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Balas y cruces

Iba a comentar la noticia de que un sacerdote del Quindío salió de su cargo por pegarle a una mujer pero hubo algo que llamó poderosamente mi atención.

Resulta que no perdió su cargo de sacerdote sino como capellán dentro de las Fuerzas Armadas:

El sacerdote Carlos Andrés Vásquez, se retiró de sus funciones en la Octava Brigada la semana pasada, y después de eso se han conocido una serie de presuntas irregularidades cometidas, especialmente de supuestos malos tratos a los uniformados, y que habrían sido denunciadas por el pasado comandante de la institución ante la Diócesis Castrense, lo que generó su retiro de la institución.

Este es el momento en que sigo sin comprender muy bien por qué hay una diócesis castrense. Así que voy a la página del Comando General de las Fuerzas Militares de Colombia y se me ocurre mirar en los sitios de interés. Para mi sorpresa, el primer sitio de interés es el Obispado Castrense.

Como no tengo la menor idea de qué se supone que hace esa institución voy a ver quiénes son y me quedo de una pieza. Primero está su historia que comienza así:

La Iglesia Católica desde la época de la independencia, acompaña a los ejércitos libertadores para evangelizar, buscar la paz y servir de apoyo moral y espiritual. En Colombia, como en otros países azotados por la guerra, los capellanes del ordinariato Castrense acuden a las zonas de combate para atender a los efectivos de las Fuerzas Armadas estatales.

De hecho, la Iglesia no acompañó a los ejércitos libertadores. Ella siempre apoyó a los colonos españoles, que esa es su historia: siempre en contubernio con los déspotas y poderosos, al lado de dictadores y sátrapas.

Por si fuera poco, citan como documento esencial ese pedazo de idiotez condensada conocido como Constitución de 1886, desconociendo que existe la Constitución de 1991 y que establece un Estado aconfesional, o sea, laico, lo que significa que las entidades estatales -como las Fuerzas Armadas- no deben favorecer ninguna superstición por encima de las demás ni darle trato preferencia a una creencia, discriminando las otras creencias y la descreencia:

En 1886 la constitución establece la asistencia espiritual para los militares, para el año de 1949, el Papa Pío XII erigió el Vicariato Castrense de Colombia, con el fin de promover el bien espiritual a los soldados, infantes y policías, nombrando al arzobispo de Bogota y Primado de Colombia, Monseñor Ismael Perdomo como primer Vicario Castrense.

Ahh, Pío XII, el Papa amigo de Hitler. ¿Ese Pío XII?

Conteniendo las ganas de vomitar me fui a revisar la misión del dichoso Obispado:

Evangelizar en medio del conflicto a los miembros del sector Defensa y a sus familias, para que llevando una vida autenticamente cristiana, sean constructores de paz

Traducción: aprovechar el conflicto interno del país para adoctrinar a los miembros de las Fuerzas Militares para que sean unos completos cretinos, homófobos y machistas, que consideran que está bien encubrir los delitos de pderastia. Todo esto mientras que al unísono cantan que quieren la paz.

Luego quise ver la visión de este nido de pederastas parásitos de la fuerza pública:

Una Iglesia particular Castrense evangelizada, donde sus miembros, transformados interiormente por el encuentro con Cristo Vivo, lleguen a una conciencia evangelizadora de testimonio y anuncio; para que, como discipulos y misioneros de Jesucristo, trabajen en la construcción de una patria reconciliadora, libre, segura y en paz.

O sea, que disparen en nombre de Harry Potter, Supermán, Caperucita Roja, Pinocho, los Unicornios y las hadas.

Por último fui a leer sus valores y fue lo único con lo que estuve de acuerdo: la página está vacía.

Quise saber si esta impostura es pagada con fondos del Estado, o sea, con dinero de los contribuyentes y me fui a su centro de documentación, que es un completo chiste. Es una página con fotos, pésimas fotografías, de las portadas de algunos cuantos folletos que han impreso, algunos con los escudos del Ministerio de Defensa y de la Policía Nacional.

Luego me vi que tienen centros de adoctrinamiento de niños y algo que llaman organización, en donde hay un mapa conceptual y aquí fue donde las cosas se pusieron color de hormiga:

¡¡¡Resulta que hay una capellanía para el Ejército, otra para la Policía, otra para la Fuerza Aérea y otra para la Armada!!!

¡Y por supuesto, el directorio de todas las capellanías es inmenso!

Luego viene la pastoral de la familia [¡que hasta tiene un blog!], que consideran muy importante, pues la Iglesia Católica en vez de declararse abiertamente homofóbica y discriminadora, prefiere decir que “se preocupa por la institución de la Familia” y por eso se oponen al matrimonio homosexual, a las relaciones abiertas, a las relaciones poliamorosas y al sexo prematrimonial, todas estas, elecciones libres que puede hacer la persona y el Estado no debería favorecer una por encima de la otra ni promover instituciones que lo hacen.

En esa pastoral nos encontramos con estas perlas:

No se valora a la familia como núcleo de la sociedad.

¡Pues por supuesto, idiotas! Porque el núcleo de la sociedad es el individuo, la persona, que tiene unas libertades civiles básicas y un ciudadano que ejerce esas libertades es el núcleo de la sociedad. ¿Cuándo han visto que las familias emitan un voto grupal? ¡Nunca! Porque el núcleo de la sociedad es el individuo.

Han aumentado las uniones libres, las separaciones y el divorcio.

Así es. Esas son demostraciones básicas del ejercicio de las libertades individuales. Reto a su dizque todopoderoso dios a que vuelva a unir a todas las parejas separadas y divorciadas.

Se hace indispensable hablar sobre la dignidad de la mujer y su papel en las Fuerzas Armadas.

Valorar a la MUJER: uniformada, civil y esposa del uniformad

Esto es una completa burla a las mujeres, cuando viene de parte de una institución que se ha caracterizado por propagar que la mujer es inferior (empezando por Eva, la mujer-costilla, dependiente de Adán, su hombre) y se ha opuesto a que ejerzan con total libertad sus derechos reproductivos y sexuales, oponiéndose al aborto y a métodos anticonceptivos.

Ya, a punto de irme, visité el Seminario Castrense y encontré por lo menos un responsable:

Convencidos que las Fuerzas Armadas deben considerarse “como instrumentos de la seguridad y libertad de los pueblos, pues desempeñando bien esta función contribuyen realmente a estabilizar la paz” (1), Monseñor Víctor Manuel López Forero, junto al señor Ministro de la Defensa Nacional, General Oscar Botero Restrepo, crean el 4 de febrero de 1990 el Seminario Mayor Castrense de Colombia, con el propósito de formar de manera particular a los futuros capellanes castrenses y así responder a las necesidades especiales que se viven en la cultura militar.

Por supuesto, en 1990 seguía en vigencia esa oda a la estupidez que era la Constitución de 1886 y Oscar Botero no hizo nada que no se ajustara a la ley. Pero con la llegada de la Constitución del 91, que es considerablemente mejor que la anterior, el Seminario debió desaparecer.

Ya había criticado antes que el escudo de la Policía Nacional lleve el lema “Dios y Patria” y también critiqué que el título que le dan al comportamiento ético dentro de la tropa sea “Fe en la causa”. ¿Ahora esto?

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