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Lente Escéptico: Platón

Normalmente se reconoce a tres como los padres de la filosofía moderna: Sócrates, su discípulo Platón y el discípulo de este, Aristóteles.

Sin embargo, ellos no fueron los primeros filósofos. El curso que ha tomado la historia ha favorecido esta versión oficial, pero hay mucho más al respecto de lo que se cuenta.

En primer lugar, vale la pena repasar quién fue Platón. Según Wikipedia (matriz de las versiones oficiales):

fue un filósofo griego, alumno de Sócrates y maestro de Aristóteles, de familia noble y aristocrática. Platón (junto a Aristóteles) es quién determinó gran parte del corpus de creencias centrales tanto del pensamiento occidental como del hombre corriente (aquello que hoy denominamos “sentido común” del hombre occidental) y pruebas de ello son la noción de “Verdad” y la división entre “doxa” (opinión) y “episteme” (ciencia).

Tiene una abultada obra y con el paso del tiempo Platón fue condensando su propuesta sobre cómo debían funcionar la sociedad, el Estado y las relaciones sociales.

Como primera aproximación vale la pena citar sus propias palabras.

De La República, vale la pena resaltar:

Dime una cosa, Glaucón: veo que en tu casa hay perros cazadores y gran cantidad de aves de raza. ¿Acaso, por Zeus, no prestas atención a los apareamientos y crías de estos animales?
-¿Cómo? -preguntó.
-En primer lugar, ¿no hay entre ellos, aunque todos sean de buena raza, algunos que son o resultan mejores que los demás?
-Los hay.
-¿Y tú te procuras crías de todos indistintamente o te preocupas de que, en lo posible, nazcan de los mejores?
-De los mejores.
-¿Y qué? ¿De los más jóvenes o de los más viejos o de los que están en la flor de la edad?
-De los que están en la flor.
-Y, si no nacen en estas condiciones, ¿crees que degenerarán mucho las razas de tus aves y canes?
-Sí que lo creo -dijo.
-¿Y qué opinas -seguí- de los caballos y demás ani males? ¿Ocurrirá algo distinto?
-Sería absurdo que ocurriera -dijo.
-¡Ay, querido amigo! -exclamé-. ¡Qué gran necesidad vamos a tener de excelsos gobernantes si también sucede lo mismo en la raza de los hombres!

Pues bien, tomarán, creo yo, a los hijos de los mejores y los llevarán a la inclusa, poniéndolos al cuidado de unas ayas que vivirán aparte, en cierto barrio de la ciudad, en cuanto a los de los seres inferiores -e igualmente si alguno de los otros nace lisiado-, los esconderán, como es debido, en un lugar secreto y oculto. Eso es, si se quiere que la raza de los guardianes se mantenga pura.

Enviarán al campo -dije- a todos cuantos mayores de diez años haya en la ciudad y se harán cargo de los hijos de éstos, sustrayéndolos a las costumbres actuales y practicadas también por los padres de ellos, para educarlos de acuerdo con sus propias costumbres y leyes, que serán las que antes hemos descrito. ¿No es este el procedimiento más rápido y simple para establecer el sistema que exponíamos de modo que, siendo feliz el Estado, sea también causa de los más grandes beneficios para el pueblo en el cual se dé?

Sois, pues, hermanos todos cuantos habitáis en la ciudad -les diremos siguiendo con la fábula-; pero, al formaros los dioses, hicieron entrar oro en la composición de cuantos de vosotros están capacitados para mandar, por lo cual valen más que ninguno; plata, en la de los auxiliares, y bronce y hierro, en la de los labradores y demás artesanos. Como todos procedéis del mismo origen, aunque generalmente ocurra que cada clase de ciudadanos engendre hijos semejantes a ellos, puede darse el caso de que nazca un hijo de plata de un padre de oro o un hijo
de oro de un padre de plata o que se produzca cualquier otra combinación semejante entre las demás clases. Pues bien, el primero y principal mandato que tiene impuesto la divinidad sobre los magistrados ordena que, de todas las cosas en que deben comportarse como buenos guardianes, no haya ninguna a que dediquen mayor atención que a las combinaciones de metales de que están compuestas las almas de los niños. Y si uno de éstos, aunque sea su propio hijo, tiene en la suya parte de bronce o hierro, el gobernante debe estimar su naturaleza
en lo que realmente vale y relegarle, sin la más mínima conmiseración, a la clase de los artesanos y labradores. O al contrario, si nace de éstos un vástago que contenga oro o plata, debe apreciar también su valor y educarlo como guardián en el primer caso o como auxiliar en el segundo, pues, según un oráculo, la ciudad perecerá cuando la guarde el guardián de hierro o el de bronce.

A menos -proseguí- que los filósofos reinen en las ciudades o cuantos ahora se llaman reyes y dinastas practiquen noble y adecuadamente la filosofía, vengan a coincidir una cosa y otra, la filosofía y el poder político, y sean detenidos por la fuerza los muchos caracteres que se encaminan separadamente a una de las dos, no hay, amigo Glaucón, tregua para los males de las ciudades, ni tampoco, según creo, para los del género humano ; ni hay que pensar en que antes de ello se produzca en la medida posible ni vea la luz del sol la ciudad que hemos trazado de palabra.

-Demasiada libertad parece, pues, que no termina en otra cosa sino en un exceso de esclavitud lo mismo para el particular que para la ciudad.
-Así parece, ciertamente.
-Y por lo tanto -proseguí- es natural que la tiranía no pueda establecerse sino arrancando de la democracia; o sea que, a mi parecer, de la extrema libertad sale la mayor y más ruda esclavitud.

-¿Y así el pueblo suele siempre escoger a un determinado individuo y ponerlo al frente de sí mismo mantenerlo y hacer que medre en grandeza?
-Eso suele hacer, en efecto.
-Resulta, pues, evidente -proseguí- que, dondequiera que surge un tirano, es de esta raíz de la jefatura y no de otro lado de donde brota.

Las Leyes también contiene fragmentos interesantes:

Organización militar es el tema de numerosas consultas y de muchas leyes apropiadas. De todos los principios, el más importante es que nadie, ya sea hombre o mujer, debe carecer de un jefe. Tampoco ha de acostumbrarse el espíritu de nadie a permitirse obrar siguiendo su propia iniciativa, ya sea en el trabajo o en el placer. Lejos de ello, así en la guerra como en la paz, todo ciudadano habrá de fijar la vista en su jefe, siguiéndolo fielmente, y aun en los asuntos más triviales deberá mantenerse bajo su mando. Así, por ejemplo, deberá levantarse, moverse, lavarse, o comer… sólo si se le ha ordenado hacerlo. En una palabra: deberá enseñarle a su alma, por medio del hábito largamente practicado, a no soñar nunca actuar con independencia, ya tornarse totalmente incapaz de ello.

El país debe tener vigilancia de la siguiente manera: hemos dividido todo el país en la medida de lo posible, en doce partes iguales: a cada parte de una tribu, se asignará por sorteo, y se referirá a Cinco hombres para actuar como administradores de la tierra y vigilantes; será el deber de cada uno de los Cinco para seleccionar doce hombres jóvenes de su propia tribu entre los 25 y los 30 años de edad. A estos grupos de doce las doce partes del país serán asignadas, una por cada uno y rotarán mensualmente, de modo que todos ellos puedan adquirir experiencia y conocimiento de todas las partes del país. La duración de su mandato y de servicio para los guardias y oficiales será de dos años. De la porción en el que se encuentran la primera vez del sorteo pasarán de mes en mes al siguiente distrito, bajo la dirección de la guardia de los capitanes, en dirección de izquierda a derecha, – y que será de oeste a este. Los sesenta deben cuidar su propio distrito, no sólo por los enemigos, sino también por aquellos que profesan ser amigos. Y si uno cualquiera de los vecinos extranjeros o de los ciudadanos lesiona a otro ciudadano, sea el culpable un esclavo o un hombre libre, los magistrados de la denunciante serán los Cinco oficiales en los casos menores y los cinco con sus doce subordinados en casos más serios dónde el reclamo por daños supere los tres minae.

El modo de vida de los oficiales y administradores de la tierra durante sus dos años de servicio serán como sigue. En primer lugar, en cada uno de los distritos habrá comidas comunes, en las que todos los comedores estarán juntos. Si un hombre se ausenta un día, o por dormir lejos en la noche, sin órdenes de los oficiales o alguna causa urgente, y si los Cinco informan contra él y después ponen su nombre en la plaza del mercado como culpable de abandonar a su guardia, entonces deberá ser degradado por traición a su deber público y quienquiera que se encuentre con él y desee castigarlo puede darle una paliza con impunidad. Y si alguno de los mismísimos oficiales comete un acto de este tipo, será adecuado que todos los Sesenta lo vigilen y si alguno de ellos escucha o se entera de que cometió un acto así, pero falla al enjuiciarlo, será condenado como responsable y deberá ser castigado más severamente que los jóvenes; deberá ser completamente descalificado para ejercer cargos de alguna jerarquía sobre los jóvenes. En estos asuntos, los guardianes de la Ley deben ejercer una supervisión más cuidadosa para prevenir que esto ocurra y en la eventualidad de que pase, que se aseguren que se castigue con todo lo que se merecen.

