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Lente Escéptico: Noam Chomsky

Aclaración: gran parte de este artículo se apoya en la recolección de fuentes y citas de las críticas a Noam Chomsky contenidas en Wikipedia (en inglés).

La primera vez que oí hablar de Noam Chomsky y que me importó fue cuando el dictador venezolano Hugo Chávez lo mencionó y comparó con John Kenneth Galbraith, que había muerto poco antes de esa conferencia en la Asamblea General de la ONU. El New York Times se equivocó y pensó que Chávez había dicho que Chomsky -quien estaba vivito y coleando- había muerto.

La segunda vez que tuve conocimiento de Chomsky fue cuando en una entrevista del 2008, se refirió al “asesinato de Raúl Reyes” (?). Chomsky, que ha escrito tanto sobre la guerra, debería saber mejor que nadie que a alguien que entra voluntariamente en un conflicto armado, a su muerte es imposible difícil que sea catalogado como asesinato.

Aunque muchos le hayan pasado por alto esas licencias que se cometen en nombre de la afinidad ideológica, yo las encuentro bastante molestas.

Empecé a preguntarme si ese tipo de licencias eran algo común en la obra de Chomsky y me puse a buscar y contrastar. Cuál no sería mi sorpresa al encontrar que el lingüista es mucho más laxo con el lenguaje de lo que uno podría imaginar.

SU PRIMERA VEZ

La primera crítica a Chomsky se generó en Diciembre de 1969, cuando el escritor e historiador, ganador en dos ocasiones del premio Pulitzer, Arthur M. Schlesinger Jr., señaló que las citas de Chomsky de un discurso del presidente Harry Truman eran inventadas.

En Febrero de 1970, Chomsky respondió admitiendo que lo que ponía como citas del discurso de Truman en realidad eran parafraseados del discurso de Truman que le habían llegado por cuenta de fuentes secundarias.

Esta sería la primera de múltiples licencias que se tomaría Chomsky al escribir irresponsablemente sobre lo humano y lo divino.

El quid del asunto fue este. Chomsky se dio las mañas de convertir esto:

Hay una cosa que los estadounidenses valoramos aún más que la paz. Es la libertad. La libertad de culto – la libertad de expresión – libertad de empresa. Debe ser cierto que las dos primeras de estas libertades están relacionadas con la tercera. Porque, en toda la historia, la libertad de culto y la libertad de expresión se han disfrutado con más frecuencia en las sociedades que han otorgado un considerable grado de libertad a la empresa individual. La libertad ha florecido donde el poder se ha dispersado. También ha languidecido dónde el poder ha sido también altamente centralizado. Así que nuestra devoción a la libertad de empresa, en Estados Unidos, tiene raíces más profundas que un deseo de proteger los beneficios de la propiedad.

en esto:

Toda libertad depende de la libertad de empresa… Todo el mundo debería adoptar el sistema estadounidense… El sistema estadounidense puede sobrevivir en Estados Unidos sólo si se convierte en un sistema mundial

LA GUERRA DE VIETNAM

Luego, durante 1970, Chomsky fue acusado por Samuel P. Huntington de tergiversar lo dicho por el propio Huntington. En sus palabras,

Sería difícil imaginar un ejemplo de más flagrante deshonestidad que el de elegir las palabras sacándolas de contexto con el fin de darles un significado directamente opuesto al que el autor declaró

Una de las acusaciones era que Chomsky, al omitir de forma selectiva el material y poner juntas citas fuera de contexto, daba la impresión de que Huntington abogaba por la demolición de la sociedad vietnamita, cuando en realidad él había afirmado que la paz requería compromiso y acuerdo de ambas partes.

El miembro de la junta de ABC, historiador y escritor australiano, Keith Windschuttle, piensa parecido. Escribió (aquí el artículo traducido) en el New Criterion:

Chomsky era muy consciente del grado de violencia que los regímenes comunistas habían dirigido de forma rutinaria contra los pueblos de sus propios países. En el foro de Nueva York de 1967, reconoció tanto “la masacre en masa de los propietarios en China” como “la masacre de los terratenientes en Vietnam del Norte” que habían tenido lugar una vez que los comunistas llegaron al poder. Su objetivo principal, sin embargo, era proporcionar una racionalización de esa violencia, especialmente la del Frente de Liberación Nacional que entonces trataba de tomar el control de Vietnam del Sur. Chomsky puso de manifiesto que no era pacifista

No acepto el punto de vista de que podemos simplemente condenar el terror del Frente de Liberación Nacional, punto, porque fue tan horrible. Pienso que en serio tenemos que hacer preguntas sobre los costos comparativos, por feo que suene. Y si vamos a adoptar una posición moral sobre esto-y creo que deberíamos- tenemos que hacernos ambas preguntas: ¿cuáles fueron las consecuencias de usar el terror? y ¿cuáles fueron las consecuencias de no usar el terror?. Si fuera cierto que las consecuencias de no usar el terror fuera que los campesinos de Vietnam siguieran viviendo en el mismo estado en que vivían de los campesinos de Filipinas, entonces creo que el uso del terror estaría justificado. Pero, como he dicho antes, no creo que haya sido el uso del terror lo que llevó a los éxitos que se consiguieron

A su vez, el escritor y columnista, Oliver Kamm atacó los escritos políticos de Chomsky por, entre otras cosas,

juicios que tienen la apariencia de la erudición y la razón sin embargo están al borde de lo patológico


En su análisis del primer libro político de Chomsky (American Power and the New Mandarins, de 1969), Kamm asegura que Chomsky

compara la conducta de Estados Unidos a la de la Alemania nazi

El debate siguió otras dos instancias, pues la respuesta de Chomsky no se hizo esperar. En ella, en vez de defenderse como es debido, acusó a Kamm de una “transparente falsificación” y creyó que una forma de rebatir el artículo de su debatiente era asegurar que la denuncia demostraba “los extremos a los que algunos irían para prevenir la exposición de los crímenes de Estado y de su propia complicidad en ellos”.

Kamm replicó acusando a Chomsky de “distorsiones polémicas” y de paso puso de manifiesto la incapacidad de Chomsky para citarse a sí mismo correctamente. Desde entonces Chomsky no ha dicho nada al respecto.


CAMBOYA

En 1977, entre Chomsky y el economista y analista de medios, Edward S. Herman, escribieron un artículo intitulado Distortions at Fourth Hand. La publicación fue hecha en la revista The Nation en su edición del 25 de Junio.

Tras examinar los informes de las atrocidades masivas cometidas por los Jemeres Rojos de Camboya, argumentaron que había “afirmaciones marcadamente contradictorias” de los acontecimientos en Camboya y que los medios americanos eran selectivos, publicando las noticias anti-comunistas. Los medios de comunicación estaban creando “una versión distorsionada de la seriedad de las pruebas disponibles, haciendo hincapié en presuntas atrocidades de los Jemeres Rojos y minimizando o ignorando el crucial papel de EEUU, directo e indirecto, en el tormento que Camboya ha sufrido”.

Chomsky y Herman afirmaban:

Las limitaciones de espacio impiden un examen exhaustivo, pero las publicaciones como el Far Eastern Economic Review, el London Economist, el Melbourne Journal of Politics y otros en otras partes, han suministrado análisis por especialistas altamente calificados que han estudiado toda la gama de pruebas disponibles y llegaron a la conclusión de que las ejecuciones llegan por mucho a los miles, que estas fueron localizadas en las zonas donde la influencia de los Jemeres Rojos es limitada y el descontento de los campesinos es inusual, en donde los homicidios por venganza brutal se ven agravados por la amenaza de hambruna debido a la destrucción de EEUU y las matanzas.

