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En Zipaquirá no es sólo la Catedral de Sal

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Hoy acompañé a mis papás a visitar a unos amigos suyos que viven en Zipaquirá, pueblo que queda a 27 km de Bogotá.

Zipaquirá no es el pueblo más respetuoso de la Constitución. Lejos está de ese puesto, especialmente porque su principal atractivo turístico es una catedral hecha en su mina de sal, que fue promovida con recursos públicos y asimismo retorna el 51% de sus ingresos (al parecer, el 49% va para los amigos de Ever Bustamante, que fue el alcalde durante la remodelación).

De hecho, la misión de la Catedral (que es mantenida por el Estado) es:

Promover, fomentar e incentivar la Catedral de Sal como primera maravilla turística de Colombia, logrando mayor impacto en el mercado nacional e internacional, mediante la promoción efectiva en un ambiente religioso, arquitectónico, cultural y natural, brindando un excelente servicio.

Nada que hacer, ¡están dispuestos a promover la religión sin importarles si lo tienen constitucionalmente prohibido!

Pues, estaba hoy en el pueblo asombrado de que los festejos navideños y de fin de año fueran tan respetuosos de la aconfesionalidad del Estado: pasé cerca de algunos parques y no vi ninguna imagen religiosa, pasé por entidades estatales como la sucursal de la Superintendencia de Notariado y Registro y tampoco vi nada que tuviera que ver con la superstición cristiana o cualquier otro kit de creencias sobrenaturales; los postes de las calles estaban adornados con luces que formaban las imágenes de ositos de peluche encima de sombrillas y arbolitos de Navidad.

Y fue entonces cuando pasamos por enfrente de la Notaría Primera de Zipaquirá, que tenía en todo el ventanal un pesebre de luces:

Pues lo dicho: en Zipaquirá no es sólo la Catedral de Sal la que viola la Constitución al promover creencias religiosas con funciones y dineros públicos.

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