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El SENA está en la inmunda

El lector del blog Juan Parraos estudia en el Servicio Nacional de Aprendizaje (SENA).

Él me alertó sobre el precario estado de la institución, en la que se celebran misas y tienen un santo patrono.

En un correo de seguimiento, me contó esto (que publico con su autorización):

La semana pasada en una inducción al programa de bienestar al aprendiz, a la que acudimos varios grupos de diferentes carreras, expusieron dentro de las prohibiciones una muy bonita, no me acuerdo literalmente de ella pero explícitamente prohibía todo tipo de actividad proselitista a favor de cualquier partido o culto.
Ante la pereza del auditorio señalé lo evidente: ¿si es tan clara la prohibición, como por qué carajo hay una capilla en la entrada del instituto? La respuesta no tiene presentación: básicamente se dijo algo así como que la prohibición no era para ellos y que el catolicismo está en las entrañas de la institución desde su creación. ¡Ah! ¡y que todos los centros tienen o deben tener una capilla!

Tal vez fui cobarde por no debatir aquel tema allí mismo, pero a juzgar por la actitud del exponente ante la pregunta y otra desafortunada intervención de alguna directiva, así como posteriores comentarios de aprendices, allí no había ambiente para debate, es decir, terminarían todos apoyándose en su ignorancia colectiva. Me sentí solo. Pero creo que es importante intervenir y hacer este tipo de cuestionamientos.

Tiene razón – esa respuesta no tiene presentación. Mejor habrían dicho “Sí, nosotros violamos abiertamente la Constitución y promovemos una superstición particular con el dinero de todos los contribuyentes” y habría sido más honesto.

¿Qué clase de directivos deshonestos y que se limpian el culo con la Constitución son los que se están en ahí? ¿Qué clase de “servicio de aprendizaje” promueve verdades absolutas en vez de fomentar dudas?

Afortunadamente para Juan, él no está solo. Existe una comunidad secular en crecimiento y puede contar con nosotros, conmigo, para denunciar, desahogarse y criticar los excesos y la discriminación de los que se suponen son sus maestros. En realidad, no son más que peones que tienen la fortuna -y no se dan cuenta- de tenerlo como estudiante.

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