Lo cierto es que esas tres publicaciones no contaron con “análisis de especialistas altamente calificados”. El Far Eastern Economic Review, contó con el reportaje del periodista hindú Nayan Chanda que se basaba en una declaración de Pol Pot. El artículo en cuestión fue publicado el 29 de octubre de 1976.

El London Economist lo que publicó fue la carta al director por parte de un lector que responde al nombre de W.J. Sampson, quien “trabajó como economista y estadístico para el Gobierno de Camboya hasta Marzo de 1975, en estrecho contacto con la oficina central de estadística. Después de salir de Camboya, escribe que

visitó los campamentos de refugiados en Tailandia y se mantuvo en contacto con los jemeres

y que también confió en

un amigo europeo que anduvo en bicicleta por Phnom Penh durante muchos días después de su caída [y] no vio ni oyó de… ejecuciones

aparte de

los fusilamientos de algunos prominentes políticos y el linchamiento de los odiados pilotos de los bombardeos en Phnom Penh

y concluye

que las ejecuciones podrían ser contadas en cientos o miles en lugar de en cientos de miles

aunque hubo

un gran número de víctimas mortales de la enfermedad”

(Fuente)

La carta de Sampson fue publicada en la edición del 26 de Marzo de 1977.

Por último, el Melbourne Journal of Politics publicó en su edición de Diciembre de 1975-Enero de 1976 un artículo del entonces estudiante Ben Kiernan que en esa época dudaba de la escala del genocidio camboyano. Kiernan cambió de parecer en 1978.

Chomsky fue acusado de “minimizar las atrocidades de los Jemeres Rojos en Camboya”. El profesor inglés, Geoffrey Sampson, en un artículo de 1983 intitulado Biographical Companion to Modern Thought (y al que no hay acceso en Internet) aseguró que Chomsky había “perdido autoridad como comentarista político por una serie de acciones consideradas como imprudentes” (tomado del artículo The Chorus and the Cassandra de Christopher Hitchens que cita textualmente varias partes del texto de Sampson).

Sampson aludía a “las relaciones entre los lados académico y político del pensamiento de Chomsky” citando como ejemplo que “Chomsky a veces ha hecho explícitos estos vínculos, por ejemplo, en el argumento de que la filosofía empirista de Locke allanó el camino para imperialismo” concluyendo que “recientemente, sin embargo, Chomsky ha insistido en una separación rígida entre los dos aspectos de su trabajo”.

El periodista y comentador político, Fred Barnes, da testimonio de la actitud de Chomsky en un seminario en el que tuvo la casualidad de sentarse a su lado (también tomado del escrito de Hitchens):

Me senté junto a Noam Chomsky en un seminario en la Casa Lippmann (de la Fundación Nieman) de la Universidad de Harvard en Cambridge, Massachusetts, en 1978. Sobre la cuestión del genocidio en Camboya, la idea central de lo que dijo fue que no había pruebas de asesinatos en masa allí. Según recuerdo, era bastante inflexible en este punto. Para ese momento él había escrito una o dos cartas a The New York Review of Books insistiendo en ese punto. Chomsky parecía creer que los relatos del holocausto en Camboya eran propaganda. Dijo, en otro punto, que hubo un esfuerzo en curso para reescribir la historia de la guerra de Indochina – en una manera más favorable a los EEUU. Tal vez pensó que la noción de genocidio en Camboya fue parte de ese esfuerzo

TIMOR ORIENTAL

En el libro de Chomsky A New Generation Draws the Line, del año 2000, el autor tergiversa lo que dijo el ex-embajador de la ONU, Daniel Patrick Moynihan.

Este tema también fue tratado en el ya citado intercambio epistolar con Oliver Kamm. Este último asegura que Chomsky

Maneja una referencia burlesca de las memorias del entonces embajador de EEUU ante la ONU, Daniel Patrick Moynihan, poniendo pasajes separados como si fueran secuenciales y atribuyéndole a Moynihan comentarios que no hizo, para dar a entender que Moynihan se enorgullecía de las políticas de corte nazi

FÁBRICA FARMACÉUTICA AL-SHIFA

La fábrica de fármacos Al-Shifa (palabra árabe que significa “Salud”), fue construida en Jartum Norte, Sudán entre 1992 y 1996. El complejo industrial era la fábrica farmacéutica más grande de Jartum. Tenía cerca de 300 empleados y producía medicinas tanto para humanos como para uso veterinario. Se usaba principalmente para hacer medicina anti-malaria.

En 1998, la fábrica fue destruida por un bombardeo de EEUU dejando como saldo un empleado muerto y once heridos.

Chomsky entró en la escena de este crimen algo tarde y muy mal ubicado. Mencionó los ataques a Sudán al inicio de su discurso sobre el 11-S, minimizando los ataques a las Torres Gemelas. En palabras de Chomsky:

Los ataques terroristas fueron grandes atrocidades. Comparativamente puede que no lleguen al nivel de muchos otros, por ejemplo, el bombardeo de Clinton a Sudán, con ningún pretexto creíble, destruyendo la mitad de sus suministros farmacéuticos y matando a un número desconocido de personas (nadie sabe, porqué EEUU bloqueó una investigación en la ONU por la cual ya a nadie le importa luchar). Por no hablar de casos mucho peores, que fácilmente vienen a la mente.

En una entrevista concedida a Suzy Hansen que se publicó el 16 de Enero del 2002, en lo que concierne al bombardeo de la fábrica en 1998, Chomsky declaró:

Ese bombardeo, de acuerdo con las estimaciones realizadas por la embajada alemana en Sudán y Human Rights Watch, probablemente condujo a decenas de miles de muertes

Carroll Bogert, la entonces Directora de Comunicaciones de Human Rights Watch le respondió a Chomsky que ellos [HRW] no habían

llevado a cabo ninguna investigación sobre las muertes civiles como resultado del bombardeo de EEUU en Sudán y no expresarían un resultado de ese tipo, sin una misión de investigación cuidadosa y exhaustiva sobre el terreno

Con respecto al comentario de la embajada alemana, efectivamente se había hecho la estimación de “decenas de miles de muertes”, pero no había sido la embajada, sino el entonces Embajador (que ocupó ese cargo hasta el año 2000), Werner Daum, en un reporte que había escrito al respecto.

DAÑO COLATERAL

El ateo, eséptico y autor de no-ficción, Sam Harris, en su libro The End of Faith (que traduce El Fin de la Fe) apoya la definición del ejército estadounidense de daño colateral y critica a Chomsky por no tomarla en cuenta:

Chomsky no reconoce la diferencia entre la intención de matar a un niño por el efecto que se espera producir en sus padres (que llamamos “terrorismo”), y sin querer matar a un niño en un intento por capturar o matar a un asesino de niños confeso (a esto le llamamos “daño colateral”). En ambos casos, un niño ha muerto, y en ambos casos es una tragedia. Pero la condición ética de los autores, ya sean particulares o Estados, no podría ser más clara… Para [Chomsky] la intención parece no importar. El conteo de cuerpos lo es todo.