El novio y la novia deben tener como objetivo para producir niños para el Estado de la mayor bondad y belleza posibles. Todas las personas que son socias en cualquier acción producen resultados que son justos y buenos cuando se lo proponen y lo hacen, pero se dan los resultados opuestos cuando no se ponen metas o fallan en alcanzarlas. El novio, entonces, debe centrar su mente tanto en la novia como en la procreación, lo mismo que la novia, en especial en el momento en que no han tenido descendencia. Quedarán a cargo a las instructoras que hemos elegido… El período de procreación y supervisión no debe ser superior a los diez años, siempre que haya algún problema de abundante descendencia. pero en caso de que no tengan este problema, habrán de consultar un consejero para decidir qué condiciones son ventajosas para ambas partes, sus parientes y las funcionarias y se divorciarán. Si surge alguna controversia en cuanto a lo que le corresponde a cada parte, elegirán a diez guardianes de la Ley, y se atendrán a lo que ellos permitan o impongan. Las inspectoras entrarán en las casas de los jóvenes, y, en parte con amenazas, en parte advertencias, detendrán su pecado y locura: si no pueden hacerlo, deberán denunciar el caso ante los guardianes de la Ley, y ellos los prevendrán. Si también son incapaces, deberán informar al Consejo de Estado, El hombre que es, pues, denunciado, – si no logra derrotar a aquellos que lo han denunciado en los tribunales de justicia, – deberá sufrir las siguientes penas privativas: no podrá atender a matrimonios ni fiestas de cumpleaños de los niños, y si lo hace, cualquiera que lo desee podrá castigarlo impunemente a golpes. La misma regla se tendrá para las mujeres: la ofensora no tomará parte en las excursiones femeninas, honores o invitaciones a bodas o fiestas de cumpleaños, si de manera similar ha sido denunciada como desordenada y ha perdido el juicio. Y cuando hayan terminado de producir niños de acuerdo con las normas, si el hombre tiene relaciones sexuales con una mujer extraña, o la mujer con un hombre, mientras estos últimos están en una etapa reproductiva, serán sancionados con la misma pena propuesta para los que siguen produciendo niños. A partir de entonces, el hombre y la mujer que sean sensatos en estos asuntos, deberán ser bien reputados en cada sentido, pero el tipo opuesto de estima recaerá sobre personas con un carácter adverso a ese.

Y por último con hacer un par de citas de El Político, bastará:

Debemos buscar el tipo de regla adecuada en uno o dos hombres o muy pocos hombres, cada vez que la regla adecuada se produce. Y estos hombres, ya sea que rijan sobre súbditos dispuestos o no, con o sin leyes escritas, sean ricos o pobres, deben… ejercer su norma de acuerdo con algún arte o ciencia. Entre las formas de gobierno hay uno preeminentemente correcto y es el único gobierno real, en el que los gobernantes se encuentran realmente poseídos por la ciencia, en vez de sólo parecer poseídos por ella, ya sea que gobiernen siguiendo la ley o rompiéndola, ya sea que sus súbditos estén dispuestos o no, y ya sea que ellos mismos sean ricos o pobres – ninguna de estas cosas pueden ser todas tenidas en cuenta en cualquier método adecuado. Y si purga al Estado matando o desterrando a algunos de los ciudadanos, o reduciéndolo, enviando colonias a alguna parte, como un enjambre de abejas de la colmena, o traer a sus ciudadanos de otra parte para hacer más grande el Estado, mientras actúe conforme la ciencia y la justicia y lo preserven y beneficien haciéndolo mejor de lo que estaba, tanto como sea posible, en ese momento y con esas características esa debe ser declarada la forma correcta de gobierno. Todas las demás formas deben ser consdieradas como ilegítimas o inexistentes, pero mientras imiten esta, esos Estados que se dice que están bien gobernados la imitarán mejor y aquellos que no, la imitarán peor. Es evidente que legislar pertenece a la ciencia de la Realeza, pero lo mejor es que no serán las leyes las que estén en el poder, sino que en él estará el hombre que es sabio y que sea gobernante por su naturaleza Real. … la ley nunca podría, determinar con exactitud qué es lo más noble y debe solamente para uno y todos ellos, ordenarles cuál es el mejor; con las diferencias entre hombres y acciones y el hecho de que nada en la vida humana está en reposo, prohibe cualquier ciencia que promulgue cualquier sencilla norma para todo y para todos los tiempos.

[Los reyes filósofos deben] tomar la ciudad y las personalidades de los hombres, como harían con un tablero, y limpiarlos – no es tarea fácil. Pero en cualquier caso usted sabe que este sería el primer punto de diferencia con los reformistas comunes y corrientes: se negarían a tomar la mano ya sea de un individuo o del Estado, o a legislar a no ser que les entregaran una pizarra limpia o la limpiaran ellos mismos.

Por supuesto, hubo algunos contemporáneos de Platón que no compartían sus tesis. El principal fue Demócrito de Abdera, consolidándose como uno de los padres del Hedonismo y ciertamente, junto con Leucipo, un exponente del Atomismo.

Después de él, llegaría Epicuro, cuyas tesis fueron un desarrollo del antiplatonismo. Al igual que Demócrito, fue exponente del hedonismo y del atomismo y a pesar de que se le considera un plagiario de la obra del abderita, hubo diferencias centrales entre ambos. La principal, expuesta por Karl Marx en su tesis de grado (Diferencia entre la filosofía de la naturaleza de Demócrito y la de Epicuro) es que Demócrito era determinista (explicaba los fenómenos a partir de la necesidad) mientras que Epicuro, no (él explicaba los fenómenos basándose en el azar).

Y ¿por qué se dice que el epicureísmo es un desarrollo del antiplatonismo? Pues resulta que para Platón, había dos mundos: el de las ideas y el mundo material. ¿Cuál era su relación? El mundo material era una copia imperfecta del mundo de las ideas, malo, sucio. A partir de ese sencillo aunque peligroso paradigma, Platón expone todos sus planteamientos. El mejor ejemplo es el Mito de la Caverna, del cual se desprende que el Bien, es todo aquello que hace parte del mundo de la metafísica, mientras que el mundo físico es una vana ilusión, condenable.

Para Epicuro, el mundo físico es el único que existe. No hay dioses, ni alma, ni mundo metafísico. Por eso, mientras que Platón abogaba por la búsqueda de la virtud (del alma), Epicuro aboga por la satisfacción de los placeres corporales y la ausencia de aflicciones (ataraxia).

Sin embargo, las corrientes alternativas al pensamiento platónico desaparecieron en la medida en que el cristianismo se fue haciendo más fuerte, hasta desaparecerlas casi por completo, para no volver a ser desenterradas sino hasta después de la Edad Media, cuando Platón, su maestro y su discípulo, se habían apropiado del altar de la filosofía occidental. ¿Y por qué se tuvo que meter el cristianismo? Pues resulta que el platonismo y sus derivados son excelente caldo de cultivo de la moral cristiana: odio al cuerpo, preservación del alma, maniqueísmo y por supuesto, si son emisarios del mundo de las ideas (el Paraíso), no pueden equivocarse, por ende, toda afrenta a sus planteamientos debe ser perseguida.

El primero en suponer un desafío al platonismo, cuando la Edad Media empezaba su lenta retirada, fue Baruch Spinoza. A pesar de que no criticó directamente las propuestas de Platón, sí fue el precursor del ateísmo y padre del panteísmo, que se erigía sobre el monismo (concepto opuesto al dualismo, tan vital al maniqueísmo platónico). El hecho de haber sido condenado al ostracismo por los judíos luego de que sus obras (sólo publicó dos en vida) fueran puestas en el índice de libros prohibidos de la Iglesia Católica y quemadas por los protestantes holandeses, puede ser considerado como suficiente mérito.

A principios del Siglo XIX, empezó la crítica directa a Platón y su legado. Los primeros en aportar este enfoque directo fueron los Padres Fundadores de EEUU.

Por ejemplo, en las varias correspondencias entre Thomas Jefferson y su amigo y oponente político, John Adams, se encuentra el consenso al que llegaron sobre rechazar de plano el acercamiento platónico a la educación. Al respecto, contamos con la recopilación de este intercambio epistolar en el libro The Adams-Jefferson Letters: The Complete Correspondence Between Thomas Jefferson and Abigail and John Adams.

Por ejemplo, en una carta fechada el 5 de Julio de 1814, el autoproclamado epicureo Jefferson le dice a Adams:

Me divertí con la lectura seria de de la república de Platón… Mientras que vadeaba a través de los caprichos, las puerilidades, y la jerga ininteligible de este trabajo, bajaba el libro a menudo para preguntarme a mí mismo ¿cómo puede ser que el mundo haya consentido por tanto tiempo darle reputación a un sin sentido como este? La educación está principalmente en las manos de personas que, desde su profesión, tienen interés en la reputación y los sueños de Platón… pero dejando la moda y la autoridad a un lado y sometiéndolo a la prueba de la razón, él pertenece a la raza de genuinos sofistas, quien ha escapado… mediante la adopción e incorporación de sus caprichos en el artificial cuerpo del cristianismo. Su nublada mente, siempre está presentando las semejanzas de los objetos que, medio vistos a través de la niebla, no se pueden definir ni en su forma ni en su dimensión… Afortunadamente para nosotros, el republicanismo platónico no ha obtenido los mismos favores que el cristianismo platónico; o todos habríamos estado viviendo ahora, hombres, mujeres y niños hacinados como bestias del campo o el bosque… En realidad los diálogos [de Platón] son calumnias sobre el programa de Sócrates.

