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¡Que viva el Aborto! ¡Que viva!

Probablemente, aquello en lo que más diferimos algunos de los comentaristas del blog y yo es en el tema del aborto.

En más de una ocasión me han dicho, comentaristas progresistas, que en todo caso se oponen al aborto y que no lo hacen por razones religiosas sino por defender la vida. Es a ellos a quienes va dirigido este artículo.

Que alguien se oponga al aborto por motivos religiosos me trae sin cuidado. No me interesan los argumentos de esa persona, porque las religiones siempre se han caracterizado por recortar libertades y no me interesa debatir con alguien que defiende precisamente eso. No. Expongo mis puntos de vista para tres tipos de persona: para los indecisos, que buscan, ávidos, información. Para los que apoyan el aborto, como yo. Y especialmente para los que se oponen a él pero no por razones religiosas -que ellos sepan-. Vamos allá:

En primer lugar quiero decir que para mí el aborto hace parte de los derechos reproductivos y sexuales de las mujeres. No considero que deba ser un método anticonceptivo, pero sí una libertad básica dentro de cualquier sociedad medianamente civilizada.

Existen muchos motivos para oponerse al aborto. Casi ninguno es un argumento y me resulta curioso que muchos de los que dicen oponerse al aborto por razones no-religiosas, se apoyan en las mentiras con que los embaucadores profesionales han permeado la opinión pública.

Por ejemplo, aseguran que existe una nueva persona a partir del momento de la concepción -que suelen confundir con el embarazo-. Esto tiene muchos, pero muchísimos problemas.

El primero es de un corte fascista impresionante: quieren establecer que se es persona desde el momento en que el óvulo es fecundado y según ellos, afirmar que se es persona desde una etapa posterior es arbitrario, como si lo que ellos afirman no lo fuera. Por supuesto que las concepciones de persona son arbitrarias. Es tan arbitrario decir que se es persona desde el momento de la concepción como decir que se es persona después de respirar de forma independiente de la madre, así sea por una milésima de segundo, que es el concepto que se maneja en los códigos civiles derivados del escrito por Andrés Bello, o sea, en media Latinoamérica y es el concepto que yo admito de persona -tan arbitrariamente como ellos afirman que desde la concepción-.

El segundo es que, siguiendo ese orden de ideas, pueden existir personas que hayan sido concebidas naturalmente y sin embargo nunca hayan constituido un embarazo, pues sólo hay embarazo cuando hay nidación del óvulo fecundado y sólo hay nidación cuando el endometrio está preparado. En todos los demás casos ese cigoto se expulsa sin que se dé embarazo. En pocas palabras: dentro de las primeras dos semanas después de la fecundación, no existe ninguna persona; sólo un blastocito.

El tercero es que para hablar de “persona” es necesario hablar de individualidad. Y resulta que eso no es posible en las primeras dos semanas tras la fecundación:

Antes del día 14 después de la fecundación, el embrión aún puede dividirse para dar lugar a gemelos idénticos, por lo que antes de este período es imposible hablar de individualidad. La aparición del surco primitivo, que ocurre el día 14 después de la fecundación, determina el momento a partir del cual ya no se puede dividir el embrión para producir gemelos idénticos, pero en ese momento no existe todavía el tubo neural que dará origen al sistema nervioso.

Como corolario de esto, se plantea un cuarto problema frente a la noción de que existe una persona al momento de la fecundación (que es como decir que un huevo equivale a un pollo). Por mucho que les incomode, antes de la especialización celular, el cigoto no es más que un puñado de células:

Conforme avanza el desarrollo ontogénico, las células humanas se van diferenciando y organizando para formar los tejidos y los órganos, pero no por eso los tejidos y los órganos —los músculos, los huesos, la piel, el riñón, el hígado, el páncreas, los pulmones, el corazón, las glándulas, los ojos, etc.— son personas, pues entonces habría que concluir que la extirpación de un órgano, y aun de un tumor benigno o canceroso, equivaldría a matar miles de millones de personas; además, al trasplantar un órgano se estaría generando una monstruosa quimera formada por millones de personas dentro del cuerpo de otros millones de personas. Por todo lo anterior, el hecho de que el cigoto o el embrión humano en las primeras semanas de su desarrollo posea el genoma completo de la especie humana no es válido como argumento para considerar al cigoto o al embrión como un ser humano. Desde el punto de vista científico, el ser humano, la persona, es el resultado del desarrollo del organismo cuando éste alcanza la etapa de autonomía fisiológica —la viabilidad fuera del útero materno, ya que mientras tanto depende totalmente del aporte nutricional y hormonal de la mujer— y cuando su sistema nervioso ha adquirido la estructura y la funcionalidad necesarias para percibir estímulos sensoriales, experimentar dolor y adquirir conciencia y autonomía. El sistema nervioso central, y más específicamente la corteza cerebral —el área más desarrollada en los primates, y de entre los primates en el Homo sapiens— constituye el sustrato biológico que determina estas propiedades. Por lo tanto, hasta que no se desarrolle la corteza cerebral no se puede hablar de “vida humana”. Mientras esto no ocurre, la vida de un embrión no difiere sustancialmente de la de cualquier célula, órgano o tejido de un organismo multicelular vivo.

Y no podemos pasar por alto que parte vital de la experiencia humana y como persona es aquella de poder sentir. Sin un sistema nervioso central desarrollado el feto no puede sentir dolor y ciertamente tampoco tiene ninguna consciencia de su propia existencia, así que no hay fetos “llorando” porque su madre no los quiera o los vaya a abortar. Eso ha sido una cuestión de publicidad cristiana, recurriendo como siempre a la falacia, a los sentimientos, a las emociones, a la fábula, en vez de aportar argumentos y apoyarse en datos científicos -que ciertamente no los favorecen-.

A la luz de estos datos científicos -y no de la propaganda supersticiosa sensiblera y falaz-, puedo asegurar sin temor a equivocarme que dentro de los dos primeros trimestres no hay involucrada una segunda persona, sólo está la madre. Por tanto, el feto que consume recursos del cuerpo en que habita y no es deseado cumple exactamente con la condición de parásito.

Recapitulando: sólo hay embarazo después de los primeros 5 a 6 días de la fecundación. Sólo se puede hablar de futuro individuo después del día 14 de gestación. Y sólo se puede hablar de seres vivos con la capacidad de procesar estímulos sensoriales a partir de las semanas 24 a 25 de gestación. Un aborto antes de este plazo ciertamente acabaría con una vida, con genoma humano, pero ciertamente no con un ser humano y mucho menos una persona.

Habrá algunos que considerarán que esta exposición es una patente de corso para que las mujeres hagan con su cuerpo lo que a bien tengan, pero no lo es. Ellas pueden -y deberían- hacerlo sin que nadie les diera el permiso. Es su cuerpo y no el de nadie más. Ellas verán qué hacen con él. Yo no soy quién para decirles cuántas relaciones sexuales pueden tener ni con cuántas personas ni de qué sexo. Por eso los anti-derechos -comúnmente denominados eufemísticamente provida– suelen también ser partidarios de la virginidad y la castidad (todo en consonancia con decirle a los demás qué hacer y qué no hacer con sus cuerpos) y -vea uno por dónde- también suelen apoyar la pena de muerte y la cadena perpetua.

Y es entonces cuando la realidad adopta ese tono irónico y resulta que los países en los que hay menos abortos son aquellos que lo han legalizado y regulado:

Austria, Grecia, Croacia, Suiza, Bélgica y Alemania son, por este orden, los países europeos con una menor tasa de abortos. Ninguno supera las ocho interrupciones voluntarias de embarazo por cada mil mujeres. Todos tienen ley de plazos: se permite a la mujer decidir libremente durante las primeras 12 semanas de gestación (las leyes de Austria y Suiza dicen el primer trimestre) y además establecen una serie de supuestos excepcionales para las semanas posteriores.

Si uno fuera congruente y racional, cosa que los antiderechos no, uno estaría en favor de leyes que legalicen y regulen el aborto, con tal de reducir la tasa de abortos. En cambio, si uno quisiera acabar con las libertades ajenas (si le molestara que las mujeres tuvieran autonomía e independencia de lo que hacen con su cuerpo), buscaría prohibir el aborto en todas las circunstancias.