LA AMENAZA DE UN BUEN EJEMPLO – GUERRA FRÍA

En su libro Failed States: The Abuse of Power and the Assault on Democracy (cuya traducción sería Estados Fallidos: El Abuso de Poder y el Asalto a la Democracia) Chomsky ha argumentado que una explicación importante para las intervenciones de EEUU en los países pobres es el temor de que estas naciones pueden ser buenos ejemplos como alternativas a la pretendida hegemonía de explotación de EEUU.

Como ejemplos de esta amenaza de “ejemplo contagioso”, Chomsky ha utilizado la oposición de EEUU a los movimientos populares en Chile, Cuba, Haití, Vietnam y Nicaragua.

En el libro The Anti-Chomsky Reader, en el capítulo “Chomsky and 9/11” escrito por los escritores -valga la redundancia- conservadores David Horowitz y Ronald Radosh, el primero de ellos responde que hay muchos ejemplos de países socialistas, pero no han sido buenos ejemplos. En cambio todos han fracasado económicamente y han sido políticamente represivos:

Chomsky parece haber pasado por alto este hecho más básico de la historia del siglo XX: el socialismo no funciona, y en la medida que funciona, sus resultados son terribles.

Horowitz basa su argumento en gran medida en la comparación de economías pares como la Corea del Norte y Corea del Sur, asumiendo que la primera es una economía socialista y la segunda una economía capitalista exitosa.

Chomsky responde (en su libro Understanding Power [Entendiendo el Poder]) a este tipo de comparaciones, señalando que muchas de las economías supuestamente “socialistas” que han fracasado en realidad no son genuinamente socialistas, sino totalitarias y que muchas de las historias exitosas del capitalismo -incluida la de EEUU- se han debido al proteccionismo en vez del genuino capitalismo de libre mercado (esto se encuentra en su disco Free Market Fantasies: Capitalism In The Real World [Fantasías del Libre Mercado: Capitalismo en el Mundo Real]).

Chomsky atribuye el fracaso de Cuba -y otros fracasos socialistas-, a las severas sanciones económicas, políticas y militares que le impone EEUU.

Por último, Chomsky ha mostrado que el miedo al “ejemplo contagioso” ha sido expresado de hecho en los documentos internos del gobierno de EEUU.

Ante tanta información, toca ir por pasos.

En primer lugar, yo estoy de acuerdo en que la actuación del gobierno de EEUU en ocasiones ha sido dictada por sus intereses (como lo describe la fría sentencia que haría John Foster Dulles, el 1° de Diciembre de 1958 -siendo Secretario de Estado de los EEUU- en México, mientras atendía, junto con el hermano del presidente Eisenhower, la inauguración del electo presidente mexicano, Adolfo López Mateos: “EEUU no tiene amigos, tiene intereses”) y no por los valores democráticos -término con el que no estoy muy de acuerdo, pero eso es ‘harina de otro costal’-.

En segundo lugar, los argumentos de Horowitz, se caen por su propio peso: el éxito de una economía, ESTÁ INFLUIDO -que en otras palabras quiere decir que no depende exclusivamente- por la interferencia del Estado, pero no es un factor exclusivo ni excluyente que determine el éxito o el fracaso de dicha economía.

En tercer lugar, la Guerra Fría es prueba de que ninguno de los dos sistemas con sus propuestas teóricas llega muy lejos. Las ideologías ganan las batallas con argumentos mediante la razón y el debate. La guerra se gana con armas y ya lo decía Ayn Rand: “¡Una pistola no es un argumento!”. Si alguno de los dos sistemas fuera garantía del éxito, no se habrían necesitado tropas de ninguno de los antagónicos frentes que abogaban (cada uno a su vez) por el “sistema ganador”.

Hechas las aclaraciones correspondientes paso a exponer algunos puntos de los argumentos de Chomsky que no dejan de intrigarme:

Chomsky señala que ha habido dos tipos de fracaso de economías socialistas: Por un lado están los totalitarismos que no son “genuinamente socialistas” y por el otro están los que sí son genuinamente socialistas que han sufrido las sanciones impuestas por el gobierno de EEUU.

No deja de llamarme la atención cómo Chomsky se empeña en, no sólo incluir, sino poner como principal ejemplo del segundo grupo a Cuba.

Entonces supongo que Chomsky, al igual que Gianni Minà, se da las mañas para evitar enterarse de la cantidad de presos políticos, por delitos de opinión, la censura, la cantidad cubanos que cada año buscan escapar de la isla a como dé lugar y los testimonios de los que ya han escapado, así sea en una balsa y a la deriva.

No sé qué entenderá Chomsky por régimen totalitario, pero para la mayoría de los mortales, eso que hace el régimen castrista ¡califica!

Acerca de la Guerra Fría, Chomsky le dedica todo un libro: What Uncle Sam Really Wants (Las Intenciones del Tío Sam). Al respecto se han pronunciado el profesor de Economía de la Universidad de Berkeley, Brad DeLong, en su My Allergic Reaction to Noam Chomsky y el escritor Benjamin Kerstein en su artículo What Uncle Sam Really Wants: A Review (aquí el artículo traducido).

En palabras de DeLong:

Lo que objeto es la falta de fondo y de contexto. Cuando se cuenta la historia de la Guerra Fría tal y como sucedió –aunque sea en sólo diez páginas– tiene que haber un lugar para Stalin, una investigación sobre el carácter de los regímenes que Stalin patrocinó y una evaluación de los planes estalinistas y de sus programas de expansión. Y Chomsky implacablemente suprime la mitad de la historia de la Guerra Fría, la historia de lo que sucedió al otro lado de la Cortina de Acero

Así, sin más. ¡Reescribe la historia de la Guerra Fría sin contar con déspotas dictadores de la talla de Stalin, Mao Tse-Tung y Kim Il Sung!. Nada de invasión a Checoslovaquia en 1968, que Cuba y Ho Chi Minh apoyaron lacaymente. No. De un plumazo, eso no pasó.

Kerstein concluye acertadamente el asunto así:

Es decir, Chomsky es capaz de contar la Guerra Fría como una serie de actos unilaterales. Así es sencillo mostrar a Estados Unidos como un monstruo; también lo parecería si nos mostraran el desembarco de Normandía sin ningún contexto, sin ninguna explicación de lo que había pasado en Alemania y las razones de la invasión.

El periodista político de origen irlandés, Alexander Cockburn, quien ha sido criticado varias veces por antisemita, publicó en su libro (The Golden Age is in Us: Journeys and Encounters) una carta de Chomsky. He aquí un extracto de dicha carta:

en comparación con las condiciones impuestas por la tiranía y la violencia de EEUU, el Este de Europa bajo la esfera rusa era prácticamente un Paraíso

Y en el libro que lo lanzó al estrellato en 1969, Chomsky anotaba que

es relevante la historia de la colectivización en China, que, comparada con la de la Unión Soviética, muestra una mayor confianza en la persuasión y la ayuda mutua que en la fuerza y el terror y parece haber tenido más éxito

LEYENDO MENTES

No. Chomsky no ha entrado en esa parte de las pseudociencias. Más adelante hablaremos sobre su conspiranoia, pero este aparte es sobre la crítica que algunos autores le han hecho a Chomsky por hacer suposiciones infundadas.