… Cuando alcancen la sobriedad por la experiencia, espero que nuestros sucesores dirijan su atención a la ventaja de la educación en una amplia escala y no en la de las mezquinas academias… las cuales se están poniendo en marcha en todos los barrios.

En su respuesta a esa carta, fechada el 16 de Julio de 1814, Adams expresó satisfacción al enterarse de que Jefferson compartía su “asombro”, “decepción” y “disgusto” con Platón y concluía así:

Algunas partes [de sus escritos]… son entretenidas… pero sus Leyes y su República de las que yo esperaba más, fueron lo que más me defraudó. Casi no podía excluir la sospecha de que esta última era una amarga sátira a todo tipo de gobierno republicano… No se puede concebir nada más destructivo para la felicidad humana, mejor infaliblemente ingeniado para transformar a los hombres y las mujeres en bestias, yahoos o demonios que una comunidad de esposas y propiedad.

Después de todo, siempre y cuando exista el matrimonio, el conocimiento, la propiedad y la influencia se acumularán en las familias.

Otras cartas en las que se pone de manifiesto la incompatibilidad del proyecto republicano de los Padres Fundadores con el ideal platónico son las que Adams le escribió a Jefferson en fechas tan variadas como Junio 28 de 1812, Septiembre 15 de 1813 y Octubre 10 de 1817.

A su vez, Jefferson también compartió su crítica a Platón en su carta a William Short que data del 4 de Agosto de 1820 (la carta también se encuentra en el libro Thomas Jefferson: Writings):

Cuando, entonces, Platón pone en su boca tales paralogismos, tal sutileza en las palabras, y tantos sofismas que hasta un niño de escuela estaría avergonzado de usar, concluimos que eran los caprichos de la propia mente nublada de Platón y absolvemos a Sócrates de puerilidades tan impropias de él (Hablando de Platón, añadiré, que ningún escritor antiguo o moderno, ha desconcertado a todo el mundo con más fuego necio [fatui ignes] que que este renombrado filósofo, en ética, política y física. En esta última para especificar un solo ejemplo, compare sus puntos de vista sobre la economía animal, en su Timeo, con los de la Sra. Bryan en sus Conversations on Chemistry y haga un balance entre la ciencia del filósofo canonizado y el buen sentido de la dama sin pretensiones. Pero las visiones platónicas han amueblado una base para los sistemas sin fin de la teología mística y por lo tanto él es un santo adoptado por el cristianismo, antes que cualquier otra cosa. Seguramente es hora de que los hombres piensen por sí mismos y derroquen la autoridad de nombres inflados tan artificialmente. Pero cerremos el paréntesis). Lo que pido es el ejercicio libre de la razón en la reivindicación del personaje de Jesús.

Pero no sólo Adams y Jefferson manifestaron su inconformidad con los planteamientos platónicos. Así también lo hicieron Alexander Hamilton, John Jay y James Madison. Entre los tres llevaron a cabo una colección de 85 ensayos justificando la ratificación de la Constitución de EEUU. Al conjunto de artículos se le llamó Federalist Papers. Tomemos casi al azar el Federalist Paper # 49, escrito por James Madison:

La razón del hombre, como el hombre mismo, es tímida y cautelosa cuando se le deja sola, y adquiere firmeza y confianza en proporción al número [de personas] con el que está asociada… En una nación de filósofos, esta consideración no debe tenerse en cuenta. Una reverencia por las leyes sería suficientemente inculcada por la voz de una razón ilustrada. Pero una nación de filósofos es tan poco tangible como la raza de reyes filósofos deseada por Platón. Y en cualquier otra nación, al gobierno más racional no le parecerá una ventaja superflua el tener los prejuicios de la comunidad de su lado.

Qué decepción se llevarían los Padres Fundadores si vieran hoy su proyecto de república antiplatónica sumida en el más frívolo y fútil fervor religioso. Se devolverían a la tumba. Creo que fueron víctimas de su propio optimismo: a pesar de que entendían lo vil y peligroso que resulta el cristianismo, también entendían de libertades individuales y si alguien quería suscribirse a la doctrina supersticiosa estaba en todo su derecho. A lo mejor, si sus palabras no hubieran sido tan bondadosamente suaves con la creencia del zombie judío, las cosas habrían sido diferentes.

Existe la posibilidad de que no todo esté perdido pues la Corte Suprema de Justicia de EEUU se pronunció en contra del proyecto platónico de república. La sentencia del caso, Meyer vs. Nebraska, se produjo en 1923 y una parte de su ratio decidendi hacía énfasis en la diferencia entre la propuesta platónica y las bases del país del Norte:

Si bien esta Corte no ha tratado de definir con exactitud la libertad [de la Decimocuarta Enmienda] así garantizada, el término ha recibido mucha consideración y algunas de las cosas incluidas han sido declaradas definitivamente. Sin duda, no sólo denota la ausencia de restricción física, sino también el derecho de la persona a contratar, a participar en una de las ocupaciones comunes de la vida, a adquirir conocimientos útiles, a casarse, a establecer un hogar y a criar a sus hijos, a adorar Dios según los dictados de su propia conciencia, y en general a disfrutar de esos privilegios reconocidos desde hace tiempo en el common law como esenciales para la búsqueda ordenada de la felicidad por parte de los hombres libres…

Para el bienestar de su comunidad ideal, Platón sugirió una ley que debía proporcionar:

“Que las esposas de nuestros guardianes-oficiales han de ser comunes, y sus hijos han de ser comunes, y ninguno de los padres debe conocer a su propio hijo, ni el hijo a su padre. … Los propios oficiales llevarán la descendencia de los buenos padres al corral y allá los depositarán con ciertas enfermeras que habitan en un cuarto separado, pero la descendencia de los inferiores, o de los mejores cuando ha sido deformada, será desterrada a un lugar misterioso, desconocido, como debería ser”.

Con el fin de sumergir a la persona y formar ciudadanos ideales, Esparta reunió a los hombres a las siete en cuarteles y confió su subsiguiente educación y entrenamiento a los guardianes-oficiales. Aunque estas medidas fueron deliberadamente aprobadas por los hombres de gran genio, sus ideas concernientes a la relación entre el individuo y el Estado eran totalmente diferentes de aquellas sobre las que descansan nuestras instituciones, y difícilmente se puede afirmar que cualquier ente legislador podría imponer restricciones sobre el pueblo de un Estado, sin violentar tanto la letra como el espíritu de la Constitución.

El siguiente en analizar los devaneos platónicos fue contundentemente claro en sus apreciaciones.

Por supuesto estoy hablando de Friedrich W. Nietzsche, quien atacó ferozmente al platonismo y por ende al cristianismo.

En su obra Más allá del Bien y del Mal, Nietzsche atacaba a los moralistas y por supuesto la moral judeo-cristiana:

Parece que todas las cosas grandes, para inscribirse en el corazón de la humanidad con sus exigencias eternas, tienen que vagar antes sobre la tierra cual monstruosas y tremebundas figuras grotescas; una de esas figuras grotescas fue la filosofía dogmática, por ejemplo la doctrina del Vedānta en Asia y en Europa el platonismo. No seamos ingratos con ellas, aunque también tengamos que admitir que el peor, el más duradero y peligroso de todos los errores ha sido hasta ahora un error de dogmáticos, a saber, a la invención por Platón del espíritu puro y de bien en sí.

En todo caso, hablar del espíritu y del bien como lo hizo Platón significaría poner la verdad cabeza abajo y negar el perspectivismo, el cual es condición fundamental de toda vida; más aún, en cuanto médicos nos es lícito preguntar: “¿de dónde procede esa enfermedad que aparece en la más bella planta de la Antigüedad, en Platón? ¿es que la corrompió el malvado Sócrates?, ¿habría sido Sócrates, por tanto, el corruptor de la juventud?, ¿y habría merecido su cicuta?” – Pero la lucha contra Platón o, para decirlo de una manera más inteligible para el “pueblo”, la lucha contra la opresión cristiano-eclesiástica durante siglos -pues el cristianismo es platonismo para el “pueblo”- ha creado en Europa una magnifica tensión del espíritu, cual no la había habido antes en la tierra: con un arco tan tenso nosotros podemos tomar ahora como blanco las metas más lejanas.

Esta fue la auténtica falsedad de aquel grande y misterioso ironista [Sócrates]; logró que su conciencia se diera por satisfecha con una especie de autoengaño: en el fondo se había percatado del elemento irracional existente en el juicio moral. – Platón, más inocente en tales asuntos y desprovisto de la picardía del plebeyo, quiso demostrarse a sí mismo, empleando toda su fuerza -¡la fuerza más grande de que hasta ahora hubo de emplear un filosofo!- que razón e instinto tienden de por sí a una única meta, al bien, a “Dios”; y desde Platón todos los teólogos y filósofos siguen la misma senda, -es decir, en cosas de moral ha vencido hasta ahora el instinto, o “la fe”, como la llaman los cristianos, o “el rebaño”, como lo llamo yo. Habría que excluir a Descartes, padre del racionalismo (y en consecuencia abuelo de la Revolución), que reconoció autoridad únicamente a la razón: pero ésta no es más que un instrumento, y Descartes era superficial.