Ahora, bien. No sólo me estoy basando en la ciencia, que debería ser más que suficiente, sino que también lo hago desde una perspectiva jurídica.

Como mencioné, en los códigos civiles derivados del napoleónico -como en aquellos extraídos del original que Andrés Bello redactó para Chile-, podemos encontrar que ya desde principios del siglo XIX se entendía que se es persona justo después de que puede respirar sin depender de la madre, o en palabras de Ricardo Tapia, investigador emérito y profesor en el Instituto de Fisiología Celular de la Universidad Nacional de México, cuando el organismo “alcanza la etapa de autonomía fisiológica”, o sea, “la viabilidad fuera del útero materno”.

El Código Civil colombiano -ordenamiento jurídico al cuál estoy sujeto-, señala en su artículo 90:

La existencia legal de toda persona principia al nacer, esto es, al separarse completamente de su madre.

La criatura que muere en el vientre materno, o que perece antes de estar completamente separada de su madre, o que no haya sobrevivido a la separación un momento siquiera, se reputará no haber existido jamás.

Así es: el no nacido no genera ningún efecto jurídico, ni derechos, ni obligaciones.

En consecuencia, en el Código Penal, el aborto es un delito distinto del homicidio. En el uno se está matando a un no-nacido, mientras que en el otro se está matando a una persona. Yo velo por la legalización del aborto en todos los casos, salvo cuando ponga en riesgo la vida de la futura madre.

Es entonces cuando llegará el pseudoargumento leguleyo de que los tratados internacionales tienen prioridad por encima de las leyes nacionales y que la legislación internacional protege al no-nacido.

La primera parte de la premisa es cierta y válida. La segunda no.

Primero, hay que aclarar que no existe algo así como “legislación” internacional, pues el término “legislación” se emplea cuando hay un órgano centralizado que emite leyes y en vista de que no hay ningún órgano legislativo internacional, no hay tal cosa como “legislación internacional”.

Segundo; aún si el Derecho Internacional -esa es la terminología adecuada- protegiera al no nacido, eso no cambiaría el hecho de que se estaría frente a un cuerpo jurídico completamente anticientífico -como ya expuse-.

Y tercero y más importante: el Derecho Internacional protege antes a las mujeres que a los no nacidos y de hecho garantiza y exhorta a los Estados a que ofrezcan el derecho a abortar como mecanismo de sanidad y protección de las mujeres, garantizando así su igualdad de derechos con los hombres.

Para la muestra, podemos remitirnos al Comité para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer de las Naciones Unidas.

Ya en 1992 en su Recomendación General 19: La violencia contra la mujer, el Comité (o CEDAW, su sigla en inglés) recomendó a los Estados Partes asegurar

que las mujeres no se vean obligadas a buscar procedimientos médicos riesgosos, como abortos ilegales, por falta de servicios apropiados en materia de control de la natalidad.

Y en su Recomendación General No. 24 sobre Mujer y Salud se destaca:

Los Estados Partes deberían informar sobre cómo interpretan la forma en que las políticas y las medidas sobre atención médica abordan los derechos de la mujer en materia de salud desde el punto de vista de las necesidades y los intereses propios de la mujer y en qué forma la atención médica tiene en cuenta características y factores privativos de la mujer en relación con el hombre, como los siguientes:

[…] d) La falta de respeto del carácter confidencial de la información afecta tanto al hombre como a la mujer, pero puede disuadir a la mujer de obtener asesoramiento y tratamiento y, por consiguiente, afectar negativamente su salud y bienestar. Por esa razón, la mujer estará menos dispuesta a obtener atención médica para tratar enfermedades de los órganos genitales, utilizar medios anticonceptivos o atender a casos de abortos incompletos, y en los casos en que haya sido víctima de violencia sexual o física.