En un intercambio epistolar que tuvo lugar en 1969, Stanley Hoffmann, un compañero oponente a la Guerra de Vietnam, le criticó a Chomsky

la tendencia a extraer de las declaraciones de un autor deducciones que no corresponden ni a las intenciones del autor, ni al significado de las declaraciones

Hoffman declara que

Porque yo no creo que los objetivos que profesamos en Vietnam fueran obviamente perversos, el Profesor Chomsky ‘lee esto, como si en esencia, fuera un argumento en favor de la legitimidad de la intervención militar’. Si no hubiera dejado de citar mi análisis en dónde lo hizo, habría tenido que mostrar que mi caso en contra de la guerra es exactamente lo opuesto: ‘fines valiosos’ divorciados de las realidades políticas locales lo que lleva a un desastre político y moral

y más adelante

Percibo en el enfoque del profesor Chomsky, en su descomplicada atribución del mal a los objetivos de sus enemigos, en su afición por los principios abstractos, en su impaciencia moral, la imagen en el espejo de las características que tanto a él como a mí nos disgustan de la política exterior estadounidense. Para mí la cordura no consiste en responder a una cruzada con una anti-cruzada

En 1989, la historiadora Carolyn Eisenberg, argumentó que la imagen crítica de Chomsky sobre la política de EEUU y sus funcionarios durante la Guerra Fría no coincidía con las pruebas documentales, tales como los documentos internos secretos. Chomsky, en una respuesta negó que él dijera que los funcionarios estuvieran mintiendo deliberadamente sobre las motivaciones de la política norteamericana, así como lo hacían sobre el Peligro Soviético, que no se tomaban en serio. En cambio,

en la vida política como en la vida personal, es muy fácil llegar a creer lo que es conveniente y útil para creer.

ORIENTE MEDIO

Tanto el comentador político y abogado penal Alan Dershowitz en su libro What Israel Means To Me (Lo que Israel Significa para Mí) como el ensayista y cineasta David Mamet, en su libro The Wicked Son (El Hijo Perverso) han acusado a Chomsky de tolerar la violencia contra los israelíes.

Dershowitz en su otro libro The Case for Israel (algo así como El Caso Israelí -libro además acusado de no ser escrito por Dershowitz. Derek Bok, ex Presidente de Harvard, exoneró al ‘autor’ de responsabilidad alguna por plagio-) alega que Chomsky se refiere falsamente a los Palestinos como “pueblo indígena” y a los Judíos como “inmigrantes”, que aplica diferente rasero al racismo por su asociación con -el neonazi- Robert Faurisson (algo de lo que hablaremos más adelante) y simultáneas acusaciones de racismo contra los defensores de Israel y por culpar a Israel con toda la responsabilidad por la crisis de los refugiados de 1948.

Chomsky también ha sido criticado por su apoyo a organizaciones militantes -y, en la más de las ocasiones, terroristas- como Hezbolá, que usan retórica antisemita.

El editor desde 1999 de The Review (la revista mensual de actualidad del Consejo de Asuntos Australia/Israel y los Judíos), Tzvi Fleischer, escribió un articulo en The Australian que fue publicado el 8 de Junio del 2006. Un extracto del articulo dice:

Filosóficamente, por supuesto, el anarco-socialista Chomsky no tiene casi nada en común con Hezbolá, que trata de establecer una teocracia al estilo iraní, dominado por la aplicación coercitiva de la sharia, la ley religiosa. Ni muerto, él sería encontrado apoyando a un grupo cristiano con la misma tendencia a la violencia teocrática, pero como Chomsky y muchos de la extrema izquierda han demostrado, muchas veces, para ellos, el antiamericanismo triunfa sobre todo lo demás.

Uno de los autores del Comité para la Precisión en los Reportajes de Oriente Medio en EEUU (CAMERA por su sigla en inglés), Zachary Hughes, en un artículo del 1° de Septiembre del 2006 indagó más en la obsesión antiestadounidense y antisemita de Chomsky y también concluyó que esa la única principal razón del lingüista para reunirse con los terroristas de Hezbolá.

A las acusaciones de antisemitismo, Chomsky ha respondido cosas como:

Si uno identifica el país, la gente, la cultura con los gobernantes, acepta la doctrina totalitaria, entonces sí, es antisemita criticar la política israelí y antiestadounidense criticar la política americana, y era antisoviético cuando los disidentes criticaban la política de Rusia. Uno debe adoptar asunciones profundamente totalitarias para no reírse de esto.

En cuanto a las tendencias guerreristas de Hezbolá y sus lazos, en una visita al Líbano en el 2006, Chomsky dijo que consideraba razonable la decisión de Hezbolá de seguir alzados en armas, dadas las circunstancias. Ali Hussein (el periodista libanés, no el hijo de Saddam Hussein) de Ya Libnan (medio libanés que transmite noticias de Beirut en inglés para una audiencia internacional y cuyo nombre se traduce como “Oh Líbano“), criticó a Chomsky ampliamente afirmando que la mayoría de los habitantes del Líbano se oponen a una Hezbolá armada, ya que socava la soberanía del Líbano.

A pesar de que regularmente condena las acciones del gobierno israelí en el conflicto israelí-palestino, Chomsky recientemente ha sido objeto de críticas de algunos activistas pro-palestinos por su defensa del Acuerdo de Ginebra del que se dice que ordena una solución de un solo estado Israelí-Palestino y niega el derecho de regreso a los palestinos. Chomsky responde que mientras el derecho de regreso sea inalienable, nunca se materializará y que las propuestas sin respaldo internacional significativo -como la solución de un-Estado- son metas irreales (y por tanto no éticas):

Voy a seguir aquí a la promoción, en el sentido de gravedad: acompañado de algún tipo de programa de acción factibles, libre de ilusiones sobre “actuar por principio”, sin tener en cuenta el “realismo”- eso es, sin tener en cuenta el destino del pueblo que sufre.

(Fuente)

ASUNTO FAURISSON

En 1979, el francés negacionista del Holocausto Judío, Robert Faurisson publicó tres cartas en el diario Le Monde. En las cartas, Faurisson negó la existencia de las cámaras de gas, la autenticidad del Diario de Ana Frank y la veracidad de los testimonios de Elie Wiesel.
La repetición sistemática de esta mentira (qué orgulloso estaría Goebbels) le ha costado a Faurisson varias condenas tanto pecuniarias ($$$) como penales (en la cárcel).

Debido a las sanciones impuestas a Faurisson, el también revisionista (eufemismo para negacionista neonazi) Serge Thion, le solicitó a Chomsky que firmara una petición solicitando a las autoridades garantizar la seguridad y el ejercicio libre de sus derechos legales a Faurisson. La petición, que fue firmada por un total de 500 intelectuales reza así:

El doctor Robert Faurisson ha sido un respetable profesor de literatura francesa del siglo XX y de crítica literaria en la Universidad de Lyon-2 durante cuatro años. Desde 1974 ha estado llevando a cabo una extensa investigación histórica sobre el tema del ‘Holocausto’.

Desde que comenzó a hacer públicos sus hallazgos, el doctor Faurisson ha sido objeto de una cruel campaña de acoso, intimidación, difamación y agresiones físicas, en un bárbaro intento de hacerle callar. Las autoridades, temerosas, han tratado incluso de impedir su trabajo, prohibiéndole el acceso a bibliotecas y archivos públicos.

