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Sí hay ateos en las trincheras

Durante mucho tiempo no supe qué quería decir ese cliché de “no hay ateos en las trincheras” (atheists in foxholes). Si no lo has oído, no te preocupes. Es un argumento que toma muchas formas, que más o menos viene a expresar que en momentos de extrema angustia, miedo, depresión, sosiego, desconsuelo, aflicción o congoja, cualquier persona le rogará a un ser superior, y dejarán su ateísmo de lado.

Eso no es cierto. Por ejemplo, Christopher Hitchens, quien ha puesto su vida en peligro más veces de las que se puedan contar, nunca se encomendó a ningún amigo imaginario. Y si lo hubiera hecho, ese no sería un mejor argumento para la existencia de dios, de si alguien se hubiera encomendado a Pinocho o los Padrinos Mágicos y luego tratara de decir que eso es argumento de su existencia.

Greta Christina lo explica con su estilo particular:

¿Qué pensarías si alguien le sostuviera este argumento a una persona de otra religión? “Claro, tú crees en el judaísmo – pero cuando el avión vaya en picado, te volverás a tu Señor y Salvador Jesucristo”? ¿Te parece que sería algo apropiado para decir?

¿O crees que es intolerancia religiosa, pura y simple? Independientemente de lo que personalmente creas acerca de Jesucristo y su capacidad para consolar a las personas en accidentes de avión… ¿renunciarías a este argumento por insensible y vacío en el mejor de los casos, y cruel e inhumano en el peor?

Entonces, ¿por qué es diferente sostenerle este argumento a los ateos?

Y la figura del “Vas a cambiar cuando estés enfrentando a la muerte de frente” tiene una calidad Schadenfreude que es realmente fea. Hace falta un sádico para regocijarse con un “te lo dije” con el potencial sufrimiento de los otros. Hay una cualidad casi de esperanza de eso que es profundamente inquietante. “Algún día, estarás enfermo y morirás con una enfermedad terrible, o estarás en un accidente terrible, o la persona que más amas en el mundo se irá de tu vida para siempre… ¡y entonces me darás la razón! ¡Entonces conocerás la gloria y majestad del Señor! ¡En tu cara!”

Más o menos así nos sentimos los ateos (y así deberíamos sentirnos, pues es el mismo argumento sólo que con diferentes palabras) cuando nos amenazan con que caeremos en tentaciones emocionales por causas de fuerza mayor ante los obstáculos que encontramos en la vida. Aunque, por supuesto, no es que yo conciba que se acepte a dios de una forma lógica y coherente. Siempre es necesario recurrir al absurdo y a la debilidad emocional.

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