Los Estados Partes también deberían, en particular:

[…] c) Dar prioridad a la prevención del embarazo no deseado mediante la planificación de la familia y la educación sexual y reducir las tasas de mortalidad derivada de la maternidad mediante servicios de maternidad sin riesgo y asistencia prenatal. En la medida de lo posible, debería enmendarse la legislación que castigue el aborto a fin de abolir las medidas punitivas impuestas a mujeres que se hayan sometido a abortos

También podemos repasar lo que dijo la Relatoría sobre los Derechos de la Mujer de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en su documento de Acceso a Servicios de Salud Materna desde una Perspectiva de Derechos Humanos:

En la Conferencia Internacional de las Naciones Unidas sobre Población y Desarrollo realizada en El Cairo en 1994, más de 171 Estados acordaron los siguientes objetivos en relación a la salud de las mujeres y la maternidad:

(a) Promover la salud de las mujeres y la maternidad sin riesgo a fin de lograr una reducción rápida y sustancial en la morbilidad y mortalidad maternas y reducir las diferencias observadas entre los países en desarrollo y los desarrollados, y dentro de los países. Sobre la base de un esfuerzo decidido por mejorar la salud y el bienestar de la mujer, reducir considerablemente el número de muertes y la morbilidad causados por abortos realizados en malas condiciones;

[…] Entre las medidas acordadas, se estableció incrementar la prestación de servicios de maternidad en el marco de la atención primaria de la salud. Dichos servicios, basados en el concepto de la elección basada en una información correcta, deberían incluir la educación sobre la maternidad sin riesgo, cuidados prenatales coordinados y eficaces, programas de nutrición materna; asistencia adecuada en los partos evitando el recurso excesivo a las operaciones cesáreas y prestando atención obstétrica de emergencia; servicios de remisión en los casos de complicaciones en el embarazo, el parto y el aborto, atención prenatal y planificación de la familia. Todos los nacimientos deberían contar con la asistencia de personas capacitadas, de preferencia enfermeras y parteras, o al menos comadronas capacitadas.

De hecho, la Comisión sí ha hablado en términos negativos sobre el aborto. En los casos en los que lo ha hecho, siempre ha sido señalando los abortos ilegales, mal practicados, que se cobran las vidas de muchas mujeres y niñas todos los años por la estúpida y anticientífica postura legislativa de algunos Estados manifiestamente retrógrados. Tal como lo expresó en el documento Justicia e Inclusión Social: Los Desafíos de la Democracia en Guatemala del 2003, por mencionar uno.

Esa es básicamente la misma postura de la ONU, que se puede encontrar recogida en la Observación General No. 4, La salud y el desarrollo de los adolescentes en el contexto de la Convención sobre los Derechos del Niño de su Comité sobre los Derechos del Niño. Curioso: en defensa de los derechos de los niños sólo se condenan los abortos practicados en pésimas condiciones sanitarias, producto de la prohibición.

Ahora bien, todavía me queda un tema por tratar. Rebajándome al nivel sensiblero y emotivo de los que argumentan con cara de horror que se está “matando a una persona“, me permito divagar un poco:

¿Por qué traer al mundo un niño que no va a ser amado por su familia o que será entregado a una institución tipo orfanato (acá en Colombia las condiciones de vida de los orfanatos dan lástima, empezando por el ICBF)? ¿Por qué condenar a alguien desde que es un puñado de células a una vida que no será tan feliz como la de un hijo deseado? Uno no va a donde no lo quieren. ¿Por qué esa futura persona debe pagar con su vida por que a algunos les parece mejor “el derecho a la vida” -indigna, triste, miserable, no deseada, no pedida, impuesta-?

El argumento de que “la vida es el mejor regalo” es un chiste de pésimo gusto, cuando es pronunciado por alguien que considera que la vida en la Tierra es un “valle de lágrimas” y que hay que sufrir estoicamente para poder acceder al “reino de los cielos”. Es una farsa, una completa falta de coherencia ideológica y ética -que no es que espere algo distinto de los creyentes-, un estribillo aprendido. ¿Cómo puede ser la vida un gran regalo, si uno es el séptimo hijo de una familia, no de escasos sino de nulos recursos económicos? ¿Cómo es que condenar a una familia a dividir sus ingresos entre más bocas que alimentar es “el mejor regalo”? ¿Hacer que más personas pasen hambre es un gran regalo?

Seguramente si uno es un conservador acomodado, le parecerá que sí -al mejor estilo de la fraudulenta Teresa de Calcuta-, pero hablando desde la perspectiva de los derechos humanos, condenar a alguien que no hizo nada -ni siquiera un pecado original– a morirse de hambre es una atrocidad inaudita, una aberración del tamaño de un castillo.