Protestamos enérgicamente contra esta privación del derecho a la libertad de expresión del doctor Faurisson y condenamos la vergonzosa campaña que se ha organizado para silenciarle.

Apoyamos rotundamente el legítimo derecho de la libertad académica del doctor Faurisson y exigimos que las autoridades del gobierno y de la universidad hagan lo posible para garantizar su seguridad y el libre ejercicio de sus derechos civiles

(Fuente)

De ese texto que tuviera como primera rúbrica la de Chomsky, se puede inferir cierta apología a la mentira de Faurisson teniendo en cuenta que:

a. Afirma sus credenciales académicas (“un respetable profesor” de “crítica literaria”. ¿Y esto es elemento de juicio decisorio sobre quién tiene libertad de expresión y quién no? Las credenciales sobraban).
b. Dignifica su propaganda al calificarla como una “extensa investigación histórica”.
c. Incluyen el término “Holocausto” entre comillas.
d. Califica las mentiras de Faurisson como “hallazgos”.

Un gran número de intelectuales franceses también criticaron la petición firmada por Chomsky, describiendo con detalle los íntimos lazos de la negación de Faurisson con los neonazis.

Particularmente Pierre Vidal-Naquet, profesor e historiador, tildó de ‘escandalosa’ la petición diciendo lo que ya hemos hecho notar aquí acerca de que implícitamente se tomaba a Faurisson como un investigador serio y no como un proselitista:

Lo escandaloso de la petición es que nunca se plantea la cuestión de si lo que Faurisson dice es verdadero o falso, que incluso presenta sus conclusiones o “hallazgos” como resultado de una investigación histórica, es decir, una investigación en busca de la verdad. Sin duda, se puede argumentar que todo hombre tiene derecho a mentir y falsear, y que la libertad individual conlleva ese derecho, la cual se otorga, en la tradición liberal francesa, a los acusados para su defensa. Pero el derecho que exige el falsificador no le debe ser concedido en nombre de la verdad.

Vidal-Naquet también negó que se le hubiera prohibido el acceso a Faurisson a las bibliotecas públicas o archivos, y el único archivo que se le prohibía era el privado Centre de Documentation Juive Contemporaine (Centro de Documentación Judía Contemporánea) en París, que Vidal-Naquet considera totalmente coherente con su misión declarada:

El hecho de que el personal del Centro de Documentación Judía Contemporánea, desafiada en su actividad fundamental, la de la memoria del crimen, debe -después de años de paciencia- negarse a servir a Faurisson me parece perfectamente normal.

Para responder, Chomsky escribió Some Elementary Comments on the Rights of Freedom of Expression (Comentarios Elementales sobre los Derechos de la Libertad de Expresión). En el ensayo, Chomsky alega que aunque Faurisson fuera un neonazi, esto no es excusa para privarlo de sus derechos civiles. Añade que por otra parte, de todo lo que había leído de Faurisson, este no era neonazi ni antisemita, simplemente una “especie de liberal apolítico”.

Chomsky autorizó a que el ensayo fuera publicado para cualquier propósito. Fue entonces cuando el otro neonazi, Serge Thion lo usó como prefacio de un nuevo libro. Luego Chomsky le pidió que no lo usara en ese sentido porque creía que la comunidad intelectual francesa era tan incapaz de comprender la libertad de expresión que sólo los confundiría más, pero su petición llegó demasiado tarde para que el libro fuera cambiado. Chomsky diría más tarde que pedir la remoción del prefacio es su único lamento en este asunto.

Vidal-Naquet no bajó la guardia y volvió a dirigirse a Chomsky en los siguientes términos:

La simple verdad, Noam Chomsky, es que usted no pudo cumplir con la máxima ética que había impuesto. Usted tenía derecho a decir: mi peor enemigo tiene el derecho a ser libre, a condición de que no pida mi muerte o la de mis hermanos. Usted no tenía derecho a decir: mi peor enemigo es un compañero, o una “especie de liberal apolítico”. Usted no tenía derecho a tomar a un falsificador de la historia y revestirlo con los colores de la verdad.

Para rebatir la negación que hizo Chomsky acerca de que Faurisson fuera antisemita, Vidal-Naquet ofreció el siguiente argumento:

Simplemente diré: El antisemitismo personal de Faurisson de hecho, a mí me interesa más bien poco. Existe y puedo dar testimonio de ello, pero no es nada comparado con el antisemitismo de sus textos. ¿Es antisemita escribir con conmesurada calma que al exigirle a los judíos llevar la estrella amarilla a partir de la edad de seis años “Hitler estaba tal vez menos preocupado por la cuestión judía que por garantizar la seguridad de los soldados alemanes” (ibid., p. 190)? Claro que no, dentro de la lógica de Faurisson, ya que en el análisis final no hay posibilidad de practicar el antisemitismo. ¿Pero en la lógica de Chomsky? ¿Es la invención de un imaginario de la declaración de guerra contra Hitler, en nombre de la comunidad judía internacional, por un presidente imaginario del Congreso Judío Mundial, un caso de antisemitismo o de falsificación deliberada? (Vidal-Naquet, op. Cit.)

John Goldsmith, profesor de la Universidad de Chicago, también criticó a Chomsky así:

Sus críticos poco afectos usaron esto como una oportunidad para etiquetar a Chomsky de antisemita, pero incluso potenciales críticos afectos a las opiniones políticas de Chomsky consideraron que su intervención mostró falta de juicio.

Por su parte, la historiadora Deborah Lipstadt, de la Liga AntiDifamación, sostiene otra hipótesis. Para ella, las declaraciones de Faurisson fueron del arquetipo antisemita, y la conclusión lógica de la declaración de Chomsky sería que el nazismo no era antisemita. El principal argumento para esto es que quienes niegan el Holocausto no están interesados en la verdad, pero están “motivados por el racismo, el extremismo y el antisemitismo”.

Las respuestas de Chomsky no se harían esperar. Chomsky se anota esta perla:

En ese contexto, he hecho un punto más: incluso la negación del Holocausto no probaría que una persona es antisemita. Supongo que ese punto tampoco está sujeto a discusión. Así, si una persona ignorante de la historia moderna fuera informada sobre el Holocausto y se negara a creer que los humanos son capaces de actos tan monstruosos, no saltaríamos a la conclusión de que es antisemita. Eso basta para establecer el punto en cuestión.

¿Cómo? ¿”ignorante de la historia moderna“? ¿No que Faurisson era un conocedor de la historia porque había hecho una “extensiva investigación histórica” de cuatro años? ¿Ahora resulta que no? ¡Tremendo intelectual!

BRILLANTE PALADÍN DE LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN

Pero los neonazis no son los únicos negadores que cuentan con el beneplácito de Chomsky.

Los casos de Bosnia y de The Guardian destacan muy bien el doble rasero que utiliza Chomsky frente a la Libertad de Expresión.

En el 2005, la periodista Emma Brockes entrevistó a Chomsky para The Guardian y la entrevista se publicó el 31 de Octubre de ese año. ¿Cuál fue el problema?

El 2 de Noviembre, The Guardian publicó dos cartas. Una en la que Chomsky se quejaba de la entrevista (porque la imagen que mostraba de él no lo favorecía) y otra de Kemal Pervanic, un superviviente del campo de concentración de Omarska, en la que se declaraba “sorprendido por algunos de los puntos de vista de Noam Chomsky en el artículo” de Brockes.