También encontramos la crítica del alemán a Platón en su Sócrates y la Tragedia:

También el divino Platón fue en este punto víctima del socratismo: él, que en el arte anterior veía sólo la imitación de las imágenes aparentes, contó también “la sublime y alabadísima” tragedia –así es como él se expresa– entre las artes lisonjeras, que suelen representar únicamente lo agradable, lo lisonjero para la naturaleza sensible, no lo desagradable, pero a la vez útil. Por eso enumera adrede el arte trágico junto al arte de la limpieza y el de la cocina. A una mente sensata le repugna, dice, un arte tan heterogéneo y abigarrado, para una mente excitable y sensible ese arte representa una mecha peligrosa: razón suficiente para desterrar del Estado ideal a los poetas trágicos.
En general, según él, los artistas forman parte de las ampliaciones superfluas del Estado, junto con las nodrizas, las modistas, los barberos y los pasteleros. En Platón esta condena intencionadamente acre y desconsiderada del arte tiene algo de patológico: él, que se había elevado a esa concepción sólo por saña contra su propia carne; él, que, en beneficio del socratismo, había pisoteado con los pies su naturaleza profundamente artística, revela en la acritud de tales juicios que la herida más honda de su ser no está cicatrizada aún. La verdadera facultad creadora del poeta es tratada por Platón casi siempre sólo con ironía, porque esa facultad no es, dice, una intelección consciente de la esencia de las cosas, y la equipara al talento de los adivinos e intérpretes de signos. El poeta, dice, no es capaz de poetizar hasta que no ha quedado entusiasmado e inconsciente, y ningún entendimiento habita ya en él.
A estos artistas “irracionales” contrapone Platón la imagen del poeta verdadero, el filosófico, y da a entender con claridad que él es el único que ha alcanzado ese ideal y cuyos diálogos está permitido leer en el Estado ideal. La esencia de la obra platónica de arte, el diálogo, es, sin embargo, la carencia de forma y de estilo, producida por la mezcla de todas las formas y estilos existentes. Sobre todo, a la nueva obra de arte no se le debería objetar lo que, según la concepción platónica, fue el defecto fundamental de la antigua: no debería ser imitación de una imagen aparente, es decir, según el concepto usual: para el diálogo platónico no debería haber ninguna cosa natural-real que hubiera sido imitada. Así, ese diálogo se balancea entre todos los géneros artísticos, entre la prosa y la poesía, la narración, la lírica, el drama, de igua1 modo que ha infringido la antigua y rigurosa ley de que la forma lingüístico-estilística sea unitaria.

Ese texto fue un preparatorio para su libro El Nacimiento de la Tragedia en el Espíritu de la Música, el que es conocido como el primer libro de Nietzsche. Mientras terminaba este libro, el escritor hizo dos fragmentos que fueron inéditos: El Estado Griego y La Mujer Griega. En este último podemos leer:

Pero lo más incitante que Platón, como griego, pudo decir sobre la mujer fue la escandalosa afirmación de que en el Estado perfecto la familia debe desaparecer. Prescindamos ahora de que para que esta medida se llevara a cabo pidió la supresión del matrimonio, sustituyéndolo por la unión, acordada por el Estado y con fines propiamente estatales, de los hombres más valientes con las más nobles mujeres, para la obtención de una hermosa prole. Pero al decir esto no hacía sino expresar de la manera más evidente, sí, demasiado evidente, con una evidencia ofensiva, una regla de conducta adoptada por el pueblo heleno para la génesis del genio. En las costumbres mismas del pueblo griego el derecho de la familia al hombre y al niño estaba extraordinariamente limitado: el hombre vivía en el Estado, el niño crecía para el Estado y de la mano del Estado. La voluntad griega cuidó de que las necesidades del culto se practicaran en un estrecho círculo. El individuo lo recibía todo del Estado, para luego devolvérselo. La mujer significaba, según esto, para el Estado lo que el sueño para el hombre.

El sueño tiene la virtud saludable de reconstituir el desgaste producido por la vigilia, es la quietud bienhechora en que termina todo exceso, la eterna compensación que viene a regular toda demasía. En él sueña la generación futura. La mujer está más estrechamente emparentada que el hombre con la naturaleza, y permanece igual a ella en todo lo esencial. La cultura es para ella siempre algo exterior que no toca nunca al germen eternamente fiel de la naturaleza, por lo que la cultura de la mujer era para el ateniense algo indiferente, cuando no algo ridículo.

Aquí encontramos diferencia y parecidos entre Platón y el cristianismo. Diferencia: el rol de la familia. Parecidos: para ambos, la mujer es una incubadora humana y las libertades individuales significan poco menos que nada.

Luego vino el controversial Martin Heidegger. ¿Por qué controversial? Pues porque a pesar de haber militado en el nazismo, Heidegger fue un gran crítico tanto de Nietzsche (cuya obra fue tergiversada en favor del fascismo), como de la metafísica (hasta el punto sugerir la destrucción de la metafísica, tan básica a cualquier religión como al cristianismo, en el que se basó la Alemania Nazi).

En su Doctrina de la Verdad Según Platón, explica:

Según Platón, si el hombre no tuviera éstas [ideas], es decir, aquel respectivo “aspecto” de cosas, seres vivos, hombres, números y dioses a la vista, jamás podría apercibir esto y aquello, como una casa, como un árbol, como un dios. Cree habitualmente el hombre que ve directamente esta casa y aquel árbol, y, de este modo, a todo ente. Ante todo y, en general, no sospecha el hombre que todo lo que con soltura vale para él como lo “real”, sólo lo ve siempre a la luz de las “ideas”. Mas aquello sólo presuntiva y propiamente real, lo inmediatamente visible, audible, aprehensible, calculable, es siempre, según Platón, la silueta de las ideas y, en consecuencia, una sombra. Esto más próximo y, sin embargo, semejante a sombra, tiene al hombre cotidianamente en cautiverio. El vive en una prisión y deja tras de sí a todas las “ideas”.

Desde Platón, el pensar sobre el ser del ente deviene “filosofía”, porque él es un mirar ascendente hacia las “ideas”. Pero esta “filosofía” que comienza con Platón adquiere en lo sucesivo el carácter de lo que más tarde se llama “metafísica”, cuya forma fundamental ilustra el mismo Platón en la historia que narra la alegoría de la caverna. Hasta la palabra “metafísica” está ya preacuñada en la exposición platónica, en aquel pasaje donde dice, al ilustrar la habituación de la mirada a las ideas, el pensar va met’ ekeína, “más allá” de aquello que es como sombra y copia, hacia eís taúta, “en dirección” a las “ideas”. Ellas son lo suprasensible contemplado en la visión no sensible, ellas son el ser del ente, inaprehensible para los órganos corporales. Y lo supremo en el dominio de lo suprasensible es aquella idea que, como idea de todas las ideas, es siempre la causa de la consistencia y el aparecer de todo ente. Y porque esta “idea” es, en cierto modo, la causa para todo, por eso es también ella “la idea” que se llama “el bien”. Esta suprema y primera causa es llamada por Platón, y después por Aristóteles, tó theion, lo divino. Desde la interpretación del ser como idéa, el pensar con relación al ser del ente es metafísico, y la metafísica es teológica. Teología significa aquí la interpretación de la “causa” del ente como Dios y el desplazamiento del ser a esa causa que en sí contiene al ser y de sí lo despide, porque ella es lo más entitativo del ente.

A pesar de que en el resto de la obra de Heidegger no hay muchas mayores condenas a Platón, resulta muy particular que haya dedicado libros enteros al estudio de obras de arte, tanto a pinturas de Van Gogh como a la poesía, cuando el ateniense los había expulsado de su República-Paraíso.

Después (aunque sería mejor advertir que fue casi contemporáneamente) llegó el brillante Bertrand Russell. A pesar de ser un genio y tener una prolífica obra, suele ser reconocido casi exclusivamente por su Por qué no soy Cristiano. Sin embargo, dicho ensayo no ahonda en las causas y raíces del cristianismo sino que simplemente se limita a demostrar lo falaces y estúpidas que resultan las creencias (en particular las cristianas). Sin embargo, sí hay un ensayo suyo en el que deja muy claro lo que pensaba de Platón. Su título es Compendio de Pacotilla Intelectual. Se puede leer en el libro dios No Existe, de Christopher Hitchens, antología de las mejores y más lúcidas defensas del ateísmo. Dice Russell:

El infanticidio, que puede parecer contrario a la naturaleza humana, era casi universal antes de la llegada del cristianismo, y Platón lo recomienda para evitar el exceso de población.

Otra pequeña diferencia entre el cristianismo y Platón. Para los cristianos TODOS debemos ser sometidos a su superstición, mientras que para Platón, la población de su República-Paraíso debía ser siempre constante. Ni uno menos, ni uno más. Pero ambas corrientes siguen coincidiendo en algo: el fin justifica los medios, lo que significa que si había que matar niños, había que matarlos.