Yo agradezco que mis papás me quisieron traer al mundo y me genera una profunda tristeza aquellos niños que no son vistos en su casa como un tesoro, que son maltratados, que son sometidos a humillaciones y castigos bárbaros, que tienen que oír de sus padres que mejor que no hubieran nacido, que son quemados, o heridos físicamente. Me molesta hasta las fibras éticas más profundas de mi ser, que haya niños que no sólo no son deseados sino que además son traídos al mundo para que sus padres cobren más ayudas estatales, o los niños que son traídos al mundo con el único fin de que sean los cuidadores de sus padres cuando estos sean viejos y no puedan ver por sí mismos.

Eso son conductas de un utilitarismo pasmoso. ¿Qué le hace creer a alguien que puede utilizar la vida de alguien más -sin importar si es su hijo- para su exclusivo beneficio? ¿Cómo demonios están conectadas las neuronas en la cabeza de quien concibe una vida humana, quien trae al mundo a una persona, motivado por intereses egoístas? O mejor dicho: ¿están conectadas las neuronas en esa cabeza? Porque suponer que los niños son un medio para conseguir cualquier fin es de un degradante más allá de lo concebible. ¡Da asco!

Sólo un cretino defendería el uso de los hijos como si fueran su propiedad en vez de personas individuales, independientes, autónomas, que por el simple azar tuvieron la mala fortuna de nacer en una familia que no los guiará por el mundo, otorgándoles las herramientas necesarias y los elementos de juicio hasta que se puedan defender solos, sino que los utilizará como si ellos fueran las herramientas.

Me quedo con esta frase:

No es cruel traer un niño a este mundo atestado, enfermo por las guerras y por el hambre, con una posibilidad entre miles o decenas de miles de tener una vida que podemos considerar “buena”. No. Por lo visto lo cruel es evitar una vida indigna y llena de precariedad.

Qué rápido se olvida que tan solo una pequeñísima parte de los casi siete mil millones de seres humanos que pueblan la Tierra tiene una vida decente, y que la gran mayoría casi preferiría no haber nacido en vez de tener que subsistir como subsisten (sí, subsistir, la gran mayoría del mundo subsiste, no vive).

Por último, amigo antiderechos, me gustaría invitarte a un acto de contrición. Sólo es que sigas leyendo:

¿Te puedes sostener a ti mismo? Si no lo haces, no estás en capacidad tampoco de darle una vida digna a nadie más. Y por ese simple hecho, eres un hipócrita. No puedes gritar al mundo “NO al aborto” y ya, no hacer nada al respecto. Si dices “No al aborto”, tienes que ser congruente y ofrecerle soluciones a los que abortan. Ellos no lo hacen por probar la experiencia, como si fuera una montaña rusa. ¡NO! Ellos lo hacen porque TIENEN UN PROBLEMA y si no vas a aportarles o ayudarles con soluciones alternativas NO deberías ponerte en el camino de su única alternativa.

Si por el contrario, sí te puedes sostener a ti mismo, ¿te alcanza para sostener a alguien más? Si no, vuelve al párrafo anterior.

Si puedes sostener a alguien más, ¿lo haces? Si no, vuelve al párrafo anterior.

Si sostienes a alguien más, ¿te sobra para sostener a alguien a quien todavía no sostienes? Si no, remítete al párrafo ya mencionado.

Si te sobra para sostener a alguien a quien todavía no sostienes, ve al frente de una clínica abortista y ofrécete a adoptar al futuro nacido. Una vez hecho esto y estés sosteniendo a un bebé que tenía como futuro “la negación del mejor regalo”, como lo llamas, si sigues siendo antiabortista, vuelve a ir al frente de la clínica abortista y vuelve a proponerle a una futura madre que en vez de que aborte, tú adoptas. Después de haber hecho esto 10 veces y tener que alimentar 10 bocas nuevas, estarás en todo el derecho de criticar a las abortistas y los pro-elección sin que te llamen hipócrita, antes no.

Por todos estos motivos, no puedo sino exclamar ¡Que viva el aborto! ¡Qué viva!

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