El “adalid” de la libertad de expresión y sus furibundos esbirros bombardearon a punta de cartas el periódico hasta que lograron que dejara de expresarse libremente. El 17 de Noviembre, el periódico inglés publicó unas disculpas a Chomsky y además decidieron quitar la entrevista de su página web y retirar la carta de Pervanic, ya que, para Chomsky, había sido publicada deliberadamente para socavar su postura.

Pero eso no es todo. Aún hay más.

“Lo que resulta aún más curioso es que la entrevista con Brockes giraba en torno a la defensa de Chomsky de la escritora Diana Johnstone, supuestamente desde la base de defender la libertad de expresión. En el 2003, el semanario sueco Ordfront publicaba una entrevista con Johnstone, que repetía sus opiniones revisionistas y negadoras del genocidio en la guerra de Bosnia. Esto provocó una protesta masiva de parte de miembros de equipo editorial y lectores de Ordfront, llevando a la dimisión del director y las disculpas públicas de la revista por el daño causado a los supervivientes del genocidio bosnio. Aparentemente el editor sueco de Johnstone rescindió su acuerdo para publicar su libro. Esto, a ojos de Chomsky, constituye una violación de la ‘libertad de expresión’ de Johnstone” (Fuente).

Entonces, si le pasa a una periodista por los berrinches de Chomsky -sobre sus propias palabras-, no es atentar contra la libertad de expresión. En cambio, si le pasa a una negadora del genocidio bosnio por cuenta de la memoria histórica que ésta desafía sí lo es.

Chomsky es el paradigma de la doble moral.

Por otra parte, no deja de rondarme la pregunta ¿cómo no iba a ser Chomsky un ‘adalid’ de la Libertad de Expresión? ¡Es algo de esperarse de un best-seller de su talla!

A la vez considero que el verdadero ‘paladín’ de la Libertad de Expresión sería alguien que tuviera dificultades de publicación, sufriera la censura y persecución política, por ejemplo los miembros de RCTV o los columnistas de la Revista Cambio


NO ES UN ANARQUISTA

Chomsky ha sido reconocido en más de una ocasión como un anarquista. De hecho sus puntos de vista sobre el anarquismo están condensados en su libro Chomsky On Anarchism a partir del cual ha sido criticado tanto por el anarquista sin adjetivos y escritor ateo, Fred Woodworth como por el anarcoprimitivista y filósofo John Zerzan.

En ocasiones han representado a Chomsky como demasiado reformista e incapaz de articular una crítica completamente anarquista (en el caso de Zerzan esto significa específicamente anti-civilización) sociedad. Para Zerzan

La verdadera respuesta, dolorosamente evidente, es que él no es un anarquista en absoluto.

Cuando se le preguntó a bocajarro ‘¿Son los gobiernos intrínsecamente malos?’ su respuesta (28 de enero de 1988) fue no. Él es crítico de las políticas de gobierno, no del propio gobierno, motivado por su ‘deber’ como ciudadano.


TAMPOCO MARXISTA

El Secretario General del Partido Obrero Socialista de EEUU, Jack Barnes, también ha dirigido palabras de crítica hacia Chomsky:

Hoy en día, el autodenominado anarquista, Noam Chomsky, hace lo mismo. Es por eso que su radicalismo no es una amenaza a los poderes fácticos. ¿Y por qué hay una toxina anti-clase-trabajadora en su medicina radical, especialmente anti-trabajadora en los EEUU?

Sigue por mucho tiempo escribiendo, quejándose, y señalando las deficiencias y males morales del capitalismo, de su industria y su agricultura – al mismo tiempo argumentando que no tenía sentido para la clase trabajadora para tratar de hacer algo al respecto – algo revolucionario. Algo que pueda conducir a un gobierno de obreros y campesinos, a la dictadura del proletariado

(Sacado de New International #12 p.124-125)

HAZ COMO DIGO, NO COMO HAGO

El investigador de la Institución Hoover y autor, Peter Schweizer, escribió un libro sobre la “hipocresía liberal” intitulado Do As I Say (Not As I Do) [Haz Como Digo (No Como Hago)] y nuestro personaje no podía faltar.

El capítulo dedicado a Chomsky se llama La Imagen de Marca de Chomsky aunque el autor también tiene un artículo (Noam Chomsky, Capitalista de Closet) en el que expresa la hipocresía de Chomsky.

El asunto es el siguiente. Chomsky, quien ha criticado a los paraísos fiscales y la concentración de riqueza, ha usado (con un patrimonio neto de U$ 2’000.000°°) un fideicomiso para evitar los impuestos:

Chomsky está a favor del impuesto al patrimonio y la redistribución masiva de los ingresos, siempre y cuando no sea la redistribución de sus ingresos.

Schweizer también argumenta que Chomsky ha criticado el concepto de propiedad intelectual, lo que para el investigador es una hipocresía a la luz del hecho de que gran parte del material de Chomsky es protegido por derechos de autor y distribuido siempre y cuando se pague una cuota por su distribución.

Pero Schweizer no ha sido el único que ha caído en cuenta de la profunda incongruencia andante que es Chomsky.

Éste último también ha sido criticado por llevar a cabo investigaciones financiadas por y para los militares. Su trabajo lingüístico es utilizado por el Pentágono para mejorar la interacción persona-ordenador.

El mejor testimonio contra ese declarado opositor del ejército de EEUU que es Chomsky, lo aporta el mismo Chomsky:

El MIT paga sólo un treinta o un cuarenta por ciento de mi salario. El resto viene de otras fuentes, en su mayor parte, del Departamento de Defensa.

(Citado por Konrad Koerner en “The Anatomy of a Revolution in the Social Sciences: Chomsky in 1962“, Dhumbadji!, Invierno de 1994.)

CONSPIRANOIA

Chomsky se consdiera así mismo escéptico (Pfff… ya viene a manchar nuestro nombre) y por ende enemigo de las teorías conspiranóicas:

El término ‘teoría conspiratoria’ es particularmente revelador. Siempre me he opuesto explicita y enérgicamente a las ‘teorías conspiratorias’ e incluso soy conocido por ello

(Citado por Jeffery Klaehn en “A Critical Review and Assessment of Herman and Chomsky’s ‘Propaganda Model’” del European Journal of Communication, Junio de 2002, página 149)

Pero hay algo que no me cuadra. Chomsky detesta a los medios de comunicación tradicionales, pues los acusa de ser distractores de las masas de lo que realmente importa.

Sin embargo, a la vez resulta curioso que para el New York Times sea “probablemente el intelectual vivo más importante”; para el Chicago Tribune, “el autor vivo más citado del mundo”, y para la Rolling Stone “uno de los más respetados e influyentes intelectuales del mundo”. A lo mejor -y no me extrañaría que fuera así- esa es la manera en que Chomsky se confiesa.

EL MÉTODO CHOMSKYSTA

Por último, quiero hacer un repaso de los más variopintos métodos a los que ha recurrido Chomsky para mantener sus imposturas, mentiras y falacias, con tal de poder seguirse denominando un Revolucionario.

El periodista español, Daniel Rodríguez Herrera, resume en un artículo estas mañas, artimañas y triquiñuelas propias de la prosa chomskysta. En algunos casos me remitiré a nombrar alguno de los casos ya expuestos, pues repetirlo sería farragoso y haría -aún muchísimo más- extenso el artículo.