Sigue Russell:

No hay ninguna idiotez tan grande que no pueda ser convertida en el credo de la vasta mayoría por medio de la adecuada acción gubernamental. Platón se propuso fundar su República sobre un mito cuyo absurdo él mismo admitía, pero confiaba con razón en que sería posible inducir al pueblo a que creyera en él. Hobbes quien consideraba importante que el pueblo reverenciase al gobierno por indigno que este fuera, responde al argumento de que podría ser difícil obtener el consentimiento general a una cosa tan irracional señalando que se ha hecho creer a la gente en la religión cristiana y, en particular, en el dogma de la transubstanciación.

Uno puede oír a un criado de color hacer alguna observación que procede directamente de Platón, no de los textos platónicos que citan los eruditos, sino afirmaciones del filósofo que son evidentes tonterías, como la de que los hombres que no busquen la sabiduría en esta vida volverán a nacer como mujeres. Los comentaristas de los grandes filósofos siempre ignoran cortésmente sus observaciones absurdas.

En la Antigüedad, cuando la supremacía masculina era incuestionable y la ética cristiana aún desconocida, las mujeres eran inocuas pero bastante tontas, y el hombre que las tomaba en serio era objeto de cierto desprecio. Platón pone una seria objeción al drama, la de que el dramaturgo tenga que imitar a las mujeres cuando crea los papeles femeninos. Con la llegada del cristianismo la mujer adopta un nuevo papel, el de tentadora, pero, al mismo tiempo, también se la considera capaz de ser una santa.

Platón, en su República, expuso que el Estado debía imponer un punto de vista optimista acerca del otro mundo, no porque fuera cierto, sino para que los soldados estuvieran más dispuestos a morir en combate. No aceptaba ninguno de los mitos tradicionales acerca del Hades, porque representaban a los espíritus de los muertos como desdichados.

Al cristianismo no le costaría mucho recurrir a su habitual sincretismo y convertir el Hades en el Infierno.

También en su Historia de la Filosofía Occidental, Bertrand Russell hace un comentario sobre el epicureísmo que, al ser desarrollo del antiplatonismo, merece mención en este artículo. Primero cita la Carta a Meneceo, de Epicuro:

La muerte es una quimera: porque mientras yo existo, no existe la muerte; y cuando existe la muerte, yo ya no existo.

Luego comenta Russell:

El miedo a la muerte está tan profundamente arraigado en el instinto que el evangelio de Epicuro no podría, en ningún momento, apelar a un amplio espectro de la población; siempre fue el credo de una cultivada minoría. Incluso entre los filósofos, después de la época de Augusto, era, por regla general, rechazado en favor del estoicismo. Sobrevivió, es cierto, aunque con disminuido vigor, durante 600 años después de la muerte de Epicuro, pero a medida que los hombres iban incrementando su opresión por la miseria de nuestra existencia terrestre, ellos exigían una medicina más fuerte a la filosofía o a la religión. Los filósofos se refugiaron, con pocas excepciones, en el neoplatonismo; los ignorantes buscaron refugio en varias supersticiones orientales, y entonces, en forma continua, cada vez más, al cristianismo, que en su forma primitiva, ubicaba todo lo bueno de la vida después de la muerte, ofreciéndole a los hombres un evangelio que era exactamente lo contrario al de Epicuro.

A mediados del siglo XX, justo durante la II Guerra Mundial, el filósofo y autor sir Karl R. Popper, nacido en Austria y nacionalizado británico indagó en los orígenes del totalitarismo, como teoría del Estado contrapuesta a la sociedad libre. El libro se llamó La Sociedad Abierta y sus Enemigos y está dividida en dos partes. La primera, El Hechizo de Platón, es la deconstrucción del Estado propuesto por Platón, mientras que la segunda parte se encarga de las propuestas de Marx y Hegel.

La base de su propuesta radica en la crítica al historicismo teleológico, el cual afirma que la historia se desarrolla siguiendo ciertas leyes universales como si de la Ley de la Gravedad se tratara.

Dice Popper:

Si pensamos que la historia progresa o que debemos progresar, cometemos entonces el mismo error que quienes creen que la historia tiene un significado que sólo resta descubrir y que no es necesario darle, pues progresar es avanzar hacia un fin determinado. La “historia” no puede hacer eso, sólo nosotros, individuos humanos, podemos hacerlo. Y podemos hacerlo defendiendo y fortaleciendo aquellas instituciones democráticas de las que depende la libertad y, con ella, conscientes del hecho de que el progreso reside en nosotros, en nuestro desvelo, en nuestros esfuerzos, en la claridad con que concibamos nuestros fines y en el realismo con que los hayamos elegido.

Esto quiere decir que la historia no está escrita, no tiene un guión que seguir. Existe el libre albedrío y querer aplicar esa especie de determinismo conlleva necesariamente a soluciones de corte totalitario.

Platón es la recreación perfecta de la palabra “conservador”, pues consideraba que los cambios eran malos. ¿Por qué? Pues el tenía esta idea de que todo empezaba en un estado virtuoso de bondad infinita (el estado ideal, precisamente en el mundo de las ideas) y cualquier cambio traía como consecuencia que se saliera de los parámetros de esa perfección predeterminada por lo que al dejar de ser perfecto, era malo, condenable. Y todo cambio -salvo el que buscaba restablecer las cosas al estado original- era malo. En palabras de Popper:

Platón enseña que el cambio es el mal y que el reposo es divino.

Algunos arguyen que Platón dio los primeros pasos del método científico pero esa afirmación no puede estar más equivocada. Platón consideraba que ese mundo de las ideas, perfecto, impoluto, impecable, maravilloso, inmejorable, apolíneo, inmaculado, intachable e irreprochable era como debían ser las cosas. Por eso, al observar los datos quería adaptarlos a su delirio metafísico. Como esto era imposible, su solución, cual la de un vil creacionista era condenar los datos y rechazar las evidencias. Así no funciona el método científico. El método científico cambia sus paradigmas conforme a lo que se observa en vez de tratar de acomodar los datos a los prejuicios del investigador.

Sigue Popper:

Una de las características que definen la actitud mágica de una sociedad ‘cerrada’, primitiva o tribal, es la de que su vida transcurre dentro de un círculo encantado de tabúes inmutables, de normas y costumbres que se reputan tan inevitables como la salida del sol, el ciclo de las estaciones u otras evidentes uniformidades semejantes a la naturaleza. La comprensión teórica de la diferencia que media entre la ‘naturaleza’ y la ‘sociedad’ sólo puede desarrollarse una vez que esa ‘sociedad cerrada’ mágica haya dejado de tener vigencia.

Y por supuesto, Popper no iba a dejar pasar la enquina de Platón hacia las libertades individuales. Existen dos motivos por los que alguien se podría oponer al individualismo: el primer motivo responde a una visión funcionalista del individuo, que es considerado como un engranaje más de la sociedad y si no cumple una función que beneficie a la sociedad, no vale la pena conservarlo (un ejemplo: el comunismo). El primer motivo responde a una visión altruista en la que un individuo o más se sacrifican por el colectivo (un ejemplo: el concepto de mártir). Si nos acordamos, Platón no tiene ningún problema en aplicar la eugenesia y el infanticidio activamente. En palabras de Popper:

Nadie atacó jamás con mayor seriedad al individuo, y esta hostilidad se halla profundamente arraigada en el dualismo fundamental de la filosofía de Platón; éste odiaba al individuo y a su libertad exactamente del mismo modo en que odiaba las cambiantes experiencias particulares y la variedad del mudable universo de los objetos sensibles. En el campo de la política, el individuo es para Platón, el mismísimo Diablo.

Platón sólo reconoce como patrón fundamental el interés del Estado. Todo aquello que lo favorezca será bueno, virtuoso y justo: todo aquello que lo amenace será malo, perverso e injusto. Las acciones que lo sirven son morales: las que lo ponen en peligro inmorales; en otras palabras, el código moral de Platón es estrictamente utilitario; es, puede decirse, un código de utilitarismo colectivista o político. El criterio de moralidad es el interés del estado. La moralidad no es sino higiene política.

Queda de manifiesto que Platón concebía el Estado casi como digno de adoración. He ahí la génesis del estatismo.

Y Popper va más allá. Él advierte que Platón formula la pregunta acerca de quién debe gobernar, cuya respuesta, independientemente de la que sea, siempre es peligrosa. Platón expresa su respuesta: estos reyes filósofos de los que la historia nos ha provisto con dos ejemplares exclusivamente: George Washington y Nelson Mandela (aunque técnicamente no fueron reyes, empezando porque cedieron el poder después de terminado su período). Sigue Popper:

Pero esto nos conduce a un nuevo enfoque del problema de la política, pues nos obliga a reemplazar la pregunta: “¿Quién debe gobernar?” por la nueva pregunta: “¿De qué forma podemos organizar las instituciones políticas a fin de que los gobernantes malos o incapaces no puedan ocasionar demasiado daño?”

Quienes creen que la primera pregunta es fundamental, suponen tácitamente
que el poder político se halla “esencialmente” libre de control.

