones han causado más de treinta muertos, algunos de ellos soldados de la coalición invasora. Y aunque Obama ya se disculpó (como de mentiritas), llaman la atención las palabras del precandidato republicano Rick Santorum. Según él y su prepotencia, los que debían disculparse son los agfanos “por sobre reaccionar” ante la quema.

Y su cinismo llega a límites impensados cuando dice que la reacción de los afganos “son el verdadero crimen, no lo que hicieron nuestros soldados”.

Pues por mucho que le duela a Spitaletta, yo no conozco ningún artículo del código penal que castigue la quema de libros. En cambio sí conozco el artículo que prohíbe el asesinato de personas.

Y por muy bárbaro que me parezca que es quemar libros, hay algo que encuentro más bárbaro e incivilizado: la justificación del asesinato con argumentos culturales y la tergiversación de los datos para favorecer el punto de vista propio. ¡Eso es mucho más retrogrado!

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