En primer lugar está la Selección de Fuentes.

Si existe alguien selectivo con sus fuentes, ese es Noam Chomsky. Él no las elegirá porque sean las más prestigiosas o las que soporten con mejores argumentos lo que dicen. Él las elegirá según apoyen su punto de vista.

Es lo que pasa en su libro El Triángulo Fatídico: Estados Unidos, Israel y los palestinos. El libro ofrece una justificación para los ataques por parte de los musulmanes a los judíos en 1929 ya que según Simha Flapan, esa matanza de 133 judíos fue provocada. Flapan no ofrece justificación para esa afirmación gratuita y sin embargo Chomsky lo eligió a él por encima de autores -también del agrado de Chomsky- como Y. Porath y Christopher Skyes quienes explican que entre musulmanes y judíos se habían estado provocando desde hacía semanas.

Para reforzar su tartufa hipótesis, Chomsky se apoya en las palabras del testigo presencial del hecho, Vincent Sheean, cuya versión se contradice con la del resto de testigos presenciales (?). Pero no. Para Chomsky, ese testigo sería el que decía la verdad. De haber sido yo el autor, Sheean, por ser admirador del Gran Muftí de Jerusalén y por haber calificado en 1935 de “irracional” el miedo de los judíos a los pogromos sería desechado por mi parte como testigo presencial objetivo (Explicado en el libro de Werner Cohn “Compañeros en el Odio: Noam Chomsky y los Negadores del Holocausto“). A la luz de lo expuesto hasta el momento, todo apunta a indicar que Chomsky lo escogió por las mismas razones por las que yo lo habría desechado.

Otro caso de ultraselectividad en las fuentes lo podemos encontrar en el ya citado caso de la Farmacia Al-Shifa, en el que según Chomsky sólo el embajador de Alemania se dio cuenta de una catástrofe cuyo costo humano alcanzó proporciones desorbitantes.

¿Y qué tal esto? Chomsky asegura que las razones de seguridad para las tres principales ampliaciones del presupuesto del Ejército tras la Segunda Guerra Mundial (llevadas a cabo por Truman, Kennedy y Reagan) eran débiles o fabricadas, mientras que no se hizo nada para evitar en 1950 un riesgo verdadero: los misiles balísticos intercontinentales con cabezas nucleares. Esta tesis (expuesta en su libro “El Nuevo Orden Mundial (y el Viejo También)“) tiene por fuentes dos anteriores trabajos suyos, en los que repite la misma acusación. Como -autoproclamado- escéptico no estaría mal si diera pruebas de lo que dice, porque es un ‘tin’ difícil decir que EEUU “sabía en 1950 (siete años antes del Sputnik) la tecnología que se le venía encima, ni qué habría podido hacer al respecto de haber formado parte de las preocupaciones de los gobernantes, dado que Stalin no era precisamente alguien que hiciera caso a las sugerencias de los diplomáticos estadounidenses”.

Otra de las tácticas chomskystas es el Falseamiento de Fuentes.

En el caso de Bosnia y The Guardian vimos que Chomsky defendía a una negadora del genocidio bosnio (y defensora de Slobodan Milosevic). Pues, para defender las imposturas pro-genocidas de su amiga, Chomsky escribió:

También sé que ha sido criticada muy favorablemente, por ejemplo, por la revista especializada británica International Affairs, de la Royal Academy.

Por supuesto, no leo revistas suecas, pero sería interesante estudiar cómo explica la prensa sueca el hecho de que su interpretación del libro de Johnstone difiera tan radicalmente de la interpretación de la principal revista británica de asuntos exteriores, International Affairs. Mencioné la crítica muy respetuosa de Robert Caplan, de la Universidad de Reading y Oxford [sic]. Seguramente es obligación de quienes condenan el libro de Johnstone en los términos que critican, emitir condenas aún más severas contra International Affairs, así como contra las universidades de Reading y Oxford, por permitir que aparezcan este tipo de críticas y permitir que el autor no sea censurado

¿Cuál es la verdad?
1°) International Affairs es una revista del Royal Institute of Internal Affairs (NO de la Royal Academy).
2°) El Royal Institute of Internal Affairs es un think-tank, no una institución académica, por lo que International Affairs no se puede calificar de “principal revista británica de asuntos exteriores”.
3°) No hay tal Robert Capalan. Es Richard Caplan.
4°) Richard Caplan NO alaba el trabajo de Johnstone. Lo ataca tanto como Ordfont y lo vapulea como es debido con las mentiras revisionistas -por las que Chomsky siente tanto afecto-:

Diana Johnstone ha escrito una descripción revisionista y bastante discutible de la política occidental y la disolución de Yugoslavia.

Aun a pesar de todas las posibles correcciones constructivas del libro, a menudo es difícil reconocer el mundo que describe Johnstone.

El libro también contiene numerosos errores de hecho, en los que sin embargo Johnstone confía para reforzar su opinión.

La propia Johnstone es muy selectiva

Otro falseamiento de fuentes fue el ya mencionado caso sobre la justificación a los Jemeres Rojos en Camboya, cuando Chomsky le dio la calidad de especialistas a tres personas del corriente en tres publicaciones diferentes (Far Eastern Economic Review, Economist de Londres y el Melbourne Journal of Politics).

Volviendo al tema de las matanzas entre musulmanes y judíos en 1929, la seleccionadísima fuente de Chomsky, Flapan, hacía referencia al movimiento Betar del que mencionaba la

nada velada simpatía de algunos de sus miembros hacia ciertos regímenes autoritarios (describían a Hitler, por ejemplo, como el salvador de Alemania, y a Mussolini como el genio político del siglo).

El mismo Betar descrito en ‘Chomskyano’ es

ese movimiento de estilo fascista que, en palabras de Flapan, describía a Hitler como el salvador de Alemania y a Mussolini como el genio político del siglo.

Así Chomsky convierte “algunos de sus miembros” en la totalidad de la organización.

Y ni qué decir sobre su comentario acerca de las elecciones presidenciales de EEUU en el 2004:

Las más prestigiosas instituciones que controlan la opinión pública llevaron a cabo estudios extensos relacionados con las elecciones. Justo antes de las mismas, este octubre. Se informó poco sobre ellos, prácticamente nada. Y son muy interesantes: dicen mucho sobre las elecciones. En realidad, lo que dicen es que, en efecto, no tuvieron lugar

¿Cuál es la verdad?
1°) “Las más prestigiosas instituciones” hacía referencia sólo a DOS instituciones: Por un lado, The Chicago Council of Global Affairs y por el otro, Program on International Policy Attitudes (PIPA).
2°) Lo que dichas instituciones hicieron fueron sendas encuestas sobre el conocimiento general de la política exterior estadounidense.

En chomskyano, eso significa que 120 millones de sufragios no tuvieron lugar.

Otra de sus artimañas es el Ocultamiento de Hechos Incómodos.

De nuevo volvemos a la bibliografía chomskysta para acreditar esto:

En el -ya mencionado- Triángulo Fatídico, se menciona en 12 oportunidades a Hitler. En todas y cada una de ellas, se menciona para compararlo con Israel, los sionistas y/o los judíos. En el libro, que se supone está dedicado a estudiar la historia del conflicto árabe-israelí, no se hace mención, ni mú, de la mutua simpatía que había entre el Gran Muftí de Jerusalén y Hitler (resulta curioso cómo el odio puede hacer más fácilmente aliados).