Supongo que Platón se indignaría hasta lo más profundo de su ser, hasta su alma, por así decirlo, si conociera la propuesta de la división del poder público (pesos y contrapesos).

A pesar de que Popper es el más conocido crítico de Platón, eso no significa que hasta ahí hayan llegado estos. Por el contrario, todavía los hubo durante la segunda mitad del siglo XX y a principios del siglo XXI, como vamos a ver.

Llegaría Ayn Rand, la progenitora del objetivismo, quien como una defensora del individualismo atacó a Platón tomando como punto de partida al mismísimo discípulo del ateniense, a Aristóteles:

Aristóteles puede ser considerado como el barómetro cultural de la historia de Occidente. Cuando su influencia ha dominado, ha preparado el camino para las eras brillantes de la historia; cuando su influencia ha caído, así lo ha hecho también la Humanidad. El revival aristotélico del siglo XIII trajo a los hombres El Renacimiento. La contra-revolución intelectual les llevó a la caverna de su antípoda: Platón. Sólo hay un asunto fundamental en filosofía: La eficacia cognitiva de la mente del hombre. El conflicto de Aristóteles frente a Platón es el conflicto de la razón frente al misticismo. Fue Platón quien formuló la mayoría de las preguntas -y de las dudas- básicas de la filosofía. Fue Aristóteles quien preparó las bases para la mayoría de las respuestas.

En el libro de introducción a la epistemología objetivista, titulado, obviamente, Introduction to Objectivist Epistemology, la filósofa de origen ruso amplía su análisis del proceder platónico:

Los “realistas extremos” o platónicos… sostienen que las abstracciones existen como entidades reales o arquetipos en otra dimensión de la realidad y que los concretos que percibimos no son más que sus reflejos imperfectos, pero los concretos evocan las abstracciones en nuestra mente. (De acuerdo con Platón, lo hacen evocando la memoria de los arquetipos que hemos conocido, antes de nacer, en esa otra dimensión).

La escuela platónica comienza por aceptar los primacía de la conciencia, invirtiendo los relación de la conciencia con la existencia, asumiendo que la realidad debe ajustarse al contenido de la conciencia, y no al revés -bajo la premisa de que la presencia de cualquier noción en la mente del hombre demuestra la existencia de su correspondiente referente en la realidad.

El heredero del legado filosófico de Ayn Rand fue Leonard Peikoff, quien en 1982 publicó su libro The Ominous Parallels: The End of Freedom in America, en el que advertía sobre las similitudes entre la Alemania de 1920 y los EEUU de 1970. He aquí unos fragmentos del libro:

La tragedia de Occidente… reside en el hecho de que las semillas del platonismo han estado firmemente arraigadas en la filosofía casi desde sus inicios, y han estado creciendo constantemente durante el período post-renacentista. Así, mientras que los logros revolucionarios inspirados en el aristotelismo fueron remodelando la vida de Occidente, una contrarrevolución intelectual se estaba forjando, ganando impulso gradualmente. Una sucesión de pensadores se esfuerzan por invertir la tendencia aristotélica y resucitar los principios básicos del platonismo.

El contenido de la verdadera realidad, según Platón, es un conjunto de universales o formas-en efecto, un conjunto de abstracciones incorpóreas que representan lo que hay en común entre los diversos grupos de datos en este mundo. Así, para Platón, las abstracciones son existencias sobrenaturales. Se trata de entidades no materiales en otra dimensión, independientes de la mente del hombre y de cualquiera de sus realizaciones materiales. Las formas, Platón nos dice en repetidas ocasiones, son lo que es verdaderamente real. Los datos que ellas subsumen -los concretos que conforman este mundo- no lo son; ellos sólo tienen una opaca y onírica media-realidad.

Conclusiones monumentales sobre el hombre están implícitas en esta metafísica (y luego se hicieron explícitas por una larga lista de platónicos): ya que los hombres individuales son instancias meramente particulares del “hombre” universal, ellos no son, en última instancia, reales. Lo que es real acerca de los hombres es sólo la forma que tienen en común y que reflejan. Para el sentido común, parece que hay muchos hombres separados, individuales, cada uno independiente de los demás, cada uno completamente real por derecho propio. Para el platonismo, esto es un engaño; todos la hombres, aparentemente individuales son en realidad la misma forma única, en varios reflejos o manifestaciones. Por lo tanto, todos los hombres en última instancia, constituyen una unidad, y ningún hombre terrenal es una entidad autónoma, así como, si un hombre se refleja en un espejo polifacético, los muchos reflejos no serían entidades autónomas.

Llegaría la última década del siglo XX y con ella uno de los mejores difusores científicos que jamás haya existido. ¿Su nombre? Carl Sagan. Él es conocido por la serie documental Cosmos, de 13 episodios. El séptimo capítulo, titulado El Espinazo de la Noche, trata sobre los filósofos jónicos (Anaximandro, Demócrito, Anaxágoras, Aristarco de Samos, Empédocles, Tales de Mileto) y la historia de la Vía Láctea en la mitología.

Una parte de ese capítulo se dedica a Platón y su forma de pensar:

Había que alejar la ciencia y las matemáticas de los mercaderes y artesanos. El más eficaz defensor de esta tendencia fue un seguidor de Pitágoras llamado Platón.

[Platón] Pensaba que las ideas eran mucho más reales que el mundo natural. Aconsejaba a los astrónomos que no desperdiciaran su tiempo observando las estrellas y los planetas. Decía que era mejor pensar en ellos. Platón se mostró hostil hacia la observación y el experimento. Enseñaba el desprecio por el mundo real y el desdén por la aplicación práctica del conocimiento científico. Los seguidores de Platón consiguieron extinguir la luz de la ciencia y la experimentación que había sido encendida por Demócrito y otros jónicos.

La oposición de Platón hacia el mundo revelado por nuestros sentidos iba a dominar y a ahogar a la filosofía occidental. Todavía en el año 1600, Johannes Kepler seguía luchando para interpretar la estructura del cosmos de acuerdo con los sólidos de Pitágoras y la perfección de Platón. Resulta irónico que fuera Kepler quien ayudara a restablecer el antiguo método jónico de poner a prueba ideas frente a observaciones. Pero en primer lugar ¿por qué había perdido la ciencia su lugar? ¿qué atractivo podían tener para sus contemporáneos estas enseñanzas de Pitágoras y Platón? Yo creo que proporcionaban una justificación intelectual respetable a un orden social corrompido.

La tradición mercantil que había dado lugar a la ciencia jónica, también conducía a una economía de esclavos. El que tuviera un montón de esclavos podía hacerse más rico. En los tiempos de Platón y Aristóteles, Atenas tenía una inmensa población de esclavos. Todos aquellos bravos atenienses hablaban de una democracia que se aplicaba solamente a algunos privilegiados. Platón y Aristóteles estaban cómodos en una sociedad de esclavos. Justificaban la opresión diciendo que servían a los tiranos. Enseñaban la desunión entre el cuerpo y el alma; una idea bastante natural, a mi juicio, en una sociedad de esclavos. Separaron el pensamiento de la materia. Distanciaron la tierra de los cielos. Divisiones que dominarían el pensamiento occidental durante más de veinte siglos. Los pitagóricos habían ganado.

El reconocimiento de Pitágoras y Platón de que el cosmos era conocible y que la naturaleza tenía una ayuda en las matemáticas, fue un gran avance para la ciencia. Pero la omisión de realidades perturbadoras, la idea de que la ciencia debía estar restringida a una élite, el desinterés por el experimento, la adopción del misticismo y la aceptación de los esclavos en la sociedad han influido significativamente en el retroceso de la tarea humana.

Los libros de los científicos jónicos se han perdido en su totalidad. Sus opiniones fueron ocultadas, ridiculizadas y olvidadas por los platónicos y cristianos, que adoptaron gran parte de la filosofía de Platón.

Finalmente, después de un largo sueño místico durante el cual las herramientas de la investigación científica quedaron reducidas a polvo, vino el redescubrimiento de la filosofía jónica y el despertar del mundo occidental. Nuevamente volvieron a ser respetables el experimento y la libre investigación. Se leyeron de nuevo libros y fragmentos olvidados. Leonardo, Copérnico y Colón, se inspiraron en la tradición jónica.

Probablemente la obra más reverenciada en el mundo del escepticismo sea precisamente el libro de Sagan titulado El Mundo y Sus Demonios. En él, el astrónomo tampoco descansó en su denuncia de Platón y sus corolarios prácticos:

Platón, el estudiante más célebre de Sócrates, asignaba un gran papel a los demonios: “Ninguna naturaleza humana investida con el poder supremo es capaz de ordenar los asuntos humanos —dijo— y no rebosar de insolencia y error…”

No nombramos a los bueyes señores de los bueyes, ni a las cabras de las cabras, sino que nosotros mismos somos una raza superior y gobernamos sobre ellos. Del mismo modo Dios, en su amor por la humanidad, puso encima de nosotros a los demonios, que son una raza superior, y ellos, con gran facilidad y placer para ellos, y no menos para nosotros, dándonos paz y reverencia y orden y justicia que nunca flaquea, hicieron felices y unieron a las tribus de hombres.

