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Pseudociencia para mujer

Yo no entiendo por qué la línea editorial de las revistas para mujeres tiene por política oficial tratarlas de estúpidas y darles consejos estéticos superficiales.

Ahora resulta que dan explicaciones basadas en la pseudociencia. En un artículo que explica relaciones amorosas que terminan y vuelven una y otra vez, empiezan por relatar los altibajos de Elizabeth Taylor con Richard Burton y luego explican que no es una cuestión de clase:

Pero no hay que tener sangre azul ni estrella en Hollywood para incurrir en esa clase de romance que muy bien resume la letra de un vieja canción: “ni contigo, ni sin ti”. Es un drama de todas las capas sociales y rangos de edad, y su frecuencia ha motivado a sicoanalistas como Anouchka Grose a explorar por qué una persona puede insistir tanto con una pareja que la irrita o la engaña.

Claro, el psicoanálisis da para todo. Dentro de poco explicarán la termodinámica con psicoanálisis.

En su reciente libro No more Silly Love Songs: A Realist’s Guide to Romance, esta experta dice que una razón para ello es que “queremos ver si podemos llevar las cosas mejor esta vez. Deseamos controlarlo todo mejor en aras de un resultado diferente”.

Ahh, qué sería del periodismo sin los publirreportajes. Ahh, sí: ¡periodismo!

En esta, como en otras situaciones, los adultos tienden a repetir patrones que experimentaron en la infancia, recuerda Grose. El hogar de Liz Taylor, por ejemplo, se vio afectado por el alcoholismo de su padre, y entonces ella cayó en una explosiva relación con un esposo también muy dado a la bebida, al igual que ella misma, quien varias veces estuvo internada en clínicas de rehabilitación. Por su parte, el papá de Sienna Miller, el banquero Ed Miller, dejó el hogar cuando ella tenía 6 años y el poco contacto que tuvieron desde entonces siempre fue muy conflictivo, de modo que, al parecer, ella revive esa pauta con Law.

Y no podían contenerse con los daddy issues. Psicoanalista tenía que ser.

Jane Ashbourne, otra sicoanalista que ha estudiado el asunto, encuentra esta hipótesis muy válida, pues cree que una hija que no ha tenido el afecto y el amor de su padre, en la edad adulta carecerá de la confianza para dejar definitivamente lo que siente que es familiar y seguro para ella, así sea en realidad algo problemático.

Pues al ser psicoanalista, sus conclusiones serán cualquier cosa, menos una opinión autorizada. Aunque tal vez sirvan como guión para una comedia. (Retiro lo dicho. Los comediantes no merecen esta odiosa comparación. Bill Maher y Louis CK sí que me han hecho reír en serio y no es justo que yo los rebaje al nivel de charlatanes).

Los estudiosos piensan además que las parejas que van y vuelven a cada rato así como son adictas al drama, suelen serlo a otras cosas. Como sucedía con Liz Taylor, quien en efecto podía armar una tormenta en un vaso de agua, una persona puede ser dependiente de las píldoras y de ahí pasar al alcohol. Cuando éste deja de funcionar, entonces sigue el turno para otras drogas o la comida y de ahí a volverse adicta a un amante sólo hay un paso. Es una sucesión fatal que concluye en que la persona no sabe qué es lo que quiere, coinciden los sicólogos.

Veamos a ver a quién se refieren por “estudiosos” estos redactores que ni siquiera saben escribir palabras con la raíz etimológica psico, de psyche, que siempre se han escrito con “p”.

“Es este tumultuoso patrón, que raya en la obsesión-compulsión, lo que explica la perversa danza de quienes se involucran en las relaciones boomerang: un juego masoquista que consiste en ser echado y echar, solo para tener al otro de regreso en tu vida y seguir los pasos predecibles una vez más”, comenta Stephanie Theobald, escritora de novelas sobre sexo y relaciones de pareja y editora asociada de Harper’s Bazaar.

Pues una estilista.

Otra escritora que ha explorado esta aparente necesidad de traiciones, reconciliaciones, más insultos y tiernos regresos es Lisa Appignanesi, quien en su nueva obra All about Love: Anatomy of an Unruly Emotion, recuerda a Freud en su idea de que “sin obstáculos, la vida pierde valor y se vuelve vacía”. En el caso del amor, ella cree que una vez que los novios, esposos o amantes se compenetran, el éxtasis se esfuma. “Fundirnos con el otro, puede hacernos sentir muy vulnerables, de modo que es necesario recrear la distancia. Así (por medio del rompimiento), podemos ver al objeto original de nuestra pasión de nuevo como ‘el otro’”, afirma.

Una escritora.

Por su parte, el escritor David Nicholls, quien también ha explorado en sus libros la complejidad del amor, confirma que el antagonismo subyace en la raíz misma de cada relación boomerang. En otras palabras, “es la fricción lo que causa la chispa, esa exasperante sensación de que, al tiempo que esa otra persona puede indudablemente volverte loco, es imposible concebir la vida sin ella”.

Y otro escritor.

Sus méritos académicos, algo relativamente necesario para tildar a alguien de “estudioso”, brillan por su ausencia.

Ojalá estas publicaciones dejaran de aprovechar los vacíos emocionales de su público objetivo para llenar sus páginas de vulgares contenidos anticientíficos para hacerlos pasar por realidad.

¿Que por qué veo revistas de mujeres? Pues, en primer lugar, soy periodista. Y en segundo lugar, me llegan a través de Google Reader como si fueran notas de la Revista Semana.

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