Otro ejemplo, es el que ya se mencionó sobre cómo en su obra Las Intenciones del Tío Sam, Chomsky se da las mañas para hacer desaparecer las ‘delicias’ que hicieran Stalin y sus esbirros.

También está dentro del arsenal chomskysta la táctica de la Irresponsabilidad.

Él nunca dijo lo que dijo. No toma responsabilidad por sus palabras. Por lo general lo suele ocultar con frases ardilla del tipo “Dicen”, “Parece ser”, “Los que saben”. Y así cuando uno lo va a contrastar (humilde tarea que espero cumpla medianamente este artículo, ya que los intelectuales de habla hispana se están tomando su tiempo para traducir las denuncias de las imposturas chomskystas) resulta que él no dijo eso. Lo dijo alguien más. ¿Ejemplos?:

quienes conocen bien las condiciones, tienen también sus reservas en cuanto a la capacidad de Ben Laden para planear una operación tan sofisticada desde una cueva

“Quienes conocen bien las condiciones”

(Tomado de su libro 9/11/2001)

Parece que lo que está sucediendo es algún tipo de genocidio silencioso

“Parece”

(Fuente)

Bruce Sharp, fundador de la red Mekong (que se dedica a recuperar la memoria histórica de Camboya), resume muy bien esta estrategia:

un propagandista avezado nunca diría: “El libro de Hildebrand y Porter muestra que las condiciones bajo los jemeres rojos eran bastante buenas”. Es mejor decir que el libro presenta una “imagen muy favorable” y alabarlo como “cuidadosamente documentado”; el lector sacará la conclusión que quieres que saque. Que el libro sea un panfleto comunista que no cita más que a las autoridades del régimen de los jemeres rojos se oculta sin más. Por otro lado, si se desea decir que “el libro de Ponchaud presenta una imagen falsa de las atrocidades bajo los jemeres rojos”, es mejor limitarse a comentar que es un “macabro relato” elaborado “sin cuidado” y “cuya veracidad es difícil de evaluar”. Por supuesto, Ponchaud decía la verdad sobre el genocidio camboyano, o al menos lo que podía saberse cuando se escribió.

Aunque no es el recurso favorito de Noam Chomsky, no significa que la Mentira no haga parte de sus técnicas.

Para la muestra, en una entrevista Chomsky asegura que el comienzo de la Segunda Intifada se llevó a cabo con fuego unilateral por parte de Israel el 30 de Septiembre del 2000. Lo cierto es que hay un incidente que desdice al ‘intelectual’ de MIT. Es conocido como el incidente Muhammad al-Durrah, que en resumidas cuentas estudia la muerte del niño Muhammad al-Durrah. Aunque todavía está por esclarecerse si murió abalaeado o no, lo que el incidente ha puesto de manifiesto es el uso de armas de fuego también por parte de Palestina. Sin embargo Chomsky asegura que:

[Israel mató civiles sin que] hubiera fuego por parte palestina

[Palestina se limitaba a] tirar piedras

Otra de sus memorables mentiras fue el hecho de que plasmara en una carta su pensamiento acerca de que durante la Guerra Fría, vivir en Europa del Este debía de ser un paraíso. O cuando también le pareció que la China de Mao Tse-Tung ‘persuadía’ a sus ciudadanos (ambos temas tratados con el debido detalle en el aparte de la Guerra Fría).

Sus rectificaciones son un saludo a la bandera. De hecho esto bien podría tomarse como más mentiras, pero es tan común que se ganó un referente aparte. Las rectificaciones de Chomsky no lo son tanto. Más bien se escuda tras un “Yo Nunca Dije Eso”.

En entrevista del 2003, publicada por The Independent, Chomsky aseguró que nunca había predicho un ‘genocidio silencioso’ en Afganistán (lo cual es acertado. Nunca lo predijo. Para él, ya estaba pasando). Su versión de la historia es que informó sobre las advertencias de las agencias de ayuda humanitaria. El punto es que éstas habían alertado sobre el riesgo que corrían 7 millones de afganos si se detenían los envíos de ayuda. En ‘chomskyano’ eso es que morirían 3,5 millones de afganos y al gobierno gringo le importó un bledo.

El caso más evidente se enmarca en la discusión referente a los ataques del 11 de Septiembre en la que Chomsky se vio envuelto con el genial Christopher Hitchens, al comparar los ataques a las torres gemelas con el bombardeo de EEUU a Sudán en 1998:

“Chomsky dijo: ‘Que Hitchens no quiere decir lo que escribe está claro, en primer lugar, por su referencia a los bombardeos de Sudán. No debe darse cuenta de que está expresando ese desdén racista por la víctimas africanas de un crimen terrorista y no puede pretender lo que implican sus palabras’.

Hitchens replicó: ‘Puesto que sus comentarios [de Chomsky] se dirigen contra mí, pondré un ejemplo de menos que media verdad como el que me aplica. Yo ‘debo darme cuenta’, escribe, de que ‘expreso ese desdén racista por la víctimas africanas de un crimen terrorista’. Con su quejumbroso tono condescendiente y su inserción de una negable y particularmente objetable insinuación, lamento decir que Chomsky muestra lo que últimamente ha sido su sello’.

Chomsky a continuación se saca esto de la manga: ‘Hitchens afirma que le he acusado de una ‘propensión al desdén racista’. He dicho explícitamente y sin ambages lo contrario’”

(Fuente).

CONCLUSIÓN Y VEREDICTO

En Colombia, el 09 de Febrero se celebra el día del Periodista. En el 2010, en esa fecha mi alma máter, la Universidad Externado de Colombia, organizó un ciclo de conferencias entre las que sobresalía la visita del periodista y analista de medios estadounidense Stephen D. Reese.

En el momento de las preguntas, un estudiante preguntó qué sería ideal para un que un periodista no se dejara imponer un “encuadre” (la teoría de Reese es sobre el ‘framing‘ [traducido como ‘encuadre’ al español]) pero que no se quedara en la pasividad. Reese respondió que la actividad que Chomsky llevaba a cabo, de sentar su posición disidente siempre que lo considera, era digna de ser tomada como ejemplo. Luego agregó que ojalá hubiera más periodistas como Chomsky.

Pues en lo que a mí respecta, nunca, jamás de los jamases seré un periodista como Chomsky. Las causas que defienda lo haré con hechos, sin tergiversar ni maquillar ni manipular mis fuentes, sin mentir ni deliberadamente cambiar las palabras de un autor para que tras mi interpretación su texto tenga un sentido contrario al original. De legitimar esto, mucho me temo que estaremos dando vía libre para que se justifiquen con mentiras, posiciones defendibles. Esta vía libre nos llevará a la autopista de justificar por medio de mentiras, cualquier sandez que tenga la capacidad de convencer a unos cuantos (como ha pasado con el criptofascista pseudodocumental Zeitgeist y la teoría conspiranóica de que el hombre no llegó a la Luna). Y, tras 2010 años de cristianismo, ya hemos visto lo bien que eso funciona.

Veredicto: Mercenario de la tergiversación, proxeneta del lenguaje, manipulador de fuentes, mitómano compulsivo, hipócrita, antisemita, apologista del xenofobismo antiestadounidense, falso escéptico y pseudointelectual

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