Platón negaba decididamente que los demonios fueran una fuente de mal, y representaba a Eros, el guardián de las pasiones sexuales, como un genio o demonio, no un dios, «ni mortal ni inmortal», «ni bueno ni malo».
Pero todos los platonistas posteriores, incluyendo los neoplatonistas que influyeron poderosamente en la filosofía cristiana, sostenían que había algunos demonios buenos y otros malos.

Algunas religiones orientales, cristianas y de la Nueva Era, además del platonismo, mantienen que el mundo es irreal, que el sufrimiento, la muerte y la materia son ilusiones, y que nada existe realmente excepto la “mente”. En contraste, el punto de vista científico imperante es que la mente es la forma en la que percibimos lo que hace el cerebro; es decir, es una propiedad de los cien billones de conexiones nerviosas en el cerebro.

Algo parecido a las leyes de la naturaleza fue vislumbrado en una ocasión en una sociedad politeísta determinada en la que algunos eruditos acariciaban la idea de una especie de ateísmo. Esta aproximación de los presocráticos, que empezó hacia el siglo IV a. J.C., fue apagada por Platón, Aristóteles y posteriormente los teólogos cristianos. Si el hilo de la causalidad histórica hubiera sido diferente —si las brillantes conjeturas de los atomistas sobre la naturaleza de la materia, la pluralidad de los mundos, la vastedad del espacio y el tiempo hubieran sido aceptadas y profundizadas, si se hubiera enseñado y emulado la tecnología innovadora de Arquímedes, si se hubiera propagado ampliamente la idea de las leyes invariables de la naturaleza que los humanos deben buscar y entender—, me pregunto en qué tipo de mundo viviríamos ahora.

A pesar de que el fantabuloso Sagan murió en 1996, su viuda, Ann Druyan ha continuado su trabajo y además es la presidente de la Organización Nacional para la Reforma de las Leyes de la Marihuana (NORML, es su sigla en inglés). Fue la ganadora del Premio Richard Dawkins en el año 2004. A finales del 2003, Druyan dio una conferencia para el Comité para la Investigación Escéptica (CSI, es su sigla en inglés). De dicha ponencia vale la pena resaltar -para el propósito de este artículo- el siguiente fragmento:

Es cierto que dos milenios antes de Copérnico existieron los filósofos presocráticos, quienes realmente fueron los inventores de la ciencia y los valores democráticos de nuestra sociedad. Estos antiguos griegos podían imaginar un universo y un mundo sin Dios. Pero eran la excepción, floreciendo muy brevemente antes de ser casi completamente extirpados filosóficamente por los platónicos. Muchos de sus libros fueron destruidos. Platón odiaba su materialismo y sus ideales igualitarios. Así que en realidad no había una escuela de pensamiento vibrante con una tradición continua que sobreviviera a través de los siglos, que se atreviera a explicar la maravilla de la naturaleza sin recurrir a la hipótesis de Dios.

Y ya entrados en el siglo XXI, tenemos autores que reconocen la tradición platónica en su verdadera dimensión. Entre ellos puedo nombrar a Steven Pinker, quien en su libro La Tabla Rasa, nos ofrece estos pasajes:

Todos sabemos que a veces las personas tienen unos motivos ocultos. Pueden ser generosas en público pero avariciosas en privado, piadosas en público pero cínicas en privado, platónicas en público pero lujuriosas en privado.

En la tradición sociológica, una sociedad es un ente orgánico cohesivo y sus ciudadanos individuales no son más que simples partes. Se considera que las personas son sociales por su propia naturaleza y funcionan como constituyentes de un superorganismo mayor. Es la tradición de Platón, Hegel, Marx, Durkheim, Weber, Kroeber, el sociólogo Talcott Parsons, el antropólogo Claude Lévi-Strauss y el posmodernismo de las humanidades y las ciencias sociales.

Ahí, a pesar de pasar casi por encima sin darle mucha importancia a las propuestas platónicas (hacerlo excedía el propósito del texto) tenemos la filosofía platónica resumida a su quintaesencia: el odio por lo material (el cuerpo, incluido… especialmente el cuerpo) y la visión degradante y utilitarista del ser humano como simple herramienta de la sociedad.

El ateo, hedonista y anarquista Michel Onfray casi que se ha apropiado de la batalla contra el platonismo y eso se puede ver en buena parte de su obra. El filósofo aboga por una sociedad post-cristiana y por ende, post-platónica y yo lo acompaño en su campaña.

En su Teoría del Cuerpo Enamorado. Por una Erótica Solar, anota:

El primer paso negativo de mi andadura supone la deconstrucción del ideal ascético: para llevarla a cabo, trataremos de acabar con los principios de la lógica renunciante que tradicionalmente relacionan el deseo y la falta para después definir la felicidad como lo completo o como autorrealización en, por y para el prójimo; evitaremos sacrificar la idea que la pareja fusionada propone la fórmula ideal de esta hipotética cima ontológica; cesaremos de oponer encarecidamente el cuerpo y el alma, pues este dualismo, que ha resultado un arma de guerra temible en manos de los amantes de la autoflagelación, organiza y legitima esa moral moralizadora articulada sobre una positividad espiritual y una negatividad carnal; renunciaremos a asociar hasta la confusión el amor, la procreación, la sexualidad, la monogamia, la fidelidad y la cohabitación; recusaremos la opción judeocristiana que amalgama lo femenino, el pecado, la falta, la culpabilidad y la expiación; se estigmatizará la connivencia entre el monoteísmo, la misoginia y el orden falocrático; fustigaremos las técnicas del autodesprecio puestas en circulación por las ideologías pitagóricas, platónicas y cristianas —continencia, virginidad, renuncia y matrimonio-, sobre cuyo espíritu se ha erigido nuestra civilización; subvertiremos la familia, esa célula básica primitiva de la política estructuralmente apoyada en ella. Varios siglos de judeocristianismo pueden comprenderse así y luego ser anulados.

Por esto he leído y releído para este libro muchos textos, canónicos o no, escritos entre el siglo de Homero y el de San Agustín, a fin de tratar de aportar mi respuesta a algunas cuestiones: ¿cómo se puede ser epicúreo hoy, generalmente, pero también en el terreno más particular de las relaciones sexuadas y de los cuerpos enamorados? ¿De qué manera podemos leer a Epicuro, a sus predecesores y a sus seguidores materialistas hedonistas? ¿Cómo visitar el Jardín en compañía de los poetas elegiacos con el designio de combatir el platonismo ardientemente reciclado por los teólogos cristianos?

Allí donde el pez enseña la monstruosidad, la indecisión divina o el juego de los dioses, los hombres convencidos por el platonismo deben percibir su hándicap, lo que les obstaculiza y subraya su destino de animales incompletos.

Platónicos y filósofos alejandrinos, Padres de la Iglesia, curas de todos los géneros y teóricos del Renacimiento, paladines del amor cortés y novelistas de los ciclos de caballería, petrarquistas y trovadores, todos estos idealistas, espiritualistas y demás dualistas profesan una teoría del deseo entendido como falta, dolor y condena. Ésta triunfa hasta en las bufonadas lacanianas, talmúdicas o deconstructivas, dejando tras de sí las huellas de un pensamiento obsesionado por la Ley -y cuyo fin aspiro a ver.

Además de definir el deseo como falta, la obra de Platón, sean cuales sean sus portavoces y su diversidad, produce un cierto número de ideas-fuerza a partir de las cuales se organiza su visión dominante del amor: el andrógino presentado como un modelo, la pareja propuesta como una forma ideal destinada a la potencia libidinal, un dualismo promotor del alma y negador del cuerpo, he aquí las piedras angulares del edificio que, para nuestra más grande desazón, todavía habitamos.

El tercer lugar común generado por la ideología platónica indica: existen dos amores, uno, defendible, ajustado a la lógica del corazón y de los sentimientos, del alma y de las virtudes; el otro, indefendible, sometido a los únicos principios del cuerpo, privado de su chispa espiritual, amputado de su parte divina, enteramente destinado a la materia.

En la lógica platónica, todo lo que ata al individuo a la materialidad de su carne, todo lo que le conduce a experimentar en él los impulsos libidinales animales merece, franca y netamente, una condena inapelable.

Podría seguir citando ese libro, sin embargo no quiero transcribirlo literalmente, cuando creo que ese texto ya ha probado su punto y puedo pasar al siguiente. Y el siguiente sería el Tratado de Ateología. Física de la Metafísica. En esta entrega, Onfray deconstruye hasta dejar irreconocibles a las tres religiones abrahámicas o monoteístas y por supuesto, como todo buen tratado que desenmascara al cristianismo, no pueden faltar las menciones a Platón y su influencia:

La carne occidental es cristiana. Incluso la de los ateos, musulmanes, deístas y agnósticos educados, criados o instruidos en la zona geográfica e ideológica judeocristiana… El cuerpo que habitamos, el esquema corporal platónico-cristiano que heredamos, la simbólica de los órganos y sus funciones jerarquizadas -la nobleza del corazón y el cerebro, la grosería de las visceras y el sexo, neurocirujano contra proctólogo…-, la espiritualización y desmaterialización del alma, la articulación de una materia pecaminosa y un espíritu luminoso, la connotación ontológica de esas dos instancias opuestas de modo artificial, las fuerzas turbadoras de una economía libidinal moralmente captada, todo eso estructura el cuerpo a partir de dos mil años de discursos cristianos: la anatomía, la medicina, la fisiología, desde luego, pero también la filosofía, la teología y la estética contribuyen a la escultura cristiana de la carne.

Para demostrar su odio contra la materia, los monoteístas crearon un mundo completo de antimateria. En la Antigüedad, deshonrada cuando se trataba de la ciencia, los doctrinarios del Dios único recurrieron a Pitágoras —formado a su vez en el pensamiento religioso oriental…— y a Platón, para construir su ciudad sin carne: las Ideas produjeron efectos maravillosos en aquel taller intelectual, hasta el punto de parecer confundirse con clones de Dios.

La lógica de quien piensa lo real como constituido exclusivamente de materia y lo real reductible sólo a sus manifestaciones terrestres, sensuales, mundanas y fenomenales impide las divagaciones mentales y la ruptura con el único y verdadero mundo. El dualismo pitagórico, platónico y cristiano divide con crueldad el ser que se somete a él. Por apuntar al Paraíso, erramos la Tierra. La esperanza del mas allá y la aspiración a un mundo subyacente generan, de modo indefectible, la desesperación aquí y ahora. O la imbécil beatitud del embeleso ante el Nacimiento…

Ya no estamos sometidos a las exigencias de la procreación para asegurar la descendencia: ya no dormimos, porque en lo sucesivo no sufrimos de fatiga; ya no nos limpiamos los mocos ni escupimos; ignoramos las enfermedades hasta el fin de los tiempos; borramos de nuestro vocabulario la tristeza, el miedo y la humillación, tan imperiosos en la Tierra; ya no deseamos -el deseo es dolor y falta, dice la tradición platónica…-, al deseo le basta con aparecer para transformarse en placer de inmediato; mirar una fruta con ganas es suficiente para sentir su gusto, textura y perfume en la boca…

Pitágoras, Platón, Sócrates y Jesús, juzgados con los mismos ojos, los del lector de textos antiguos. ¿Qué descubrimos? Un mundo similar, idénticas formas literarias en los autores, la misma propensión retórica a recurrir a lo mágico, lo maravilloso y lo fantástico a fin de darle al tema el relieve y el brillo necesarios para la edificación de sus lectores.

Todas las acciones se realizan bajo la mirada de la tribu que las juzga de acuerdo con las reglas coránicas o musulmanas. El padre, pero también, dentro de la lógica falócrata absoluta, el hermano mayor, el hermano y otras variaciones sobre el tema del macho. El lugar de la religión encarnada, por lo tanto de la política y de la teocracia, es la célula de base de la sociedad: ni Platón -en La República-, ni Hegel -en Principios de la filosofía del derecho-, ni Mussolini, ni Hitler, ni Pétain y otros fascistas se equivocaron: sabían que el origen de la comunidad, de la genealogía de la colectividad, se establecía ahí, en el espacio privado de la familia -la tribu primitiva-. Para convencerse de ello, basta con leer o releer a Engels y El origen de la familia, de la propiedad privada y del Estado

La Idea platónica, tan parecida a Dios, sin fecha de nacimiento, ni muerte prevista, sin ninguna afectación, ni temporal, ni entrópica, sin falla y perfecta, genera la fábula de una sociedad cerrada, también provista de los atributos del Concepto.

Onfray, luego empezaría su obra más ambiciosa, su Contrahistoria de la Filosofía, que consta de siete tomos que rebosan a más no poder de los intríngulis de la historia de la filosofía que siempre quisimos saber y nunca nos contaron (idea que perfectamente se puede aplicar -aunque en mucho menor escala- a la sección Lente Escéptico de este blog).

El primer tomo, Sabidurías de la Antigüedad, reivindica la tradición griega que el idealismo calló. Y sobre el triunfo del idealismo también nos cuenta una que otra cosa, que merece ser recogida acá:

Permanezcamos en la antigüedad para los ejemplos: ¿por qué mantener la ficción de un cuerpo cerrado de presocráticos, pese a la irreductibilidad de personas alistadas en ese caótico ejército, algunas de las cuales caen incluso fuera de los límites del período que se reivindica? ¿Por qué Platón jamás cita en su obra a Demócrito en su obra, aun cuando toda ella puede leerse como una máquina de guerra lanzada contra el materialismo? ¿Cómo se explica que en ningún momento se explote la información que proporciona Diógenes Laercio acerca del furioso deseo del autor del Fedón de destruir, en un auto de fe, todas las obras de… Demócrito, precisamente?

Demócrito no es más presocrático que el propio Platón. A juzgar por las fechas, más bien merecería que se le clasificara como postsocrático. Su actividad coincide exactamente con la de Platón (427 – 347 a.C.). Además, su obra se extiende durante un periodo semejante y con posiciones teóricas radicalmente opuestas: Demócrito no cree en otra cosa que en los átomos y el vacío, despide suavemente a los dioses y luego deja lugar expedito para los hombres, celebra la realidad concreta inmanente e incita a una existencia gozosa; mientras, Platón enseña por su parte las ideas, los conceptos puros que evolucionan en un mundo celeste, rinde tributo a un poder demiúrgico y otorga a los dioses el poder arquitectónico sobre el mundo, enseña a alejarse de lo sensible en beneficio exclusivo de lo inteligible y, por último, transforma la existencia en perpetua ocasión de renuncia. Dos hombres, dos mundos, dos linajes se oponen término a término.

Estas dos maneras de estar en el mundo, de verlo y de pensarlo, son tan irreductibles que producen dos corrientes impermeables, la de los vencedores y la de los vencidos, los primeros de los cuales niegan a los otros incluso el derecho a invocar para sí el nombre y la calidad de filósofos. El enfrentamiento es antiguo como soberbiamente lo resume una anécdota: se trata de una historia que cuenta Aristoxeno en sus Memorias históricas, según la cual Platón consideró la posibilidad de reunir las obras de Demócrito, ¡con el fin de prenderles fuego! Un filósofo autor de un auto de fe contra otro filósofo, algo que merece ser destacado…

Dos pitagóricos -las opciones metafísicas no impedían la proximidad de los hombres…-, Amiclas y Clinias, le disuadieron. No es que les pareciera impensable la idea, indefendible el gesto ni detestable el proyecto, sino que estimaban demasiado grande la cantidad de libros de Demócrito para pensar realmente en eliminar su nombre del planeta filosófico… Platón, que quería excluir de su sociedad ideal a los poetas, no traicionaba sus ideas con incoherencia ni falta de consecuencia lógica cuando perseguía con su venganza a un filósofo cuya única culpa era no pensar como él.

Ahí está. El comportamiento que luego se replicaría en la Inquisición y la Alemania Nazi: quemar a los que no piensan como uno.

Finalmente Onfray nos recomienda la obra de Monique Dixsaut, especialmente el libro La Félure du plaisir. Études sur le Filèbe de Platón, que introduce con estas palabras:

No se trata de examinar el estatus del placer en la filosofía de Platón, vasto tema donde los haya… Su dualismo, su celebración del alma, su desprecio de la vida, de lo sensible, de lo real, su tropismo hacia la pulsión de muerte -recuérdese el Fedón (64b): “Los verdaderos filósofos están ansiosos por morir”- hacen de él un pensador emblemático del antihedonismo antiguo. ¡No es sorprendente que el cristianismo sacara provecho de esta filosofía! Tanto más interesante es leer su Filebo, diálogo enteramente dedicado al tema del placer, sobre todo para ver cómo se las arregla para evitar el debate sobre el hedonismo.

¿Qué puedo concluir de Platón?

Veredicto: Semilla del fascismo, precursor del cristianismo, progenitor del odio al cuerpo, padre de la metafísica, Creador de la teología, gestor de la intolerancia, promotor de la discriminación, expositor de un método anticientífico, autor de la fórmula de la amargura, antecesor del esoterismo e inventor de las respuestas verdades-absolutas.

Adenda: Agradezco a Julio Hernández, pues de no ser por su terquedad, obstinación, empecinamiento, tozudez e intransigencia en cuanto al filósofo del altar, probablemente esta investigación habría resultado más corta y menos exhaustiva. Su defensa de lo indefendible fue un constante aliciente para seguir indagando hasta desarrollar la presente investigación.

Adenda 2: A modo de comentario personal, considero que a pesar de que la sociedad occidental y las religiones monoteístas estás sentadas sobre una base platónica, esto se puede superar y los cambios podrían empezar a arrojar resultados favorables. Cuando dejemos de concebir como primeros adjetivos a la hora de calificar cualquier cosa como buena-o-mala, cuando que el otro no esté con nosotros deje de significar que está contra nosotros, cuando se deje de perseguir a las personas por sus planteamientos -por muy escandalosos que sean-, cuando la pornografía y el sexo sean partes constitutivas del diario vivir, cuando empecemos a hacer el amor a la luz del día, cuando el hedonismo no sea visto con ojos positivos, cuando se prefiera que las películas tengan escenas de sexo en vez de acción; esos podrían ser signos que indistintamente se podrían asociar con la evolución de la sociedad hacia una sociedad post-platónica, abierta y capaz de aceptar la diversidad.

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